La candidata

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Lo que ocurre en Francia normalmente nos da pistas sobre tendencias más amplias en Europa. Anne Hidalgo acaba de anunciar oficialmente que aspira a ser la primera presidenta de la República en 2022. Sus mensajes pretenden captar l’air du temps: ecologismo, feminismo, humildad, descentralización. ¿Será capaz de trascender los eslóganes de moda? Tras su debacle de 2017, ¿vuelven los socialistas franceses para desafiar al binomio Macron-Le Pen?

Hidalgo lleva siete años al frente del Ayuntamiento de París. Durante este tiempo le ha tocado enfrentarse a varias crisis muy graves: los atentados de 2015, el incendio de Notre Dame en 2019 y la pandemia, que ha impregnado toda la gestión municipal. Hace poco más de un año, insistía en que no se veía mudándose al Elíseo porque lo suyo era la política local. Hasta que los sondeos empezaron a cambiar.

 

Poco a poco, esta hija de emigrantes gaditanos que llegó a Lyon con apenas dos años, antigua inspectora de trabajo, empezó a perfilarse como una alternativa. Sus colaboradores llamaban a su despacho para transmitirle que, si se presentaba, irían con ella. El equipo empezó a perfilar mensajes: una apuesta por la transición ecológica “que no se haga en detrimento de las clases medias y populares” (guiño a evitar una nueva crisis de los chalecos amarillos), incidir en los “valores republicanos” y en la lucha contra la desigualdad. Pero, sobre todo, el reto de su equipo es hacer que Anne Hidalgo parezca más francesa y menos parisina. Desde marzo le han organizado el llamado “Tour de Francia”, para que se reuniese con alcaldes y miembros de la sociedad civil e impulsara iniciativas locales.

 

Esa ha sido justamente la piedra en el zapato de Emmanuel Macron: su excesivo centralismo y su incapacidad, como le reprochan sus detractores, de conectar con sus conciudadanos del campo o de renta media y baja. Otra cuestión es si conseguirá seducir a esos votantes la alcaldesa de una ciudad como París, donde los precios son cada vez más prohibitivos. Como Macron, Hidalgo tiene también fama de fría y distante. Y su apuesta por la bicicleta le ha puesto en contra a miles de trabajadores que necesitan el coche para ir a trabajar. Todavía no ha explicado en detalle sus planes salvo, por ejemplo, que quiere reconvertir ciudades desindustrializadas. Muchas de esas poblaciones hoy son caladero de votos de la ultraderecha.

 

¿Conseguirá aglutinar el discurso verde y progresista? El gran hándicap de Hidalgo no es nuevo ni exclusivo de Francia: la fragmentación de la izquierda. La candidata sale a competir con un abanico muy amplio: el líder de la izquierda radical, la France Insoumise, Jean-Luc Mélenchon, el candidato comunista, Fabien Roussel, el antiguo ministro de economía y ex socialista Arnaud Montebourg y el candidato ecologista que gane las primarias.

 

Pronto sabremos más del impulso que genera y de si su presencia supone una verdadera disrupción en la escena política francesa. Faltan ocho meses para las elecciones. De momento, en las librerías está Une femme française, que mezcla detalles de su programa y momentos autobiográficos. Como todo el que aspira a la presidencia, no ha querido resistirse a la rentrée editorial.

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