Gentrificación y despoblación

Photo by llee_wu on Foter.com / CC BY-ND

Estamos ante un gran éxodo, dicen los sociólogos. Las familias que poblaban las ciudades se están viendo expulsadas hacia la periferia por los precios imposibles. ¿Podrían las políticas públicas adecuadas atraerles al campo y frenar la despoblación?

Es un proceso netamente urbano y puede seguirse por fases. En la gentrificación (del inglés gentry, alta burguesía, la repoblación de una zona por vecinos con más poder adquisitivo y el cambio progresivo del entorno), lo primero que llega es la desinversión. La actividad económica se ralentiza, las instalaciones envejecen, se degradan. Los negocios cierran o se mudan a otra zona. Algunos vecindarios mantienen la cohesión, otros simplemente se dejan morir.

Luego llegan los “pioneros”: grandes inversores, emprendedores. Se abren negocios caros, modernos, espacios atractivos, con wifi, que sirven café, usan materiales reciclados. Los precios de las viviendas suben. Las barras de pan cuestan igual que antes los pasteles. El paisaje cambia. Los jóvenes y padres con hijos que antes vivían en el barrio tienen que marcharse.

La pérdida de familias en las grandes ciudades se estudia ya como fenómeno. Todavía más en Estados Unidos, donde la educación gratuita no empieza hasta los seis años. En cada núcleo urbano grande de EEUU ha decrecido el número de menores de edad en las últimas décadas, según un estudio de la Universidad de Minnesota. Eso unido al descenso de la natalidad hace que el paisaje humano sea muy distinto a la de hace medio siglo. La inmigración ha ayudado, pero faltan familias que pueblen los centros.

¿Y si este fenómeno en vez de expandir los extrarradios sirviera para repoblar el campo? Por un lado, la vida rural se idealiza y por otro se rehúye. Un ejemplo es Francia, uno de los países europeos donde teóricamente más se valora lo que aporta el terroir (terruño) a la idiosincrasia nacional. Un estudio reciente de Ipsos asegura que a 9 de cada 10 franceses el campo les sugiere mayor calidad de vida. Pero al mismo tiempo el 46 % de los encuestados lo asocia a penurias laborales.

En España el campo está ligado a uno de los grandes retos del país: la despoblación. El 90% de la población vive en el 30% del territorio. Dispersión territorial, envejecimiento, incomunicación… La España vacía que describe Sergio del Molino: “Hay una España que no viaja en AVE. Una España sin niños ni cines ni teatros. Una España sin equipos de fútbol en Primera División y sin banda ancha para ver series norteamericanas. Una España de la que el resto del país solo se acuerda en vacaciones o durante el recuento electoral”.

El gobierno se ha comprometido a presentar un plan en 2019 frente al reto demográfico. Los municipios insisten en que la financiación local, autonómica y europea debe tener en cuenta a las zonas más afectadas por la despoblación. Pero lo urgente es reducir la enorme brecha digital. Por mucho que se pida a las empresas que permitan el teletrabajo o se fomente el emprendimiento, mientras no se garantice una conexión a internet y la cobertura telefónica será imposible atraer a familias desde las ciudades al campo.

Back To Top