Tipos duros

Los tipos duros están de moda. Gobernantes como Donald Trump, Vladimir Putin o Viktor Orban, que apelan al puño de hierro y a la tolerancia cero. Que se dicen populistas orgullosos y se mofan del pensamiento ilustrado racional. Han tomado el altavoz; la cuestión es por qué y hasta cuándo.

Hace unas semanas, la revista Time dedicaba su portada a cuatro “hombres fuertes” que están condicionando la política internacional: Vladimir Putin en Rusia, Rodrigo Duterte en Filipinas, Tayyip Erdogan en Turquía y Viktor Orban en Hungría. En páginas interiores, el autor del análisis, el consultor y profesor Ian Bremmer, incluía a Donald Trump en Estados Unidos: “Este tipo duro no es una creación de Hollywood. Vive en la Casa Blanca y representa el papel gustosamente”.

Son gobernantes que se manejan en escenarios muy distintos y con niveles de apoyo dispares, pero les une una incorrección política y una mano dura que seduce a sus votantes. “Estos populistas rudos prometen protegernos de ‘los otros’. Dependiendo de quién hable, esos “otros” pueden ser la élite corrupta o los pobres que se aprovechan; los extranjeros o las minorías raciales, étnicas o religiosas. Políticos desleales, burócratas, banqueros o jueces. O reporteros mentirosos. De este planteamiento divisorio ha surgido un nuevo arquetipo de líder. Estamos en la era del hombre fuerte”, razona Bremmer.

Sin embargo, para algunos analistas trazar una línea argumental entre estos líderes es un error. “Cada uno procede de un contexto totalmente diferente”, apunta Shaun Riordan, analista y ex diplomático británico. “El texto de Bremmer carece de profundidad, parte de los prejuicios de quienes defienden el orden liberal mundial, con un papel central de EEUU, la ONU, Bretton Woods… Una visión del mundo que sin duda ha beneficiado mucho a una clase, pero no al grueso de la población mundial. Debemos ver que se está produciendo cada vez más desigualdad en el mundo y no debe sorprendernos que en muchos países los votantes partan del rechazo a ese esquema”.

Nada nuevo

Figuras fuertes, con más o menos toques autoritarios, han existido desde siempre. El populismo, también: en la Rusia de 1870, en EEUU desde 1890 y en sucesivas ocasiones como la era McCarthy, en América Latina… Pero tras la Gran Crisis económica de 2008, que ha generado un aumento de la desigualdad y bolsas de olvidados en los cinco continentes, el fenómeno se ha reactivado.

“La expresión de esos llamados hombres fuertes ha sido apabullante esta primavera: por un lado hemos visto a Xi Jinping cambiando las reglas en China para otorgarse más poder; por otro a Putin renovando una vez más su mandato…”, comenta Pedro Rodríguez, profesor de Relaciones Internacionales en Comillas-ICADE. “Creo que esa mezcla de populismo, autoritarismo, poses euroescépticas, desprecio al pensamiento racional… tienen que ver con la crisis de representación que vivimos en las democracias occidentales y esa sensación de que un líder carismático, decisivo, lo va a solucionar todo”.

El ex ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble, preocupado por el auge de la extrema derecha euroescéptica de AfD y de sus vecinos comparables, advirtió contra una “nueva oleada populista”, que de no combatirse podría desestabilizar el proyecto europeo. “De Alemania tenemos la idea de la solidez, la corresponsabilidad para evitar que llegue al gobierno la extrema derecha, pero la realidad es más compleja y la AfD es la tercera fuerza parlamentaria. La situación es realmente precaria”, subraya Pedro Rodríguez.

Frente a los hombres fuertes y lo irracional, ¿seduce un “enarca” como Macron? ¿O una Merkel apelando a la mesura y la responsabilidad fiscal? Europa trata de aprovechar el hueco que dejan los exabruptos como la retirada de EEUU del acuerdo nuclear con Irán, o el abandono de ciertos tratados comerciales. Pero tiene muchos frentes abiertos, muchos huecos por los que se cuelan la desafección y el populismo: Francia, Alemania, Italia, Holanda, Hungría… “En Europa del Este, por ejemplo, sienten que la UE les ha abandonado. Que al entrar en el club han recibido menos fondos que otros como España, y sin embargo han sacrificado su agricultura y su sector industrial, que ya no controlan”, opina Shaun Riordan, que por trabajo viaja con frecuencia a la zona.

Lo que han sabido bien esos gobernantes “fuertes” es tomar el pulso a sus conciudadanos. “Son la prueba de que se puede ser muy manipulador y a la vez muy sincero”, explica Riordan. “Erdogan, Xi Jinping, Putin, Orban… realmente actúan creyendo que van a devolverle la grandeza a sus países”. Lo peligroso es que no ofrecen coherencia intelectual, pero van en serio.

Back To Top