Megaciudades, migración interna y envejecimiento, retos demográficos del siglo XXI

Este no solo será el siglo del progreso tecnológico, la crisis climática y el envejecimiento de la población mundial, sino también el de la reconfiguración de los espacios habitados.

Megalópolis como Chongqing, en el este de China, que hoy alberga casi 31 millones de personas, no serán una excepción dentro de un par de décadas. Si el crecimiento democráfico y la migración interna sigue avanzando al ritmo actual, Lagos, antigua capital de Nigeria, va camino de convertirse en una olla a presión con 88 millones de habitantes en 2100 -hoy son 16 millones-, asegura un estudio de Global Cities Institute, de la Universidad de Toronto. Kinshasa, en El Congo, pasará de 9 a 83 millones. Imaginen los efectos sobre la vivienda, el aire, el transporte…

Puede parecer contraintuitivo, pero el país más poblado del mundo hoy, China, con 1.400 millones de habitantes, no será el que registre más ciudades mastodónticas dentro de 80 años. Las proyecciones de los demógrafos apuntan a India, el sudeste asiático y África. De la lista de megalópolis desparecerán Moscú y Estambul, con lo que Europa se borra de la clasificación. Londres o París parecen condenadas al envejecimiento.

Para solucionarlo, Europa necesita inmigrantes, pero no consigue establecer una gestión común de los flujos migratorios. Los gobiernos no asumen responsabilidades colectivas porque no quieren ceder soberanía. No existe un diagnóstico común sobre las necesidades ni sobre las soluciones. La migración es uno de los temas más viscerales del debate público y partidos xenófobos lo pervierten con datos y teorías falsas.

“Lo de la estampida africana hacia Europa es un mito enorme”, señala el filósofo camerunés Achille Mbembe. “De 420 millones de habitantes de la Europa occidental, apenas un 1% son subsaharianos. De casi 1.300 millones de africanos, menos de 30 millones viven en el extranjero. De ellos, siete de cada diez no emigraron a Europa, sino a otros países de África”.

El reto de África y de sus megaciudades no será lidiar con la emigración hacia Europa, sino con su migración interna. En 2050 la población del continente africano ascenderá a 2.200 millones de personas, el 22% de la población mundial. “El mayor desafío al que se enfrenta África no es demográfico. No es, como en la era colonial, establecer límites, restringir el paso, obligar a las personas a permanecer inmóviles y sedentarios e intensificar los lazos locales. Se trata de organizar el tráfico y permitir una intensificación de la movilidad dentro del continente”, opina Bembe.

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