Los olvidados del medio

El ciudadano corriente aparece como el más pesimista ante el futuro. Y marcado por ese estado de ánimo acudirá a las urnas. Está en manos de los políticos reconectar con él.

A priori poco tienen que ver los habitantes de las montañas de Kentucky con los de los pueblos de Basilicata, en Italia. Nacen, crecen y mueren en entornos naturales, culturales y hasta jurídicos muy distintos. Y sin embargo entre ellos existe un hilo conductor cada vez más grueso: se sienten olvidados por los políticos de siempre y plasman su frustración en las urnas. Unos contribuyeron así al triunfo de Donald Trump; otros, al de la Liga norte. Como apunta el politólogo José Fernández Albertos en Antisistema (Catarata, 2018), la ciudadanía que se siente al margen es peligrosa porque adopta los discursos más reaccionarios y contribuye al descrédito a las instituciones.

A poco más de un mes de las elecciones europeas, los sondeos no se ponen de acuerdo sobre el peso que adquirirá el populismo en el nuevo Parlamento. Nadie duda de que su presencia aumentará, aunque proceden de familias muy distintas, algunas irreconciliables, y no todos están a favor de colaborar. Probablemente no erosionen de forma dramática la Unión, pero sí pueden condicionar algunas políticas.

A izquierda y derecha los partidos europeos necesitan reflexionar sobre esos votantes que se sienten obviados. En su mayoría pertenecen a una clase media empobrecida sin esperanzas de mejorar. El sociólogo y ex diputado del PSOE Ignacio Urquizu reflexiona sobre ese ciudadano común en ¿Cómo somos? Un retrato robot de la gente corriente (Planeta, 2019). Sería un hombre de mediana edad que ha cursado hasta Secundaria y que trabaja en sectores más ligados a salarios bajos que a la innovación, como por ejemplo, la hostelería. “Esto le posiciona claramente como un perdedor de la globalización y el cambio tecnológico”, argumenta Urquizu. No tiene las mismas facilidades para desenvolverse en un entorno digital que los jóvenes, nativos digitales, por lo que le resulta mucho más complicado reciclarse.

Durante décadas ese ciudadano medio ha sido evitado, cuando no ridiculizado en los libros y la televisión. Urquizu pone como ejemplo dos series que batieron en su día récords de audiencia, Aída y Manos a la obra, en las que se trataba con condescendencia a la gente corriente -camareros, albañiles…- y se exageraba hasta el esperpento su limitada formación. Los dramas, por el contrario, están llenos de una clase media-alta con estudios y preocupaciones más elaboradas.

¿Ha pecado la izquierda de soberbia o de elitista? Es uno de los reproches de Urquizu y de otros expertos en sociología del voto. Los políticos progresistas, centrados en la población con mayor nivel de estudios, residente en las grandes ciudades, no han sabido conectar con el elector medio ni responder a sus preguntas. La más urgente es qué pasará con el empleo ante a la automatización.  “La mayoría de la población considera que [esta] será perjudicial, puesto que habrá menos trabajos disponibles, opinión que está especialmente extendida en las clases bajas. El hombre medio es el menos optimista, es decir, la clase media baja es la que menos considera que será beneficioso: menos del 10 por ciento lo ve así, el porcentaje más bajo de todas las clases sociales”.

Ese ciudadano corriente aparece como el más pesimista ante el futuro. Y marcado por ese estado de ánimo acudirá a las urnas. Está en manos de los políticos reconectar con él.

 

***

Accede a la sinopsis y el vídeo de la Conversación Intergeneracional “Puertas giratorias”, con Ignacio Urquizu y Ana Fuentes, en Foro de Foros, el 18 de febrero de 2019.

Sinopsis: https://www.forodeforos.org/puertas-giratorias/

Video: https://youtu.be/CoQQBfidF_s

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*

Back To Top