El debate que el terror no abrirá

debate sobre el islamismo

El debate que el terror no abrirá

El laicismo se ha convertido en un campo de batalla en Francia. El país que introdujo este concepto para vertebrar su República en 1905 lleva desde entonces debatiendo sobre él, de manera cada vez más crispada y desesperada.

El asesinato del profesor Samuel Paty por mostrar unas caricaturas de Mahoma en clase reavivó hace dos semanas la masacre de Charlie Hebdo de 2015. El horror había tocado a uno de los pilares del Estado francés: la educación. A la incertidumbre sanitaria y económica por la pandemia se le sumaba una violencia que nunca ha dejado de estar latente en la sociedad. Después, el asesinato de tres personas en una basílica en Niza apuntalaba el pánico. Y lo extendió al conjunto de Europa una nueva masacre en una sinagoga de Viena. Inevitablemente a estos crímenes les ha sucedido la búsqueda de explicaciones, tan humana, aunque en ocasiones tan errada. Quienes han asegurado que la libertad de expresión no debería ofender, ¿acaso solo debe existir bajo determinados corsés? ¿Los de quién?

¿Acaso la libertad de expresión solo debería existir sobre determinados corsés? 

No nos debe pasar inadvertido el oportunismo de líderes como Erdogan llamando al boicot de los productos franceses. El presidente turco no ha mostrado la misma preocupación por el más de un millón de uigures musulmanes retenidos en campos en el noroeste de China. Para calmar los ánimos, Emmanuel Macron concedió una entrevista a Al Jazeera -la cadena más vista en Oriente Medio- el 31 de octubre. “Francia es un país apegado a la libertad de culto y a lo que a menudo se llama laicismo, ese término complicado que da lugar a tantos malentendidos”, subrayó el presidente francés.

El problema de fondo, como plantea el diario Le Monde, es la idea extendida de que Francia -y, en definitiva, Occidente- lleva a cabo una ofensiva no contra una minoría islamista radical, sino contra el Islam en general y, por consiguiente, contra su propia población musulmana. A Macron le habría hecho falta más de una hora de entrevista para analizarlo. Esa creencia solamente es desmontable con pedagogía, análisis histórico riguroso sobre las brechas culturales y de desigualdad y -esto es crucial- recursos económicos.

Cuestionar la libertad de expresión no es el camino. Lo hemos visto desde el 11S: el terrorismo es una amenaza existencial. Los atentados bloquean, dinamitan la confianza social, no pretenden abrir debates sobre la libertad de expresión y el laicismo. “Lo que quieren los asesinos y sus patrocinadores es el fin de los debates”, precisa el escritor Daniel Gascón. “Una ideología extremista pretende competir con la ley común: una minoría intolerante quiere que sus normas rijan para todos”.

«El islam necesita ser reformado» 

Han pasado casi seis años desde que Shadi Hamid publicara este excelente análisis en The Atlantic: France’s false choice (El falso dilema de Francia). En él se preguntaba si un musulmán francés podía ser «antiliberal» y al mismo tiempo un ciudadano francés bueno y productivo. Concluía: “Debe aceptarse el paquete del liberalismo. El Islam necesita ser reformado (como lo fue el cristianismo). Los musulmanes deben ser «moderados». Una vez que se vuelven «moderados», deben alzarse, preferiblemente sin violencia, contra aquellos que se resisten al progreso y se aferran a las viejas formas de religión pasada de moda”. El diagnóstico de Hamid es brillante porque analiza todas las trampas en las que cae el estado francés. Por ejemplo, supuestamente enarbolando la libertad de expresión mientras que permite que se despida de su trabajo a una mujer por llevar el velo, es decir, vulnerando su libertad de expresión.

La crítica ideológica a los radicales nada tiene que ver con islamofobia ni con el prejuicio contra las personas. Una sociedad que abraza el liberalismo puede y debe vivir con una minoría iliberal, siempre que exprese su desacuerdo por la vía democrática. Un debate adulto, desacomplejado, exige acercarse a quienes no piensan como nosotros.

¿Y qué hay de discrepar con los que supuestamente entrarían en la categoría de los nuestros?

 

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