Pensiones sostenibles y suficientes

España será el país más envejecido de Europa en el 2050 y el sistema actual de pensiones requiere reformas urgentes para poder ser sostenible. Quién mejor que un especialista como José Ignacio Conde-Ruiz para que nos ilustre de dónde venimos y hacia dónde debemos ir.

Tenemos una esperanza de vida de las más altas del mundo, pero una tasa de fecundidad de las más bajas de los países industrializados (influenciada por un mercado laboral precario). Estos datos nos indican que la ratio de dependencia (población en edad de trabajar vs población en edad de jubilación) llegará en los próximos años a 1:1 (1 trabajador por 1 retirado). Es verdad que en nuestro país la ola de envejecimiento va con retraso respecto a otros países puesto que la generación de ‘Baby-boomers’ son más jóvenes y todavía no se han jubilado. Aún así, los problemas en la caja de la Seguridad Social llegaron con la crisis y la caída de la ocupación.

¿Cómo funciona nuestro sistema actual de pensiones? Es un sistema de reparto, es decir, es un contrato entre generaciones: ahora pagamos (cotizamos) la pensión a los retirados, confiando en que las generaciones futuras paguen las nuestras. Es un sistema contributivo, de modo que, cuanto más cotizamos, más alta será la pensión que obtendremos. Es un sistema de prestación definida, así que, si no hubiera ningún cambio ni legislativo ni en nuestra historia laboral, podríamos saber cuánto cobraremos de pensión. Y, por último, es uno de los sistemas de pensiones más generosos del mundo, puesto que la tasa de sustitución (la pensión media) equivale a un 60% del salario medio del país.

Pero, dado el escenario demográfico que se presenta, las reformas son urgentes y necesarias. En 2011 ya se amplió la edad de jubilación a los 67 años; posteriormente, en 2013, se introdujo el ‘Factor de sostenibilidad’ (si aumenta la esperanza de vida, la pensión anual debe disminuir) y el ‘Índice de revalorización’ (que regula el % de revalorización de pensiones en función del equilibrio entre ingresos y gastos del Estado). Esta última reforma nos lleva prácticamente a una congelación perenne de las pensiones y a una pérdida de poder adquisitivo, que convierte el sistema en financieramente sostenible pero inviable económicamente (los pensionistas salen a las calles para protestarlo).

El Estado no ha aguantado la presión de las protestas y ya ha renunciado a aplicar el Índice de Revalorización en los próximos dos años. Si se quita la congelación, el modelo es insostenible, a no ser que el PIB aumentara un 7%. Se debe cambiar el modelo y deberá haber un período de transición donde se reciba financiación a través de los Impuestos Generales. Hay que ir con cuidado, porque este factor rompe con el factor de contributividad, y a parte del coste de oportunidad (invertir en Educación, en Sanidad…), tiene el riesgo de llevarnos a un sistema asistencial (donde todos los pensionistas perciben una pensión super mínima e igual para todos, y a nivel privado se pueda complementar con seguros específicos).

Por todo ello, Jose Ignacio Conde-Ruiz propone ir hacia un modelo de cuentas nocionales o de contribución definida. En este tipo de sistema, el trabajador sabe su histórico de cotizaciones, la edad de jubilación es flexible, contempla un ajuste automático en la proporcionalidad entre cotizaciones y pensiones (si quieres cobrar más, deberás trabajar más tiempo) y compensa la caída de la tasa de sustitución alargando la etapa laboral y/o facilitando la jubilación activa (donde se pueda compaginar la pensión con el trabajo a tiempo más reducido).

De manera que las claves a futuro deben ser:

·         Crecer la productividad, mediante la inversión en I+D.

·         Promocionar políticas de inmigración que permitan frenar el drástico envejecimiento.

·         Mantener un Pacto Nacional por las Pensiones, donde se dejen las pensiones al margen de los ciclos electorales y se establezca una “constitución” sobre las normas para cambiar las leyes relacionadas con las pensiones (para favorecer la transparencia y previsibilidad necesarias para prepararse para la jubilación – no se pueden cambiar las reglas a “mitad de juego” y romper el pacto entre generaciones).

·         Aplicar una reforma del modelo y no rehuirla porque cuanto más se tarde más dura e injusta será.

·         Hacer transición hacia un modelo de Cuentas Nocionales, con una jubilación flexible.

·         La revolución digital y robótica juntamente con el acceso total de la mujer en el mundo laboral ayudaran también a la viabilidad.

·         Las medidas deben ser “atractivas” para los jóvenes porque si no se irán fuera y el sistema será definitivamente imposible de mantener.

 

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