Cómo identificar la envidia que nos corroe

Cómo identificar la envidia que nos corroe

Patricia Fernández Martín

Psicóloga Clínica – HOSPITAL RAMON Y CAJAL &Técnico de Formación Continuada.

Oficina Regional de Coordinación de Salud Mental y Adicciones. SERMAS

Siento que sólo seré feliz si tengo pareja como las demás. Me comparo constantemente con el resto. Soy la no elegida en muchas situaciones. Creo que lo que tiene el otro es mejor que lo mío. Pienso que todas pueden y yo no. Ojalá también lo tuviera. Debería haberlo conseguido. Me alegro de cuando al otro le va mal.

La envidia es una emoción mal vista socialmente. Se esconde en la intimidad y da vergüenza reconocerla, y se tiende a juzgar negativamente a quienes la sienten. Sin embargo, es algo universal. La filósofa Martha C. Nussbaum, en La monarquía del miedo, recuerda que emociones como la envidia forman parte de la vulnerabilidad humana y que, cuando se colectivizan, pueden ser destructivas tanto en lo íntimo como en lo político. Marina Porras Martí, en La envidia (Fragmenta, 2022), la describe como un sentimiento relacional que nace de compararse con los demás y preguntarse por qué tienen algo que uno no posee.

Desde una perspectiva evolutiva, se ha calificado como un motor de supervivencia y competencia. Suele aparecer en la comparación entre personas del mismo nivel socioeconómico o cultural. Marina señala que es transversal a hombres y mujeres, aunque históricamente se haya reforzado la idea de que es más femenina. El imaginario occidental ha situado a la mujer como personificación de la envidia: vinculándola a la relación madre-hija, la competencia por el cuerpo perfecto y la idea de que vive en un espejo constante. La sociedad interpreta la envidia femenina por la rivalidad en belleza y amor, y la masculina por ambición o poder, lo que simplifica y carga a las mujeres. La psiquiatra Laura Moreno opina que la envidia femenina surge de una competitividad más acentuada y de cánones culturales más rígidos, mientras que el gregarismo está más potenciado entre los hombres.

Existe una diferencia entre la envidia sana, que no desea mal ajeno, y la insana, que sí lo desea. Esta última, si es frecuente, se vincula con sentimientos de inferioridad y baja autoestima. Sus riesgos incluyen vivir con resentimiento, malestar, frustración, dolor y hostilidad. Puede manifestarse en comportamientos defensivos en forma de ironía, agresividad que llevan incluso boicotear a otros para impedir su éxito. La neurociencia ha mostrado que esta envidia activa zonas cerebrales relacionadas con dolor y recompensa. Takahashi et al. (2009, Science) demostraron que sentir envidia estimula el córtex cingulado anterior, mientras que el fracaso ajeno activa el estriado ventral, liberando dopamina y generando placer. Esto explica por qué mirar el fracaso ajeno puede ser gratificante y cómo la envidia no sólo afecta a la vida personal, sino también la social. También puede alejar a la persona de lo que realmente importa, centrando su atención más en los otros que en sí misma.

La serie Envidiosa, ambientada en Buenos Aires, retrata a una mujer a punto de cumplir 40 que atraviesa una crisis personal por no haberse casado ni tenido hijos. La serie pone en evidencia que aún hoy existe una narrativa social que parece premiar únicamente a las mujeres que alcanzan determinados logros. Ella pasa por un conflicto debido a las dificultades para cumplir lo que cree que son deseos propios que, a veces, pueden estar confundidos con las expectativas o mandatos sociales. Pero independientemente de que sean propios o generados por los demás, lo que refleja la seria es la idea de que se debe competir constantemente para alcanzar esos estándares lo que hace que la protagonista tenga numerosos conflictos con sus amigas. Otro aspecto relevante es cuando esos “objetivos” no se alcanzan, y esto lleva a la protagonista y a muchas mujeres a pensar que nada de lo que tienen es satisfactorio. La serie potencia el efecto que las redes sociales tienen como un amplificador de la envidia, al mostrar versiones idealizadas de la vida de los demás que alimenta el mecanismo de la comparación constante. Ese escaparate permanente multiplica la sensación de que la vida del otro puede estar más llena.

La envidia es un sentimiento íntimo y secreto que si no se maneja bien puede resultar devastador. El primer riesgo es cuando se niega demasiado. Conviene saber identificarla, reconocerla, analizar de dónde procede y cómo se ha generado. Para la Dra. Marina Romero, psiquiatra infantil, la envidia es un reflejo de heridas de la infancia donde la persona experimentó carencias emocionales, con falta de aceptación o validación por parte de figuras importantes. Las personas envidiosas entran en un circuito de validar más lo que está en el otro que en cumplir los deseos propios porque aprendieron que para ser suficientes o merecedoras del amor había que ceñirse a determinados roles o expectativas ajenas en vez de ser aceptados por quienes ellos son. Ya de adultos, conviene recapacitar sobre cómo afecta a las relaciones y/o bloquea nuevos proyectos o decisiones personales. Si se lee como una brújula o señal de lo que quisiéramos ser o hacer, puede tener un uso creativo ya que puede señalar cosas de la vida donde poner más esfuerzo o tener un marco de referencia y motiva a buscar una situación de equidad frente a algo que se percibe como injusto. Pero ojo si ya no se pueden alcanzar ciertos objetivos, ya que ahí conviene más replantearse la vida de otra manera u optar por la aceptación. La terapia puede ser un espacio para ello al romperse la vergüenza de hablar sobre ello. Melanie Klein, en Envy and Gratitude (1957), subraya cómo este proceso ayuda a transformar la envidia destructiva en comprensión de sí mismo. Autores como Smith y Kim (2007) destacan que hablar sin prejuicios permite distinguir metas propias de las impuestas por los demás, mejorando la regulación emocional.

La envidia no es “femenina” sino que ha sido culturalmente feminizada. Es mucho más sutil, secreta y destructiva de lo que parece, y no es patrimonio de un género. Es humana y universal, pero está muy moldeada por la cultura y los mandatos sociales. La serie Envidiosa invita a repensar prioridades, reflexionar sobre la envidia y la competencia destructiva en las formas de relacionarse las mujeres. El feminismo no puede eliminar la envidia, pero sí puede cuestionar los estereotipos que históricamente han recaído sobre las mujeres, señalando que la envidia no es patrimonio femenino y tratando de resignificarla. La amistad femenina sí puede, y debe, sobrevivir a la envidia.

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