Medio siglo de crecimiento mundial en un minuto

Hace unos días, un gráfico dinámico se hizo viral en Internet. Mostraba cómo habían evolucionado las diez mayores economías del mundo según su producto interior bruto desde 1960 hasta 2017. Cada país, con una barra de color dinámica que competía con el resto, como en una carrera de caballos.

La Guerra Fría, la caída del muro de Berlín, el milagro japonés… acontecimientos que fascinan todavía más si los comparamos con lo que estaba ocurriendo al mismo tiempo al otro lado del globo. Pero destaca sobre todo el ascenso apabullante de China: mientras en los últimos 20 años Estados Unidos ha multiplicado su PIB por 2,3, China lo hizo casi por 14. Para entender la velocidad del cambio en el país asiático suele ponerse como ejemplo la transformación de la ciudad de Shenzhen. Hoy, una metrópolis de rascacielos a pocos kilómetros de Hong Kong; hace apenas 30 años era un pueblo de pescadores.

En el punto de partida del gráfico, 1960, en China todavía vivía el dictador Mao Tsedong. Pronto comenzaría (1966) uno de los períodos más sombríos de la historia del país, la Revolución Cultural, una campaña contra altos cargos del Partido Comunista e intelectuales a los que se quiso purgar por simpatizar con ideales “capitalistas”, para restaurar la ortodoxia maoísta. Pero todo empezaría a cambiar a medida que el país abrazaba poco a poco el capitalismo de Estado. Desde los ochenta, es el país de más rápido crecimiento, con un promedio de crecimiento anual del 10% durante las últimas tres décadas. Ya en 2010 había pasado al segundo lugar de la lista, algo que mantiene en la actualidad en PIB nominal.

En los sesenta, mientras, en Japón ocurría exactamente lo contrario que en la malhadada China de Mao. El archipiélago se sobrepuso a la destrucción de la guerra a base de esfuerzo y salarios muy bajos para asegurar la competitividad. En 1960 comenzó a crecer a una media del 5% anual y superó a toda Europa occidental. Solamente estaba por detrás de Estados Unidos como potencia industrial. En 1964 ocupó el primer puesto de crecimiento del mundo. Comenzaba el milagro japonés, un crecimiento récord que duró hasta el fin de la Guerra Fría. Pasó de ser solo equivalente al 10% de la economía estadounidense hasta convertirse en la segunda economía del mundo, dejando atrás a Francia, Reino Unido y Alemania.

En 1960, Estados Unidos elegía a su presidente más joven, el demócrata John F. Kennedy, de 43 años. La primera economía del mundo estaba viviendo unos años dulces antes de meterse en dos pesadillas: la guerra de Vietnam y los disturbios raciales. A pesar de ello, ha conseguido mantener un crecimiento sostenido y un liderazgo del PIB incontestable.

Alemania comienza la “carrera” dividida por un muro. No fue hasta nueve años más tarde, con la elección del primer canciller socialdemócrata, Willy Brandt, que empezó el deshielo diplomático entre la parte oriental y la occidental. Desde entonces ha permanecido impasible en tercera posición hasta ser desbancada a la cuarta por China. Y de ahí no se ha movido el país teutón.

Francia y Reino Unido y, en menor medida, Italia, se han disputado los siguientes puestos. Aunque Italia ha sido muy volátil y ha tocado la parte baja de la tabla.

Otros casos llaman la atención. ¿Cómo ha podido Argentina, que en los sesenta entró en varias ocasiones en la lista de los diez primeros, volver a sufrir ahora otra de sus tremendas crisis y depender de las ayudas del Fondo Monetario Internacional? Rusia, por su parte, entró fugazmente unos años mientras Occidente estaba en crisis, pero ya ha desaparecido tras la crisis del rublo.

¿Y España? Nuestro país entró en 1967 en la posición número nueve de esa carrera reflejada en el gráfico. Pero duró poco. En 1969 ya estaba fuera otra vez. Fue en los noventa cuando empezó a consolidarse en la lista de primeros países. Su puesto más alto: el séptimo, en 1992. Desde el comienzo de la crisis, en 2010, ya no volvemos a aparecer.

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