¿Sabemos lo que nos espera después de la crisis?

Los indicadores de consumo parecen apuntar hacia la recuperación económica en España. Sin embargo, tras un largo periodo de crisis como el vivido los últimos años, y en un entorno tecnológico en continua evolución, la sociedad española ha experimentado cambios. En su libro “La sociedad que seremos. Digitales, analógicos, acomodados y empobrecidos” (2017, Editorial Planeta), Belén Barreiro analiza qué transformaciones se están produciendo en nuestra sociedad como consecuencia de la crisis, y cuál es el impacto de las nuevas tecnologías, especialmente, del acceso a Internet.

Las estadísticas le ayudan a dibujar este nuevo escenario, y a comprender los rasgos y comportamientos sociales y de consumo, las nuevas formas de trabajar, de comunicarse, de informarse, así como las nuevas  tendencias políticas.

Miedo al futuro

Como consecuencia de la crisis, la foto fija nos presenta en la actualidad una sociedad fracturada, en la que se puede distinguir un grupo de ciudadanos acomodados y un grupo de ciudadanos empobrecidos.

Un dato relevante por su escasa evolución es la percepción que tienen los encuestados sobre su posición social. En el 2012, una de cada dos personas de entre 18 y 65 años creía que había descendido de clase social. En el año 2017 más del 40% se sigue sintiendo perjudicado por la crisis a pesar de la tendencia a la recuperación económica. La percepción es subjetiva y algunos viven angustiados, por lo que sus hábitos de consumo y compra se ven muy afectados.

Más allá de la mejoría económica, sigue existiendo un pesimismo en la sociedad española respecto a la situación futura. El 65% de la población tiene la sensación de que sus hijos vivirán peor que ellos. Esa proyección pesimista se generaliza en las democracias avanzadas, al contrario que en los países con economías emergentes.

 

Cambios políticos

Por otra parte, se aprecia en la población una tendencia a la desafección política. En 2012, Belén Barreiro adelantó el fin del bipartidismo con la aparición de un nuevo partido radical constituido  a modo de plataforma organizada a través de internet, y ello como consecuencia de la crisis económica y de la desconfianza de los ciudadanos hacia las instituciones.

Lejos de equivocarse, surgió la formación política Podemos, que apela a esa población que ha resultado más perjudicada por los efectos de la crisis. Y en un escenario político tan cambiante aparecen otros partidos emergentes como Ciudadanos, surgido como consecuencia del nuevo optimismo ante la recuperación económica y que encaja con la población acomodada.

 

Menos materialistas y más solidarios

El grado de enfado, crítica y rebelión está disminuyendo, aunque las desigualdades generadas impiden que desaparezca. Salimos de la crisis siendo menos materialistas y más solidarios, y se da menos importancia al dinero, más a los amigos y a la familia. En los jóvenes se percibe una tendencia hacia la austeridad que es previsible que prevalezca sobre otros valores. No como una actitud anticonsumom sino hacia un consumo más responsable y sostenible.

 

Los efectos de la digitalización

A la fractura socioeconómica que ha generado una sociedad dual de empobrecidos y acomodados, hay que sumar la revolución tecnológica, que divide a los ciudadanos entre digitales y analógicos.

Los más avanzados tecnológicamente son los mejor parados tras la crisis, los más acomodados y dinámicos de la sociedad, más creativos y mejor pagados. Son más liberales o abiertos a los cambios sociales y tendrán más oportunidades y mejor posicionamiento en la sociedad. Frente a ellos, los menos tecnológicos son más conservadores y más temerosos ante la globalización.

La brecha social ya no está tan determinada por las diferencias campo-ciudad o generacionales, tanto como por el acceso a las nuevas tecnologías, fundamentalmente Internet. Así, Belén Barreiro habla de cuatro grupos: los acomodados digitales, los acomodados analógicos, los empobrecidos digitales y los empobrecidos analógicos. Y en este escenario, las mujeres son las peor paradas pues parten de una posición de mayor vulnerabilidad que otros segmentos de la población.

También preocupa a la sociedad la repercusión de los avances tecnológicos en la posible disminución de empleos y en la desaparición de profesiones. Una preocupación social que aparentemente no tiene su reflejo en el debate político. En este sentido, el problema está en que la digitalización nació sin ser gobernada y a un ritmo de crecimiento tan rápido que su regulación es harto complicada. Sí existe un debate político respecto a la privacidad, el valor de los datos y las  fake news o noticias falsas en la red, aspectos que parecen preocupar menos de lo que debería a la opinión pública.

 

A la vista de los datos manejados ¿se pueden sacar conclusiones de cómo va a ser la sociedad española tras la crisis?

Ha habido un empobrecimiento real y otro emocional que hace que caiga la felicidad media. Mejoran las expectativas pero no desaparecen los miedos. Sin embargo, se refuerzan valores como la solidaridad y el consumo responsable. Por su parte, las nuevas tecnologías permiten un mayor y más variado acceso a la información. En su libro, Belén Barreiro presenta un análisis que muestra que las nuevas tecnologías aíslan al que ya vive aislado y acercan a la gente que ya es muy sociable.

Internet es pues una ventana de oportunidades por lo que los ciudadanos más avanzados tecnológicamente estarán en una posición más ventajosa.

Toda la galería de fotos, en nuestro Flickr

Belén Barreiro y Joaquín Almunia. Galería de fotos

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