Cultura: esencial y maltrecha

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Cultura: esencial y maltrecha

Entre la desesperación y el optimismo, el sector de la cultura se sostiene a duras penas. En todo el mundo arrastra números rojos, aperturas parciales, bajada de ventas, ayudas que no cubren pérdidas, o que llegan tarde y no a todos los profesionales… Además, la Covid-19 se ha sumado a una precariedad que lleva acompañándolos mucho tiempo. ¿Nos quedaremos en una política de pandemia o se conseguirá regenerar el tejido y el sector cultural?

Todavía no existen cifras globales del impacto de la pandemia en la cultura, pero los últimos datos son demoledores: un tercio de los museos de todo el mundo despedirá a parte de su personal por la crisis del coronavirus. En la Unión Europea casi 7,5 millones de trabajadores del sector cultural se han visto afectados, según un balance provisional de Eurostat. Más del 30 por ciento son autónomos y apenas cuentan con protección social.

“Hablar de industria cultural es una falacia porque cada uno tenemos una situación y unos problemas diferentes”, matiza Sabela Mendoza, gestora cultural de danza. “La pandemia llega en un momento en que la cultura está muy precarizada ya. Desde 2008 hemos visto cómo cerraban teatros, escuelas, centros sociales, espacios donde impartíamos talleres y de los que depende  nuestra economía en gran medida”.

En concreto los profesionales de las artes escénicas, muchos de los cuales no han podido acogerse a ayudas especiales, están al límite. “En España tenemos un sistema muy centrado en la exhibición y ese es solo un eslabón de la cadena de valor que creamos. Hay que tener en cuenta que trabajamos mucho tiempo a riesgo, y que si una función se anula no cobramos. En nuestro contrato nos pagan si actuamos tal día durante equis minutos. No se tiene en cuenta que hemos trabajado semanas preparando la función ni el dinero que hemos gastado en materiales, por ejemplo”, comenta Mendoza.

«La exhibición solo es un eslabón de la cadena de valor que creamos»

Aunque la danza comporta problemas distintos a los de la música en vivo, el teatro o los museos, existe un denominador común: los profesionales no saben si podrán seguir en activo cuando la emergencia sanitaria pase. Antes de la Covid-19, las industrias creativas representaban el 2,6% del PIB mundial, según datos de la Unesco, y daban trabajo a 30 millones de personas. Muchos dudan de que esa cifra vuelva a alcanzarse algún día.

Resisten desplegando ingenio

Desde hace nueve meses hemos visto conciertos en streaming, recorridos virtuales en los museos, bailarines ejecutando coreografías en sus viviendas y libreros que se subieron a la bicicleta para llevar encargos a sus lectores. En concreto, las librerías independientes españolas han sufrido un 22,5% de pérdidas en los tres primeros trimestres de 2020 con respecto al mismo periodo de 2019. Mientras, Amazon ha visto aumentar sus ventas de manera exponencial. Los libreros, conscientes de que juegan en otra liga, pero intentando sobrevivir, han puesto en marcha una plataforma conjunta de venta online, Todos Tus Libros, en la que hay un millón y medio de títulos disponibles del mercado editorial español.

En concreto, las librerías independientes españolas han sufrido un 22,5% de pérdidas en los tres primeros trimestres de 2020 con respecto al mismo periodo de 2019.

También están intentando que el Gobierno declare a las librerías servicio esencial. “Los libros son siempre un buen refugio. Pero en estos tiempos que nos ha tocado vivir, para millones de personas están siendo un auténtico salvavidas en el que buscar consuelo, evasión, esperanza, entendimiento… y libertad. Lo sé porque así me lo cuentan cada día los clientes que visitan nuestra pequeña librería en el centro de Madrid…”. Así empieza la petición del librero Rafael Soto a Moncloa para que, junto con las Comunidades Autónomas, declaren las librerías en toda España como un servicio esencial. Unas 46.000 personas se han sumado a su iniciativa para que las librerías sean calificadas como sector esencial y queden a salvo de los cierres por la pandemia. Como explica Soto, librero madrileño, esto ya se ha dado en otros países como Bélgica y México.

«Los libros son siempre un buen refugio»

“Hemos sufrido un impacto bestial”, explica Alicia López, editora de Automática. “En nuestro caso, al principio de la pandemia como cerraron las librerías no se colocaron los libros y las novedades que sacamos con tanto esfuerzo no llegaron a los lectores. En mayo poco a poco vimos cómo se recuperaba el sector un poco, pero al mismo tiempo se acumularon las novedades”. Eso, explica López, supone una presión enorme para los libreros, que tienen muchos títulos esperando y solo pueden colocar unos cuantos en la mesa de novedades, y para las editoriales. Algunas editoriales pudieron adaptarse y reajustar sus calendarios para los años siguientes, pero grandes grupos que sacan cientos de títulos en un mes tienen todavía un mar de novedades guardadas.

Hace un mes el Consejo de Ministros aprobó ayudas extra al sector cultural que suman a las iniciadas en mayo. Ahora se incluirá a otros profesionales como auxiliares y técnicos y se prorrogará la prestación económica extraordinaria por desempleo para artistas en espectáculos públicos hasta el 31 de enero de 2021. La medida sin embargo no cubre a más que 35.000 profesionales en todo el país. Se han dado subvenciones específicas y algunos incentivos por parte de las autoridades regionales y locales, pero los profesionales lamentan montañas de burocracia y la falta de un marco general. “Las medidas son muy insuficientes para lo segura que es la cultura», se quejaba el presidente de la Red de Teatros, Pello Gurbindo. “El ministro de Cultura está muy lejos de entender lo que debería ser su papel”, reflexiona otro profesional. “En danza para obtener algunas ayudas nos obligan a hacer cosas ya, antes de diciembre, porque el dinero está supeditado a que hagamos cosas y no cuenta la reflexión ni dedicarle el debido tiempo”, comenta Mendoza.

¿Se puede realmente crear un modelo digital?

No para todos. Los museos, que han visto sus cuentas descabaladas, están tratando de rentabilizar los tours y actividades virtuales. Eso no compensa, ni de lejos, la falta de turistas, y desde el Consejo Internacional de Museos insisten en que necesitan fuentes alternativas de ingresos. En los próximos meses veremos muros de pago para exposiciones en línea, contenido exclusivo, suscripciones y otro tipo de estrategias que hasta ahora identificábamos con otros sectores económicos. Pero habrá quienes no puedan trabajar de forma virtual porque para ellos el público en vivo es esencial, parte de su creación artística.

Desde el Consejo Internacional de Museos insisten en que necesitan fuentes alternativas de ingresos.

Mirando al futuro

La pandemia ha acelerado tendencias que llevan impactando en el sector varios años. Las salas de cine llevan mucho tiempo perdiendo espectadores, al tiempo que las plataformas de contenidos los ganan. A las editoriales pequeñas les están condicionando las ventas online y esperan que Amazon no se haga más fuerte todavía. Dependen de las librerías, ya que sin ellas sus libros tendrían mucha menor visibilidad. Para Alicia López, de Automática editorial, es crucial concienciar a la población de lo importante que es consumir en tiendas físicas, donde además pueden disfrutar de la proximidad y la experiencia de prescripción de los libreros.

Sabela Mendoza ve la ocasión perfecta para hacer una reflexión profunda sobre la estructura del sector cultural, que condiciona esa gran dependencia de lo público. “Algo que nos ha revelado esta pandemia es lo importante es que mantengamos contacto constante con las administraciones, con federaciones, con asesores jurídicos. Hay muchísimo trabajo por hacer. Durante el confinamiento domiciliario al principio se avanzó en la resolución de las urgencias. Ahora toca atender a los problemas de base. Necesitamos regulaciones específicas y redefinir el estatuto del artista. Pensar qué tipo de sociedad queremos construir y los espacios de reflexión y pensamiento colectivo que se generan con la cultura”.

¿Queremos que la cultura sea un mero entretenimiento o un derecho esencial?

 

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