Estresados

Uno de los ensayistas m√°s aclamados hoy en Estados Unidos, Cal Newport, dice que el estr√©s se ha convertido en una m√©trica para saber si trabajamos demasiado. Pensemos en cu√°ntas personas a nuestro alrededor han sufrido un ataque de p√°nico o palpitaciones por ansiedad en el √ļltimo a√Īo. Quiz√°s estaban viviendo una ruptura o una mudanza complicada. A lo mejor no consegu√≠an quitarse la pandemia de la cabeza ni pod√≠an parar para digerir las emociones de los √ļltimos meses porque necesitaban seguir produciendo. O una mezcla de todo lo anterior. ¬ŅAcaso en los pa√≠ses desarrollados hemos cambiado el miedo al hambre y las guerras por el estr√©s laboral y existencial?

Lo cierto es que vivimos en sociedades mucho m√°s pr√≥speras que hace medio siglo. Los datos reflejan que hay m√°s igualdad de oportunidades, una sanidad infinitamente mejor dotada y que el nivel medio de bienestar no ha dejado de crecer. Dentro de la Uni√≥n Europea o Estados Unidos, el riesgo de vivir una guerra  simplemente no lo computamos. Aun as√≠, cuando cogemos la lupa en cada pa√≠s, la desigualdad ha aumentado. En nuestro pa√≠s, de hecho, se est√° cronificando desde 2008, como muestra el interesante estudio Radiograf√≠a de medio siglo de desigualdad en Espa√Īa, de Olga Cant√≥ y Luis Ayala.

Al ascensor social averiado se suma una lista m√°s larga y compleja de miedos: a no poder independizarse, a perder el empleo, a no llegar a fin de mes, a enfermar de covid, a las secuelas de la enfermedad, a no volver a relacionarnos con nuestros seres queridos como antes de la pandemia. Nuestras gl√°ndulas suprarrenales no dejan de generar cortisol y adrenalina, las hormonas del estr√©s. Naturalmente sirven para mantenernos alerta ante posibles peligros, pero si las hacemos trabajar en exceso, se vuelven contra nosotros. Y ya sabemos que el estr√©s, como el colesterol o la diabetes, es uno de los grandes enemigos del coraz√≥n. Un estudio de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) publicado este mes concluye que los niveles altos de estr√©s psicosocial tienen que ver significativamente con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad. La investigaci√≥n toma datos desde enero de 2003 a marzo de 2021 e incluye a personas de entre 35 y 70 a√Īos en 27 pa√≠ses de los cinco continentes, con niveles de renta bajos, medios y altos.

Todavía no podemos analizar los efectos de lo que estamos viviendo, pero sabemos que se parecen a los de otros traumas colectivos. Y que los niveles de estrés están disparados. La casuística es inmensa y el malestar laboral, socioeconómico y afectivo no se elimina con ensayos. Y, pese a todo, colectivamente podemos replantearnos qué supone hoy el estrés. Qué valor le damos a estar ocupados, bien ocupados y pre-ocupados. En 2019, la escritora americana Jenny Odell proponía observar pájaros como actividad disruptiva, casi una declaración de intenciones política. Salir a contemplar aves en lugar de buscar información compulsivamente en nuestro ordenador.

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