El daño que Trump está causando a Europa y al mundo es difícil de digerir
Septiembre 16, 2025
Desde el pasado sábado conocemos el tarifazo arancelario que Donald Trump quiere aplicar a la Unión Europea. Será del 30% a partir del 1 de agosto próximo. Siguen vigentes además las tasas impuestas anteriormente: 25% para los automóviles y sus componentes, 50% para el acero, aluminio y ahora también para el cobre. Además de la amenaza del 200% para productos farmacéuticos.
Queda un estrecho margen de negociación que Bruselas anuncia que va a aprovechar. Mientras tanto, la economía mundial sigue su curso con signos de ralentización, mucha inseguridad en las bolsas e inquietantes tensiones geopolíticas que añaden leña al fuego.
La relación comercial entre los Estados Unidos de América y la Unión Europea es, como hemos aprendido, muy importante. En 2024, cruzaron el Atlántico productos por 870.000 millones de euros, con un superávit cercano a 200.000 millones a favor de los europeos. Sin embargo, en el comercio de servicios son los norteamericanos los que tienen casi 150.000 millones de euros de superávit. La UE tenía pues en ese año solo un excedente comercial con los EEUU de unos 50.000 millones de euros.
Visto desde esta perspectiva, que el presidente norteamericano quiera imponer unilateralmente unos aranceles desproporcionados para los productos que importa su país de la UE, no parece ser lógico. El panorama se oscurecería aún más si la UE responde con medidas arancelarias a productos americanos por un valor que podría alcanzar más de 20.000 millones de euros. Una guerra comercial inoportuna, inconveniente e inútil sería la consecuencia.
Hay que recordarlo una vez más: el daño que está causando Donald Trump al mundo es difícil de digerir. No solo fracasa en su intento de convencer al presidente ruso Vladimir Putin para que llegue a un alto el fuego con Ucrania. También se mete de lleno en el conflicto entre Israel y el Irán, bombardeando instalaciones de la infraestructura nuclear de este último país. Según el presidente, destruyéndolas totalmente, según sus servicios secretos, dañándolas solo parcialmente. Elimina la ayuda a la cooperación internacional a través de USAID, con consecuencias muy graves para los países más pobres de África, Asia y América Latina y dando alas a China para que entre con más fuerza en estas regiones del mundo. Y apoya incondicionalmente a Benjamín Netanyahu en todas las tropelías que está cometiendo el primer ministro israelí en Gaza.
“Que tal vez Trump no sea un accidente histórico y que su obra demolicionista sea seguida por sus sucesores republicanos…”
El balance de su política doméstica es también más bien pobre. La inflación sube, la economía muestra señales de debilitamiento, el sistema de bienestar se desmorona, la lucha contra la inmigración ilegal lleva a disturbios callejeros muy espectaculares en grandes ciudades como Los Ángeles. Los ricos disfrutan de más bajadas de impuestos, a los opositores políticos, universitarios y mediáticos se les persigue y castiga, el sistema democrático de controles y equilibrios se va desmontando paulatinamente desde el poder central. Y el Partido Democrático, que debería dejarse oír con críticas y propuestas alternativas, parece haber desaparecido del mapa como oposición y alternativa de gobierno.
¿Qué significa todo eso para la Unión Europea? ¿Cómo nos puede afectar? Me parecieron interesantes las advertencias del periodista Joaquín Estefanía en una columna titulada “Otra era de incertidumbres”:
“Que tal vez Trump no sea un accidente histórico y que su obra demolicionista sea seguida por sus sucesores republicanos… Que tal vez a Trump no le gusta la idea europea de libertad política, eficacia económica y cohesión social, y por lo tanto tal vez sea irreversible el divorcio transatlántico. Que tal vez para jugar en el ´patio de los mayores´ …, Europa necesitará mayores capacidades y dosis mayores de integración política, frente a su actual fragmentación. De lo contrario aumentarán las expectativas sobre el poder europeo y acuñar la narrativa de la Europa geopolítica sin colmar las expectativas generadas puede resultar un fracaso. Que tal vez Trump ya no quiera competir con los grandes rivales de EEUU, China y Rusia (no cuenta a Europa), sino forzarlos a la colusión para imponer un orden internacional en el que cada uno domine su zona sin pisarse”.
Y me parecieron igualmente interesantes las predicciones de Petra Mateos, catedrática de Economía Financiera: “La hegemonía económica de la EEUU está perdiendo fuerza, los mercados lo están reflejando, los inversores están comenzando a buscar oportunidades fuera de EEUU, especialmente en Europa y Asia”. Si la Unión Europea hace sus deberes para potenciar su integración política y económica, como receta Estefanía, hasta podría ser a la larga una de las ganadoras de la partida de póker disruptivo iniciada por Trump.
Carsten Moser
Períodista y Economista
Amigo – Foro de Foros
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Un comentario
Muy fácil, si Trump quiere Groenlandia por seguridad nacional que hable con Dinamarca para que le deje poner líneas de bases militares, material militar, soldados, etc.
Si EEUU dice que no es por otras cosas.