Un nuevo contrato social para la era digital

Manuel Muñiz y Diego Rubio trabajan desde hace años en el campo de la gobernanza de las tecnologías emergentes, estudiando el impacto que la transformación tecnológica tiene sobre la economía, la política y la sociedad. En nuestra Conversación Intergeneracional moderada por Fernando González Urbaneja, periodista y miembro del Comité de Vigilancia de Foro de Foros, nos mostraron los grandes retos que plantea la transformación tecnológica y social así como las posibles soluciones a estos, ahondando en la fractura económica y política producida por la transformación de nuestro mercado laboral y el impacto que ha tenido en la generación y distribución de rentas económicas avanzadas.

 

A lo largo de la historia, las transformaciones tecnológicas han supuesto siempre profundos cambios económicos y sociales. Si nos fijamos en la evolución del PIB, la gráfica nos muestra que el desarrollo significativo económico de la humanidad se concentra en los últimos 150-200 años, con el advenimiento de la ciencia y la aplicación de la tecnología a los procesos productivos. En ese sentido, la última gran ola de transformación es la protagonizada por las ciencias y la tecnología de la información que conlleva muchos beneficios pero también grandes retos en el espacio del mercado laboral y en el de la generación y distribución de rentas.

En las próximas dos décadas nuestro mercado laboral, basado en el sector servicios, va a sufrir una gran transformación equivalente a la experimentada por el sector agrícola a principios del siglo XX o en los años 60 por el sector industrial. Las expectativas son que gran parte de los empleos (alrededor del 50% posiblemente) desaparecerán en los 20 próximos años debido a la computerización del trabajo.

Toda esta tendencia de transformación del mercado está produciendo una divergencia entre productividad, empleo y rentas del trabajo. El modelo de desarrollo tradicional en el que nuestras economías ganaban en productividad y eso alimentaba y sostenía los salarios y la creación de una clase media ya no aplica. Esa relación simbiótica ha dejado de producirse; el aumento de productividad en bienes y servicios viene a producirse sin que genere un mayor empleo o remuneración.

Sea cual fuere el resultado en términos netos de empleo, a lo que nos enfrentamos es a una profunda transformación de las capacidades y habilidades  necesarias para el desempeño del trabajo, lo que implica una presión enorme en el sistema educativo y en el tipo de formación.

Estas tendencias económicas golpean la vida política y en la actualidad estamos viendo las siguientes manifestaciones:

  • Antielitismo: pesimismo ante el futuro económico y un apoyo creciente a las fuerzas populistas/extremistas alejadas del eje político tradicional.
  • Antiliberalismo: el asedio de nuevas fuerzas políticas para romper el orden existente.
  • El cuestionamiento de la democracia liberal: pérdida de la fe en la democracia y aumento del apoyo de los más jóvenes al autoritarismo.

Todos estos fenómenos hacen pensar en una  necesaria refundación del contrato social para introducir sostenibilidad en los procesos de cambio tecnológico y social que estamos experimentando y que están fracturando el sistema. Y para ello, hay que afrontar distintos debates en profundidad y asumir nuevos retos, que permitan la participación de una  nueva clase social emergente  en una era digital.

¿Qué debates deberían vertebrar ese nuevo contrato social?

  • La regulación de las tecnologías disruptivas.

Tanto gobiernos como empresas se ven hoy en día forzados a utilizar la tecnología para ser competitivos. Así, se ven obligados a extraer datos de los ciudadanos y de los clientes para desarrollar mejores políticas. Pero eso choca con nuestro derecho de privacidad. Hay pues una tensión entre nuestros valores democráticos y la eficiencia en la gestión y en el uso de las nuevas tecnologías.

  • Relación entre individuos y democracia

El gap entre el nuevo fenómeno tecnológico y el momento en el que se empieza a legislar aumenta. Las administraciones públicas deben ser más versátiles, adelantarse a la aplicación práctica de los avances tecnológicos.

  • Relación del individuo con el trabajo, la empresa y, sobre todo, con el desempleo.

Muchos trabajos se van a automatizar y gran número de personas quedarán desocupadas o no tendrán cabida en un mercado laboral digitalizado. El avance tecnológico permite alejarse a la gente de las actividades productivas de bienes y servicios y hay propuestas como la Renta Básica Universal para hacer esta situación sostenible. Sin embargo, dejar de ser parte del sistema productivo puede ser una cortapisa para la obtención de mejoras o la capacidad de presión de esas personas sobre el ordenamiento político.

En cuanto a las empresas, la divergencia entre productividad y rentas del trabajo hace que se quede obsoleto el principio de que el sector privado solo tiene como fin el generar beneficios para el accionista. Hay que reflexionar sobre la sostenibilidad del negocio, repensar en los stakeholders y el rol del sector privado.

 

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