Puertas giratorias

Las puertas giratorias es un tema del que cualquier capa de la sociedad habla, está muy presente en amplios debates sociales, pero ¿hablamos de todo el proceso que esta práctica implica? Ignacio Urquizu, sociólogo y diputado del PSOE en el Congreso por Teruel nos acompañó en una Conversación Intergeneracional, junto con la periodista y colaboradora de Foro de Foros, Ana Fuentes, en la que nos explicó el proceso de las puertas giratorias y su problemática.

Para nuestro conversador, las puertas giratorias suponen un espacio en el que uno se encuentra durante un tiempo y del que, finalmente, toma la salida. Es en esta salida donde se encuentran las polémicas, mientras que la entrada y la estancia en la actividad política son menos comentadas. Ignacio Urquizu publicó este artículo junto a otras compañeras donde analizaban por qué había gente ocupando listas electorales que no debían.

¿Qué ocurre en España con las puertas giratorias?

En el Congreso de los Diputados existe gente muy formada y ha ido mejorando con el tiempo. La única variación se puede encontrar en los parlamentos autonómicos y aun así es un porcentaje muy escaso. Aunque haber pasado por la universidad no garantiza que alguien sea bueno en el desempeño de la política. Para el sociólogo existen dos elementos que le preocupan especialmente. Normalmente, los políticos no tienen formación en materia de gestión y de liderazgo. Además, el perfil desde el punto de vista profesional, también ha cambiado radicalmente.

Comparando los datos del año 1977 con la situación actual, encontramos que el ejercicio de la política ha pasado de tener profesiones liberales o docentes a políticos sin profesión. Se ha ido produciendo una profesionalización de la política. Con esto observamos que los estudios nos dan una foto real de lo que ocurre en el Congreso, porque encontramos muchos licenciados pero no profesionales.

Ante la pregunta de Ana Fuentes sobre si en España funcionaría algo similar a la ÉNA (Escuela Nacional de Administración) en Francia, Ignacio Urquizu se muestra dudoso: depende de lo que se enseñe. Tras su paso por la política está viendo que, efectivamente, es bueno una formación en liderazgo y en gestión. Pero también es consciente de que se necesitan cualidades que no se enseñan y que solo las aprendes estando en política. Lo que más le fascina al diputado, y que solo ha sido consciente una vez que ha estado ahí, es el poder. Ser capaz de poner un tema en la agenda, lograr coaliciones con otras formaciones, incluso la relación con los medios, es algo que solo se aprende ejerciendo y no te lo pueden explicar en ningún sitio.

Otra de las capacidades que el sociólogo cree que tampoco puedan enseñarte es la empatía, tener la capacidad de ponerte en el lugar de la sociedad. Sobre todo tras un tiempo político envuelto por una tremenda crisis económica. En esa época, para Ignacio Urquizu, parecía que los políticos buenos eran aquellos que eran duros en decisiones difíciles y que hacían que la sociedad lo pasase mal por esas decisiones. Parecía que ponerte del lado de la sociedad te hacía parecer débil.

¿Por qué los profesionales no quieren entrar en política?

A pesar de que el salario pueda ser una condición para que muchos profesionales no quieran dedicarse al ejercicio político, el diputado considera que está más relacionado con el coste al que se somete uno al meterse en política. Es una actividad bastante mal vista, muy criticada,  donde no te puedes desarrollar profesionalmente porque el ejercicio de la política es incompatible con casi todas las actividades profesionales. Él mismo ha tenido que pedir una excedencia “forzosa” en la universidad porque tampoco pueden seguir su actividad como docentes. La imagen que se transmite es que si algún político realiza otras funciones que no estén estrictamente relacionadas con la política, socialmente, puede no estar muy bien visto.

Como hemos podido ver en los últimos años el ejercicio de la política se ha convertido en una tarea muy compleja a la que los profesionales, todavía, no tienen intención de acercarse. El coste reputaciónal podría ser altísimo. ¿La crisis de la representación y la desafección política tienen la culpa? ¿Son los propios políticos los que han hecho que así sea?

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