Giorgia Meloni y su particular viaje de la extrema derecha al centro
Noviembre 11, 2025
Al periodista Íñigo Domínguez le comencé a seguir, cuando en la Cadena SER empezaba a repasar titulares de diarios de provincias que tenían mucha gracias, ya sea por errores gramaticales, ya sea porque daban pistas falsas sobre el contenido de la noticia. Ahora, como corresponsal de “El País” en Roma, escribe artículos no solo sobre la gran política, también sobre las pequeñas historias que revelan mucho más sobre Italia que los profundos análisis de muchos expertos.
El 1 de noviembre tituló su crónica “Picaresca italiana en incómodas lecciones”. En ella cuenta que uno de cada dos italianos no paga ni un euro en la declaración de la renta. También resalta titulares de la prensa como “Florencia: 10 médicos inflaban las citas con pacientes ficticios para trabajar menos”, “Finge ser ciego durante 50 años, estafa un millón de euros al Estado en subsidios” o “El jefe de servicios (de un hospital) hacía que ficharan por él y se iba a jugar al golf”.
Cuento todo esto, porque se cumplen tres años desde que Giorgia Meloni asumió la tarea de primera ministra en Italia. Cuánta tinta corrió entonces para mostrar la preocupación que uno de los miembros fundadores de la Unión Europea eligiera en las urnas a la jefa del partido posfascista “Movimiento Social Italiano” (MSI). Además, en coalición con Forza Italia, el partido conservador fundado por Berlusconi, y con la Liga de Matteo Salvini, un partido de ultraderecha y soberanista. No pocos expertos presagiaban malos augurios para Europa.
Pero, como resalta Íñigo Dominguez en su artículo “Meloni, desmitificada”, la líder de oposición inconformista de ayer, en el poder es bastante conformista. Y cita al politólogo y columnista Giovanni Orsina: “Meloni es una mujer de derechas, punto. Es pragmática y responsable, está gobernando de manera democristiana, muy, muy, muy prudente, sin tocar los equilibrios del país, porque cree que hacerlo es peligroso políticamente, Italia es un país al que no le gusta que toquen”.
En los últimos tres años, ha demostrado dos caras en su política exterior: por un lado, presume de sus buenas relaciones con autarcas como el húngaro Victor Orban o el norteamericano Donald Trump, por el otro, la “volcánica antieuropea ahora es una de las más obedientes ejecutoras de la política económica de Bruselas”, indica Domínguez. El diario alemán “Süddeutsche Zeitung” aplaude que su política exterior pragmática y constructiva haya contribuido a una buena relación personal entre ella y la presidenta de la Comisión Ursula von der Leyen, además de ganarse la confianza de los gobernantes en capitales importantes como París o Berlín.
“El experimento con migrantes en centros de Albania se ha encontrado con la oposición de la justicia”
En la política nacional, sigue contando en los sondeos con un apoyo importante por parte de los italianos. Porque aporta estabilidad a la política y economía italiana, lo que probablemente hará que cumpla los 5 años para los cuales fue elegida, siendo así el primer gobierno desde la postguerra que acabe una legislatura. Porque la oposición está muy fracturada. Y porque, aunque había anunciado reformas de calado, la tiene sin cuidado que no salgan adelante. Su política de inmigración ha sido más bien errática. El experimento con migrantes en centros de Albania se ha encontrado con la oposición de la justicia. Solo puede presumir de polémicos acuerdos con Túnez y Libis que, bien es cierto, han logrado bajar la cifra de llegadas irregulares por mar.
Otros ejemplos de proyectos con dudoso futuro: el plan de reducir las competencias del presidente a favor del jefe de Gobierno. O a la propuesta de separar las carreras de jueces y fiscales. Ambas reformas necesitan un referéndum el año que viene y requieren una mayoría del 50% a favor. De momento, Meloni podría perder ambos.
Según Domínguez, sigue con su apuesta por “ser una especie de Thatcher italiana, al menos en las formas, sin agenda de reformas y sonriendo aún menos. Está haciendo el viaje inverso a los tradicionales partidos conservadores que se escoran a la extrema derecha: ella viene de allí y quiere llegar al máximo consenso tranquilizando al electorado moderado … Es una política hábil, inteligente, que lee bien los tiempos, juega a varias bandas con desenvoltura y sabe comunicar … Lo cierto es que puede volver a ganar en 2027. Y eso sería otro hito histórico: desde los años noventa, ningún partido italiano ha ganado dos veces seguidas”.
Carsten Moser
Períodista y Economista
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