No es silencio, es desinterés: una reflexión sobre la ruptura Intergeneracional en las sociedades occidentalizadas
Enrique Fernández de Frutos
Julio 22, 2025
En el debate contemporáneo sobre la desconexión entre generaciones, es común encontrar explicaciones que atribuyen dicha fractura a factores como la aceleración del cambio tecnológico, la pérdida de referentes comunes o la falta de espacios compartidos. Estas interpretaciones, bienintencionadas y empáticas, sostienen que el silencio entre jóvenes y mayores es más bien un malentendido colectivo, una consecuencia de ritmos distintos más que de voluntades opuestas. No obstante, esta visión puede resultar incompleta e incluso ingenua si no se considera un factor crucial y muchas veces omitido: la creciente pérdida de valores fundamentales en una parte significativa de la juventud de las sociedades occidentalizadas.
Lejos de ser un mero desfase cultural, la actual desconexión generacional parece estar marcada por una actitud de indiferencia, cuando no de desprecio, hacia las figuras de autoridad, la experiencia acumulada y el esfuerzo como valor. Se percibe una cultura emergente, y cada vez más dominante, basada en el individualismo, la gratificación inmediata y la constante validación externa a través de redes sociales. En este contexto, el diálogo entre generaciones no solo se ha debilitado, sino que en muchos casos ha sido sustituido por una actitud de autosuficiencia juvenil que invalida, de entrada, todo aquello que no se ajuste a su lógica emocional o estética. La figura del mayor no desaparece por falta de voz, sino porque se ha vuelto irrelevante en el imaginario colectivo de una juventud que ya no se siente obligada a escuchar.
“Durante siglos, las sociedades se sostuvieron sobre una transmisión orgánica del saber y la ética: los mayores no solo enseñaban con palabras, sino también con el ejemplo.”
Este cambio no es menor. Durante siglos, las sociedades se sostuvieron sobre una transmisión orgánica del saber y la ética: los mayores no solo enseñaban con palabras, sino también con el ejemplo. Hoy en dia, la autoridad basada en la trayectoria vital ha perdido peso frente a la autoridad basada en la popularidad o la presencia digital. Esta transformación ha generado una falsa horizontalidad que iguala todas las opiniones, sin distinguir entre experiencia y ocurrencia, entre formación y mera exposición. El resultado es una juventud que muchas veces interpreta cualquier señal de corrección o guía como una amenaza a su autonomía, cuando no como un gesto de opresión simbólica.
La superación de esta brecha generacional no pasa simplemente por habilitar espacios de encuentro, sino por restaurar una ética compartida que dignifique el diálogo. Y esto implica, en primer lugar, recuperar el respeto por la experiencia y la palabra de los mayores. No se trata de idealizar el pasado ni de imponer jerarquías obsoletas, sino de recordar que la convivencia entre generaciones solo es posible cuando hay voluntad de aprender, escuchar y reconocer el valor de quien ha recorrido más camino. La juventud necesita referentes, no solo acompañantes. Y esos referentes no pueden ser sustituidos por algoritmos, influencers o eslóganes de autosuperación.
Resulta imprescindible, por tanto, reivindicar la formación moral como base del entendimiento entre generaciones. En un mundo donde lo nuevo se celebra por el mero hecho de ser nuevo, urge recordar que el progreso auténtico no consiste en negar el pasado, sino en integrarlo con juicio y gratitud. La escucha intergeneracional no es solo un gesto de cortesía, sino una necesidad estructural para la continuidad cultural, ética y social de nuestras comunidades. No hay verdadera innovación sin memoria, ni verdadera autonomía sin humildad.
El problema de fondo no es la falta de palabras, sino la ausencia de interés real por comprender al otro. En muchas ocasiones, lo que separa hoy a jóvenes y mayores no es el silencio, sino una desconexión moral que ha erosionado las condiciones mínimas para el diálogo. Recuperar ese vínculo exige tiempo, presencia y una revalorización de los principios que permiten que las diferencias no se conviertan en barreras. Porque ninguna sociedad puede construirse sobre la negación de su herencia. Y ningún futuro puede sostenerse si se margina a quienes lo hicieron posible.
Enrique Fernández de Frutos
Financial Crime Compliance Office – BARCLAYS
Amigo Joven – FORO DE FOROS
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2 comentarios
Muy interesantes reflexiones. En ellas pones la responsabilidad de la falta de diálogo en el desinterés de las generaciones más jóvenes. Quizás haya maneras de que esto cambie, pero no se me ocurren. Y en cuanto a las generaciones de mayores, en las que me incluyo, detecto cierta pasividad, un interés tibio y lejano que simplemente trata de entender a los jóvenes sin más pretensiones. Esta actitud poco comprometida en muchos casos viene derivada de la propia experiencia de haber tenido que soportar el tan odioso «yo en mis tiempos». El tema que suscitas es de gran importancia. Gracias por traerlo al Foro.
Muchas gracias por seguirnos Jose Manuel y por tu contribucion.