Los imperios tecnológicos y las desigualdades como problema para las democracias europeas
Enero 27, 2026
Propongo olvidarnos por un momento de las noticias de actualidad que nos tienen pendientes de los medios de comunicación para conocer la última locura que se le ha ocurrido a Donald Trump, los últimos horrores que sufren los pueblos en Ucrania, Gaza, Irán, etc. y la última confrontación política sin sentido. Para concentrarnos en lo que intelectuales de prestigio nos dicen sobre las transformaciones que está sufriendo nuestra sociedad y sus peligros para los sistemas democráticos. Aportando citas de entrevistas y artículos de “El País”.
Por ejemplo, Manuel Castells, probablemente el sociólogo español más citado en el mundo, que impacta con frases como, hablando de China: “La paradoja más extraordinaria es que el gran milagro económico del siglo XXI lo ha dirigido un Estado comunista”. O, hablando del repliegue interior de muchas personas: “Yo personalmente creo que es fundamental en este momento reclamar el papel de la religión y la espiritualidad como contrapeso a un mundo en autodestrucción. No es solo el clima: las guerras, la tecnología sin control, todo”. O, hablando de las democracias: “El mundo se mueve otra vez por el nacionalismo, la gran palabra. EEUU, China, Japón. En Europa, los movimientos de extrema derecha son nacionalistas, antieuropeos, empezó con el Brexit”. Para apostillar: “La democracia solo existe en las mentes de las personas. Y si la gente no cree en los partidos, en la democracia, en las instituciones, pues se acabó”
A la pregunta de cómo pensaremos de los cambios que estamos viviendo dentro de 100 años, Castells contesta: “La actividad humana está determinada por energía e información. La revolución industrial fue la transformación de la energía. La transformación de la información es la revolución informática de los años sesenta y setenta, tan importante como la industrial. Lo que fue el motor eléctrico para difundir la energía a todos sitios ha sido internet. Yo la llamo sociedad red porque es una nueva estructura social, distinta a la industrial, porque está constituida por redes, la forma organizativa más flexible con diferencia … Para que esa estructura social exista y se desarrolle, hace falta una digitalización de todo … Ya estamos digitalizados. Nada de lo que tú haces o yo hago escapa”.
Guiliano da Empoli, politólogo italiano: «las grandes tecnológicas tienen un proyecto totalitario».
O, por ejemplo, Guiliano da Empoli, politólogo italiano, afirmando que las “grandes tecnológicas tienen un proyecto totalitario”. Su balance de 2025: “No ha pasado nada muy nuevo, pero sí una aceleración casi apocalíptica de cosas que ya veíamos. Lo que estaba latente ha salido a la luz: depredadores políticos y empresariales que quieren deshacerse de todo lo que limita su poder. Europa, que es un mundo hecho de normas y frenos, está en el punto de mira”. Piensa que tal vez estemos al “final de la democracia liberal. Incluso si Trump se marcha, es un error creer que volveremos a lo de antes. El mundo de ayer nunca regresará”. Y critica que el modelo de gobernanza de las grandes tecnológicas “es totalitario en un sentido estricto: gestionar grandes masas humanas a través de datos y procesos no democráticos. Existe una ambición de control total que más peligroso que el autoritarismo de Trump”.
O, por ejemplo, la periodista norteamericana Karen Hao, autora del libro “El imperio de la IA”. Para ella, Sam Altman, fundador de OpenAI, interpreta y reinterpreta la misión de su compañía “según le convenga para seguir adelante con lo que, en realidad, es su agenda oculta: crecer sus modelos hasta el mayor tamaño posible y usar eso como justificación para concentrar una enorme cantidad de tierra, energía, agua, datos, mano de obra y dinero”. Añadiendo: “Los imperios son antitéticos a la democracia. Ambos no pueden coexistir”.
O, como último ejemplo, la también norteamericana Susan C. Stokes, profesora de ciencias políticas de la Universidad de Chicago, que a la pregunta de por qué tantos votantes apoyan a líderes autócratas, sostiene que es el resultado de que los ciudadanos ya no sienten que las instituciones funcionen: “La desigualdad ha ido disolviendo en silencio el vínculo entre la gente y los árbitros de la vida pública. Y cuando este vínculo se rompe, basta un líder que exprese el hartazgo y prometa quemar el edificio desde dentro”.
¿Malos tiempos para la democracia en general y las de la Unión Europea en particular? Veremos lo que pasa en las elecciones presidenciales de Francia en la primavera de 2027. Si gana la Agrupación Nacional de Marine le Pen, no nos quedará más remedio que admitir que intelectuales de prestigio nos avisaron con tiempo de los cambios económicos y sociales y sus consecuencias. También a optimistas como yo, que todavía apuestan por que al final la causa democrática y europeísta venza a los que la combaten desde los partidos políticos de ambos extremos y las grandes tecnológicas. Y que se felicitan cuando políticos como el primer ministro canadiense Mark Carney plantan cara al trumpismo. Si no han leído todavía su magnífico discurso pronunciado en Davos, háganlo. Vale la pena.
Carsten Moser
Períodista y Economista
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