Un vídeo… y de momento poco más

El horror de los niños inmigrantes separados de sus padres en la frontera de Estados Unidos ha soliviantado al mundo, incluidas las propias filas republicanas, forzando al Presidente Trump a rectificar su política de tolerancia cero. Pero al mismo tiempo la polémica le ha permitido alejarse de otro asunto candente que no ha podido explicar: ¿sirvió de algo su encuentro con Kim Jong Un?

Todas las demandas que la Casa Blanca llevó a la cumbre de Singapur a principios de junio se resumían en un vídeo cuando menos pintoresco titulado ‘Una historia de oportunidad’. En poco más de cuatro minutos se suceden imágenes de campos de trigo, investigadores con microscopio, el Sol naciente, caballos que corren por el agua, aviones militares, metraje histórico… “El pasado no tiene por qué ser el futuro. De la oscuridad puede nacer la luz (…) Una nueva historia, un nuevo comienzo de paz. Dos hombres, dos líderes, un destino”, narra una voz masculina.

Se proyectó en dos pantallas antes de la rueda de prensa. Los reporteros desplazados al encuentro se quedaron boquiabiertos. “Su grandiosidad, su lógica caótica, su idiotez indiscriminada” fueron la prueba de que Trump estaba detrás, escribía Troy Patterson en el Newyorker. En Washington los más benévolos lo calificaron de “hortera” y “amateur”. “Es exactamente el tipo de vídeo que un promotor inmobiliario le muestra a sus clientes potenciales. Está claro que el presidente está usando lo que sabe mientras sigue su agenda”, analiza Jon Wolfsthal, del Carnegie Endowment for International Peace.

A Kim Jong Un, fan del cine americano como su padre, parece que le gustó el cortometraje, o al menos eso dijo la agencia oficial norcoreana. Pero de ahí a concretar acuerdos habrá un trecho. Lo admitía hace unos días el propio secretario de Estado de EEUU Mike Pompeo, ex director de la CIA y uno de los que orquestaron el sonado encuentro durante meses.

Cierto es que ambos líderes pudieron llevarse la foto del apretón de manos a casa, algo que sus predecesores fueron incapaces de lograr. Pero el término “desarme nuclear completo, verificable e irreversible” o CVID, en sus siglas en inglés, no aparece en la declaración conjunta. Tan solo figura “desnuclearización de la península coreana”, algo a lo que Pyongyang lleva comprometiéndose desde 1992 y que podría abarcar no solo las armas atómicas de Corea del Norte, sino también las fuerzas estadounidenses con capacidad nuclear en toda la región, o incluso en el mundo.

“Trump hizo una gran concesión: la paralización de los ejercicios militares con Corea del Sur [la llamada Operation Ulchi Freedom Guardian, prevista para agosto], además de la mayor concesión de todas, que fue la cumbre en sí, sin precedentes en los últimos 75 años, con la legitimidad eso le otorga a Kim. Pero a cambio Trump parece haber ganado sorprendentemente poco”, opina el analista Nicholas Kristof, del New York Times.

Para Corea del Norte esas maniobras militares que el año pasado movilizaron a 17.500 soldados estadounidenses y a 50.000 surcoreanos durante 11 días son una humillación, con lo que el hecho de que Trump haya accedido a paralizarlas es relevante. Pero no es la primera vez: Bill Clinton realizó el mismo gesto hacia Pyongyang en el año 94. Ahora, más allá de disgustar al Pentágono, no se sabe qué consecuencias traerá ese movimiento porque estamos hablando de un presidente imprevisible, plantea Bill Cummings, profesor de la Universidad de Chicago y autor de varios libros sobre Corea del Norte y la guerra de Corea.

A Kim Jong Un le importa más la seguridad que la economía. Aunque pretende pasar a la Historia como el Deng Xiaoping norcoreano, abriendo el país al comercio internacional sin perder el control político. El vídeo propagandístico que le presentó Trump apela a esos millones de dólares en inversiones potenciales de EEUU. Aunque quienes siguen la trayectoria del presidente estadounidense temen que su tendencia a actuar en política como en los negocios pueda resultar contraproducente: los tiempos en Asia son distintos y China está moviendo sus fichas.

 


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