La Unión Europea tendrá un problema, si la derecha o izquierda extrema gana las próximas elecciones presidenciales en Francia

La Unión Europea tendrá un problema, si la derecha o izquierda extrema gana las próximas elecciones presidenciales en Francia

Carsten Moser

Junio 30, 2026

Los triunfos de su selección de fútbol están encandilando a los franceses. Las combinaciones de sus tres delanteros Mbappé, Olise y Dembélé, que parecen haber jugado juntos toda la vida, no solo se refleja en goles y asistencias, también en jugadas de bellísima ejecución. Pendiente de sus mágicos atacantes, Francia trata de olvidar por unas semanas sus problemas políticos, con el presidente Emanuelle Macron tan impopular, que hasta sus más cercanos colaboradores le están dando la espalda. Como también la mala marcha de su economía, con un crecimiento del PIB por debajo del 1% y una inflación al alza.

No obstante, la campaña para suceder a Macron como próximo inquilino del Palacio Élysée sigue acaparando igualmente titulares. Con las elecciones presidenciales a menos de un año, los actos electorales de la extrema izquierda, con Jean-Luc Mélenchon al frente de su partido “La Francia Insumisa”, y la extrema derecha de Marine Le Pen van en aumento. De momento, la líder de “Agrupación Nacional” no puede competir, al haber sido condenada por malversación de fondos europeos. Si su apelación no prospera el 7 de julio, le sustituirá como candidato presidencial su protegido Jordan Bardella.

Como su jefa, el discípulo promueve un programa económico liberal y una política de inmigración restrictiva, aunque sin llegar al extremo de una deportación masiva de inmigrantes, como propone “Alternativa para Alemania” (AfD) en Alemania. Añadiendo la promesa de anteponer el derecho francés al de la Unión Europea. Los franceses ven en Bardella, de 30 años, al “yerno perfecto”, así como a un político cuyos mensajes entienden. Por lo que su popularidad va en aumento, con un 34% de aprobación en las encuestas.

“En medio de los dos extremos, los candidatos del centro que han presentado su candidatura son más bien grises. ”

Jean-Luc Mélenchon, de 74 años, es el polo contrario: con traje azul, camisa blanca y corbata roja, parece un profesor jubilado al que le han pedido regresar por un tiempo a las aulas para sustituir a un colega enfermo. Pero cuando empieza a hablar, su voz potente y su discurso radical de izquierdas siguen entusiasmando a sus seguidores, descontentos con el presente y con miedo al futuro. Está en la misma línea que Le Pen y Bardella en temas de inmigración y Europa. En lo económico, promete luchar contra el capitalismo y las desigualdades que crea. Al final de sus mítines, sus partidarios lanzan el puño al cielo y cantan “La Internacional”.

En medio de los dos extremos, los candidatos del centro que han presentado su candidatura son más bien grises. El ex primer ministro de Macron, Édouard Philippe, ha formado su propio partido para distanciarse del presidente que le nombró. Al ex ministro de Asuntos Exteriores Dominique de Villepin le falta gancho popular, por sus aires aristócratas, lo mismo que a François Hollande, que al final de su presidencia era tan impopular como lo es ahora Macron. Y el europarlamentario de izquierdas Raphaël Glucksmann es poco conocido. La posibilidad que se presenten nuevos pretendientes existe, pero el tiempo apremia.

El analista político Jacques Attali pronostica en el semanario alemán “Der Spiegel” que dará lo mismo si gana el partido de Le Pen o el de Mélenchon, porque los dos “solo quieren que Francia piense en su identidad y soberanía”. ¿Significaría un triunfo de la extrema derecha o extrema izquierda el fin de la democracia en Francia? No, si aceptamos que sus líderes siempre han respetado los resultados electorales del pasado. Pero si hay razones para temer por el futuro de la OTAN y la Unión Europea. En el primer caso, porque los dos partidos radicales creen que la Alianza Atlántica se debería haber disuelto después del final de la Guerra Fría y siempre han sentido simpatía por Putin, aunque menos después de su invasión a Ucrania. Y en el segundo, porque Le Pen y Bardella quieren salirse del pacto de inmigración y energía europeos, mientras que Mélenchon ve en la Unión Europea un proyecto liberal al que le hay que cambiar el paso.

¿Se podría dar el caso de que dos partidos favoritos para pasar a la segunda ronda en las elecciones presidenciales moderen su rechazo al proyecto europeo, una vez lograda la victoria final? Está de moda citar a la italiana Giorgia Meloni, que después de convertirse en primera ministra cambió su discurso antieuropeísta para convertirse en uno de los socios más fiables de Bruselas. Pero no me convence. Porque el presidente francés tiene mucho más poder que un primer ministro italiano, sobre todo en política exterior. Ahí está el problema. Y en abril de 2027, su posible confirmación.

Carsten Moser

Períodista y Economista

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