China, actor clave en un mundo global

China ha pasado de ser nombrado “el enfermo de Asia” a erigirse en la segunda potencia mundial. La historia del país es la viva estampa de cómo llegar a la culmine, caer en la decadencia más absoluta y “resurgir de las cenizas” para convertirse en una de las piezas fundamentales para entender el mundo de hoy. Y todo ello, inmerso en un halo de obscurantismo en medio de un período de transición; así que ha sido interesante ahondar en el pasado, presente y retos de futuro de la mano de dos expertos como Mariola Moncada y Enrique Fanjul.

Rebobinando en el pasado

Para entender el “hoy”, rebobinemos unos siglos atrás. En el s. XVI, en China hubo un punto de inflexión después de haber llegado a la cúspide económica y científica. Llegado el s. XIX se produce una crisis institucional (con golpe de Estado incluido). El contacto sangriento con Occidente, con arduas guerras (como las del Opio), genera una visión de Europa de desconfianza y recelo. Ya en el s. XX, se empiezan a buscar recetas para modernizar el país: durante la etapa republicana-liberal se llevan a cabo reformas infructíferas que llevan a más miseria y a una época convulsa de guerras.

La fase de la construcción de la República Popular llevó a la creación de un Estado a imagen y semejanza de la URSS (donde triunfó la modernización, pero falló el resurgir de la economía y el aislamiento) de la mano de Mao Zedong. Finalmente, Deng Xiaoping que quiso acabar el proyecto Maoista pero aplicando ciertas reformas de la “economía de mercado” (acabando progresivamente con la economía planificada y la lucha de clases). Ya en el s. XXI, se ha hecho una apuesta por el pragmatismo absoluto bajo el firme liderazgo del Partido Comunista: olvidarse de los conceptos y fijarse en las metas. 

¿Y ahora qué?

Después del reciente Congreso Nacional del Partido Comunista, donde se ha reelegido y ha salido reforzado Xi Jinping, se dibuja un escenario con los siguientes elementos:

  • Involución de los derechos. Ha habido un incremento significativo de represión y persecución a la disidencia.
  • Apuesta por una política exterior más asertiva; China ha ganado en autoestima. Pese al modelo autocrático, es un sistema meritocrático y se ha demostrado que no está reñido con el despegue económico y un cambio social.
  • Incertidumbres económicas. La evolución económica requiere reformas, y urgentes, pero la restructuración debe ser progresiva. Se debe evolucionar de un modelo de crecimiento basado en la exportación de productos de poco valor añadido, donde las empresas extranjeras proporcionan la tecnología a cambio de mano de obra barata, hacia una nueva normalidad donde la mano de obra ya no es tan barata y, por lo tanto, la alternativa debe ser la industrialización de sectores de mayor valor añadido (como por ejemplo: Tecnología, Biomedicina…) y acercar el desarrollo a las zonas más desamparadas –proceso de urbanización del territorio rural– .
  • Afrontar el recelo que generan las inversiones chinas en el resto del mundo. China es un inversor neto exterior, pero aún genera desconfianza en sobretodo en países Occidentales.
  • Debacle demográfica. Los efectos de la “política del hijo único” han hecho estragos y se vislumbra una pirámide invertida con un envejecimiento de la población feroz en estas próximas décadas. Se requiere un crecimiento de la eficiencia de la población activa de forma imperiosa; China debe conseguir “ser rica antes que demasiado vieja”.

Aunque nada será fácil, se percibe esta evolución económica ineludible como factible. China ha sabido resurgir y entrar en la senda de la prosperidad en estas últimas décadas; además, hay un factor nacionalista que cohesiona y da legitimidad a un Partido Comunista que lo sigue controlando todo. Sin olvidar que ya ha habido un primer “ascensor social” para una incipiente clase media gracias a las políticas del Partido Comunista; y si esta masa social ha llegado donde está gracias al sistema, no irán contra el mismo.

Como punto y final a la Conversación Intergeneracional, ambos debatientes han remarcado que “todos necesitamos que China vaya bien”. En un mundo global como el actual, hay unas interdependencias muy fuertes; sin ir más lejos, España ha triplicado sus exportaciones a China durante la última década.

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