¿Obsesionados con los datos?

Obsesionados con los datos

¿Obsesionados con los datos?

Quizás abusamos de las métricas y de recabar datos que no siempre necesitamos, cuando deberíamos usar más la intuición y la lógica

Gracias a la estadística, los humanos hemos aprendido a poner en perspectiva la realidad. Comprendemos que el coronavirus es 10.000 veces más peligroso para una persona de 90 años que para una de 9. Ahora más que nunca los números nos ilustran y nos permiten comprender cambios que, en otra época, nos habrían parecido una concatenación de calamidades divinas.

Desde hace una década, los datos se han multiplicado de manera exponencial. Cada minuto se publican 147.000 fotos en Facebook y se intercambian 41 millones de mensajes en WhatsApp, según la última edición de la infografía Data Never Sleeps (Los datos nunca duermen) de Domo. Todas las métricas son oro para las empresas: les permiten captar y fidelizar a sus clientes y optimizar sus estrategias. Gracias a los datos se identifican tendencias de consumo, se mejora la investigación científica y la policía atrapa nidos de delincuencia.

«El peor favor que le hemos podido hacer a los datos es politizarlos»

Las enormes posibilidades de las métricas nos han llevado, sin embargo, a su hiperexaltación: de un tiempo a esta parte parece que solo importa lo que lleva números. Han proliferado los cursos para aprender a analizar datos, los proyectos que “se basan en datos”, como el resto los hubiese ignorado deliberadamente. Algunos trabajos periodísticos mediocres se venden como exhaustivos porque se acompañan de cifras, aunque usen muestras escasas o mal enfocadas que no aportan valor. Como dice Nate Silver, editor de FiveThirtyEight y uno de los pioneros del auténtico reporterismo de datos estadounidense, está el buen dato (que él llama rich, rico en matices e información) y el malo (poor, escaso en lo anterior).

Obsesionados con los datos
Obsesionados con los datos

El peor favor que hemos podido hacer a los datos es politizarlos. A menos de un mes de las elecciones estadounidenses, los ciudadanos asisten atónitos al baile de cifras que apoyan un argumento y el contrario: ¿la economía florece o sigue cayendo? ¿El paro baja o está lastrando al país? Manipular es sencillo: en los casos anteriores, basta con no especificar si nos referimos a la economía financiera o la real y con omitir que mucha gente en EEUU simplemente no entran en el recuento de parados porque han dejado de buscar empleo.

En España también ocurre. La semana pasada, Rafael Rivera, ingeniero y patrono de Hay Derecho, y Pedro Garrido, notario, planteaban en El Confidencial los tres problemas que necesitamos resolver: primero, la falta de una cultura de gestión con base en el dato de nuestras administraciones; segundo, la patrimonialización o apropiación del dato por los gestores públicos y tercero, su politización y continua manipulación por los responsables políticos.

«Si computamos los datos sin matices, habrá trabajadores que nos se atrevan a innovar o a adoptar ciertos riesgos»

El historiador Jerry Muller, autor de The tyranny of metrics (La tiranía de las métricas), sostiene que tenemos fijación con ellas, aunque a veces nos llevan a establecer conclusiones falsas. Los directivos que confían demasiado en los números para medir el rendimiento de sus empleados pueden perder el foco de los objetivos de su compañía a largo plazo. Muller explica que habrá trabajadores que tengan miedo a innovar o a adoptar ciertos riesgos por miedo al fracaso, si este se computa en datos sin matices y los penaliza.

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