Un catálogo de reformas para que Alemania se vuelva a poner en marcha
Carsten Moser
Julio 14, 2026
No cabe duda que uno de los equipos de fútbol que más ha decepcionado en este Mundial de Fútbol ha sido la “Mannschaft” de Alemania. Con el portero Neuer que a sus 40 años ha perdido reflejos, con una defensa lenta y sin cintura, con el capitán Kimmich jugando de lateral en vez de dirigir el juego germano, como lo hace en el Bayern, con sus dos estrellas Wirtz y Musala en baja forma por complicadas lesiones de las que no se recuperaron a tiempo y con el entrenador Nagelsmann sin la capacidad necesaria de liderazgo, comunicación y gestión emocional.
Como me comentaba un amigo alemán después de partido perdido contra Paraguay: “Había ilusión de que por lo menos nuestra selección nos diera alegrías, después de siete años de estancamiento económico y de un gobierno de coalición sin iniciativas. Es como si todo lo que éramos – como país industrial, como potencia futbolística – pertenece a la historia. No pintamos nada”. Un par de días después, cuando el canciller Friedrich Mez anunció su amplio plan de reformas para “volver a poner el país en marcha”, hablé nuevamente con mi amigo: “No me lo puedo creer. Después de meses de disputas entre cristianodemócratas y socialdemócratas, de repente un rayo de luz al final del túnel. Parece que el Gobierno se ha tomado en serio su deber de hacer frente a los retos existentes”.
Las 34 medidas para reactivar la economía incluyen una rebaja fiscal para las rentas bajas y medias y un aumento de los impuestos para las rentas más altas; cambios en el sistema de pensiones con la implementación de un fondo de capitalización privado y la elevación a largo plazo de la edad de jubilación hasta los 70 años; una flexibilización del mercado laboral, con contratos temporales de seis meses prorrogables hasta un máximo de 48 meses; un endurecimiento de las bajas por enfermedad, que se han disparado después de la pandemia, con la exigencia de un certificado de incapacidad laboral desde el primer día de baja, que ya no se puede pedir por teléfono; la creación de una sociedad de construcción de viviendas accesibles, para hacer frente a su escasez; y la reducción de barreras burocráticas, con la supresión masiva de obligaciones legales o reglamentarias que pesan sobre las empresas.
“Lo más interesante me ha parecido el proceso para llegar a compromisos en uno de los temas más espinosos: la reforma de las pensiones. ”
Al plan le queda ahora pasar por el largo proceso legislativo alemán. Las primeras reacciones de voces socialdemócratas son más bien de desilusión por haber aceptado sus líderes la pérdida de derechos sociales; mientras que muchos cristianodemócratas critican que el gobierno no haya optado por fórmulas más liberales. El veredicto final dependerá del éxito de las medidas. El canciller Friedrich Merz es optimista: “Fomentamos una mayor competencia, garantizamos una mayor flexibilización de nuestras empresas, reducimos la burocracia, velamos por la preservación de nuestro Estado de bienestar y aliviamos la carga de los trabajadores y las empresas mediante la reducción de impuestos y la simplificación de los trámites administrativos”.
Lo más interesante me ha parecido el proceso para llegar a compromisos en uno de los temas más espinosos: la reforma de las pensiones. Se creó una comisión compuesta por 10 expertos y 3 miembros del Parlamento alemán. Los dos copresidentes, la catedrática de Derecho Social Constanze Janda y el antiguo jefe de la Agencia Estatal de Empleo Frank-Jürgen Weise, asumieron papeles complementarios, marcando la primera la agenda como excelente conocedora del tema y moderando el segundo los encuentros para llegar a consensos paso a paso. La gran incógnita era ver cómo podían convencer las propuestas de los expertos a los tres políticos, por parte de los cristianodemócratas el joven de perfil muy conservador Pascal Reddig de la CDU y su colega de la CSU Florian Dorn, y por parte de los socialdemócratas Annike Klose, perteneciente al ala más izquierdista del partido. En seis meses, la comisión mantuvo más de 20 encuentros que duraron más de 170 horas.
El método de trabajo: Primero se reunían los expertos para buscar consensos por temas. El siguiente paso era una reunión de los dos copresidentes con los tres políticos, para lograr el visto bueno a las propuestas. Pasó lo imprevisto: los políticos se mostraron abiertos a compromisos, a pesar de partir de posiciones opuestas. Como comentaba Pascal Reddig: “Aceptamos que cada uno de nosotros quería sacar la reforma adelante. Y a partir de esta base negociamos de buena fe”. El paso final fue acordar por unanimidad el paquete de 33 medidas que la ministra de Trabajo y Asuntos Sociales Bärbel Bas ha calificado como “obra de arte total”. Ahora, le toca a la copresidenta del partido socialdemócrata preparar el correspondiente proyecto de ley. Merz hace presión para que la reforma sea aprobada por el Parlamento antes de Navidades.
Algo se mueve en Alemania. Con métodos de trabajo para consensuar reformas que son novedosos y dignos de copiar.
Carsten Moser
Períodista y Economista
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