Razones para el tecno-optimismo: ¿se están rompiendo las cámaras de eco?

“Estamos en el momento más interesante para ser periodista desde la aparición de la TV. Internet nos permite recopilar información para contar historias de una forma nunca antes imaginada”, James Harding, ex director de BBC News

De unos años a esta parte, casi todo lo que se escucha en relación a la información Internet es negativo: fake news, cámara de eco, polarización, “troleo”, bots rusos… Se dibuja, quizá por el temor al cambio, un mundo distópico en el que nuestras decisiones políticas, sobre todo nuestro voto, está influido sin remisión por entes nacionales (partidos o Estados). Las redes sociales están hechas de algoritmos que fomentan el contenido que nos da placer, y ese es el que refuerza ideológicamente nuestros prejuicios; fábricas de robots digitales inundan nuestros teléfonos móviles de publicidad política encubierta, en muchas ocasiones, en forma de noticias falsas.

Hay muchas pruebas de todo ello, y el temor es fundado. Pero también hay destellos que apuntan a un futuro de las noticias en Internet mucho más saludable.

El último es un informe, reseñado por el diario El País recientemente, en el que se apunta a que, en España, los lectores consumen mucha más noticia del extremo opuesto ideológico de lo que pensamos. Así, el efecto “cámara de eco” estaría mucho más mitigado de lo que anteriormente se pensaba.

El efecto cámara de eco (o el “filtro burbuja”) es aquel que hace que en nuestros dispositivos móviles (en Facebook, en Twitter, en Google…) aparezca solo el contenido  el contenido que se alinea con nuestros intereses. Otorgamos un “me gusta” a los post con los que estamos de acuerdo, y eso provoca que la máquina interna de estas redes considere que nos tiene que dar más de eso. Nos ofrece cada vez más contenido de izquierdas si somos de izquierdas, antiabortistas si somos antiabortistas, o contra Pedro Sánchez si percibe que votamos a cualquier otra fuerza política…

Este funcionamiento sigue siendo parcialmente cierto (en realidad, la programación de los algoritmos es secreto corporativo), pero los usuarios parecen escapar de él muy a menudo. “Los lectores pasan más tiempo en los medios con los que sienten afinidad política pero, en general, hay bastante exposición mediática a ideas del otro bando político, especialmente para aquellos de izquierdas”, aseguran Ana S. Cardenal et al en una publicación en la Revista Europea de Comunicación, basándose en 400 entrevistas y análisis de datos de navegación. Su informe también concluye que, sin embargo, a pesar de esa exposición a los argumentos del contrario, “los usuarios se polarizan más en función de las líneas ideológicas de cada partido a medida que el nivel de consumo y el interés por las noticias crece”.

Lo que este informe relata para el caso español lleva tiempo siendo comentado en el mundo anglosajón. Hace más de dos años, el Pew Research Center publicó una extensa encuesta que mostraba que, contrariamente a lo esperado, más de la mitad de los usuarios de redes sociales se mostraban sorprendidos por los posicionamientos políticos de sus contactos, y solo el 23% decían que su grupo de amigos en la red social compartían su visión política del mundo. Es decir: la gente seguía expuesta a los argumentos del contrario.

Una de las razones a las que apuntan diversos estudios es la cantidad y ubicuidad de la información. Hace dos décadas, si uno tenía por costumbre ir al quiosco a comprar ABC o El País, probablemente su “dieta” informativa estuviera limitada a informaciones escritas desde el prisma de la derecha o de la izquierda. Si, además, pertenecía a una determinada clase social, o era universitario, o vivía en un determinado barrio obrero, es probable que su círculo de amigos estuviera escorado hacia uno u otro sentido. Entonces, como ahora, podría tener un importante desequilibrio en las referencias ideológicas. Hoy, con miles de noticias, análisis y opinión a golpe de un clic o arduos debates en redes sociales el menú puede ser mucho más variado y nutritivo. Eso sí, hay que molestarse en confeccionarlo.

 

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