«Sí que habría solución si dependiera de nosotros»

Esta es una interesante y sustanciosa crónica personal de uno de los asistentes a la Conversación Intergeneracional “Pacto de la concordia: dialoguemos para recuperar el respeto, los afectos y la confianza”, que tuvo lugar en Barcelona el día 30 de enero de 2018, Juan Manuel García Ferrer, ingeniero, y colgada en su interesante muro de Facebook.

«(…) Ayer tuve la oportunidad de asistir en el Colegio de Economistas al «Foro de Foros. Foro de pensamiento, debate y aprendizaje intergeneracional». El tema que tocaba: «Pacto de la concordia: dialoguemos para recuperar el respeto, los afectos y la confianza». En la mesa, cuatro juristas a los que algunos rápidamente clasificarían con ese «equidistante» que se ha convertido en un insulto. Lo que sí es cierto es que les sería aplicable ese «Ni lo uno ni lo otro, más bien todo lo contrario» hablando, claro, de las posturas ante la cuestión catalana.

Juanjo Álvarez, Catedrático de Derecho Internacional, hizo -muy bien, a mi juicio, ofreciendo además aportaciones muy valiosas- de moderador. Antes de dejar turno a los ponentes recalcó ciertas evidencias, las dos primeras sobre la judicialización (o como se diga) de la política:

– Que el Derecho y la Política son como el agua y el aceite.

– Que la obligación de los juristas debería ser tender puentes y no elevar diques.

– Que mantener un discurso negativo es mucho más fácil que construir uno positivo

Para, a continuación aseverar algo sobre sí mismo (que tiene el pesimismo positivo de Sartori) y algo estremecedor aunque, visto de dónde se sale, también positivo: Que en el País Vasco, donde vive y de dónde ha venido para el acto, están recomponiendo la convivencia, que no los afectos, porque eso ya será imposible para esta generación.

Juan José López Burniol ha empezado por renegar del título, bajo el que se sentía -ha explicado- incómodo: De recuperar los afectos nada. Llegar, en todo caso, a un pacto, para lograr una salida.

Ha recordado que hace cien años se hablaba de cuatro grandes problemas en España: el agrario, el religioso, el militar y el catalán, que es el único del que se sigue hablando hoy en día, por lo que eso de «calentón» que decía algún gobernante sobre el conflicto catalán, nada. Es el tema de la Estructura del Estado, ha remachado, el problema que siempre ha existido y se ha enquistado. Porque se trata de un problema de reparto del poder.

Pero pase lo que pase -ha seguido- seguiremos en la Península. Se deberá hablar de la regulación del Ebro, por ejemplo. Habrá que articular ese y otros tipos de cosas. Ha expuesto las cuatro únicas posibilidades:

1.- España como Estado único, que dice que no lo ha sido nunca, porque para ello habría de haber tenido a lo largo de su historia algo que no ha tenido: unidad de caja y de derecho.

2.- Estado federal. Como una comunidad de vecinos.  Es la Junta de copropietarios la que define las zonas comunes. Falló esta salida porque falló el Senado.

3.- Estado confederado. Cada uno propietario de su parcela. Pero luego aguó esta posibilidad, porque explicó que no existen, realmente. Hasta la Confederación Helvética paso a federarse. Y la norteamericana acabó con una guerra civil.

4.- Varios estados independientes.

Dado que el diálogo ya no convence a nadie, pues todas las posturas se han oído y no se escucha al que luego diría Blanca Vilá que ha pasado de ser adversario a ser enemigo, ha acabado su presentación diciendo que sólo sería posible el diálogo transaccional, firmando y haciendo las concesiones necesarias para llegar a un contrato.

Blanca Vilá, experta en Derecho comunitario, empezó su turno señalando el enorme fracaso que representa la situación actual, pero su intención de superarse anímicamente, tratándolo como si no fuera tal.

¿Es posible un pacto? -se ha preguntado a viva voz-. Es difícil existiendo como existen dos fracturas, que a veces se aprecian como profundas zanjas: la Fractura intracatalana y la extracatalana. La única manera sería recuperando la tradición pactista catalana. Buscando ejemplos positivos sacó a relucir lo que ocurrió en Europa tras la guerra mundial, viendo y sufriendo el desastre ocasionado. Sintiéndose medio griega, pues ha pasado en aquel país mucho tiempo desde su época estudiantil, explicó que sería imprescindible partir de la anagnórisis, el reconocimiento mutuo, cosa que ahora, tras el mencionado paso de los adversarios a ser enemigos, se hace extremadamente difícil. Quizás sea necesario, pues, pasar un cierto tiempo de Introspección, un tiempo sin hablar de ciertos temas… Pero eso no puede mantenerse así demasiado…

Gonzalo Rodés, de Barcelona Global, una asociación de grandes empresarios que dicen querer hacer de Barcelona una de las 100 ciudades globales (si no lo es ya), es quien ha mantenido un discurso con el que más me cuesta identificarme, porque esa eterna competición mundial personalmente la veo, aunque real, de lo más inhumano y -es más- cargada de peligros autodestructivos. Dicho lo cual, y aunque pueda ser tachado de incoherencia, también es verdad que le entiendo cuando habla del serio riesgo de la ciudad de descabalgarse de su posición internacional. La percepción de Barcelona desde el exterior en estos momentos, contrariamente a lo que pasaba hace unos años, la de una ciudad en la que no conviene invertir. Para redondear su idea dio ejemplos de otras ciudades que han pasado o están pasando momentos similares (Milán, Montreal), para acabar señalando que la única posibilidad de salida de esta situación sería que se organizase la ciudad, la sociedad civil.

En el coloquio, muy vivo, se fueron recalcando algunos conceptos y aparecieron otros destacables:

– Se habló de que se aprecian posturas que buscan un monopolio de poder, aquí (gobierno catalán) y allí (gobierno español)

– Blanca Vilá concedió que posiblemente los políticos sí que podrían llegar a admitir la transacción de la que hablaba Burniol, pero traspasadas las líneas que ya se han traspasado, duda de que la gente que ha acompañado todo este proceso llegue a admitirla.

– Juanjo Álvarez, que como he dicho más arriba viene del País Vasco, explicó que la sociedad vasca, viendo lo acaecido en Cataluña, parece haber descartado la unilateralidad, y dejó a todos asombrados explicando que una representante equivalente a  lo que aquí sería la CUP, y que años atrás habría sido HB, había dicho en sede parlamentaria que el estatuto del 79 era una joya para el País Vasco de la que nunca debieran abjurar. Es inaudito -continuó- que lo hubiera dicho en el Parlamento, porque cosas de éstas los políticos sólo las suelen decir en petit comité, como no tienen el arrojo de decir públicamente lo que dicen en privado que pasa, y que aclararía mucho cómo funcionan realmente los diferentes grupos parlamentarios .

– Un asistente, que dijo haber venido a vivir él mismo a Barcelona también proveniente del País Vasco recalcó la sensación de déjà vu que había tenido viendo lo que había visto en cuanto a comportamiento de familias y amigos por aquí.

El moderador acabó con un consolador: «Sí que habría solución si dependiera de nosotros». Pero, en su fuero interno, o al menos un servidor, vieron lamentablemente girar sobre su eje la cuestión, sin ver por dónde podría avanzar algo la cosa. Tal como hacía el tiovivo del Caspolino, que por algo estaba en ese mismo emplazamiento hace no tanto tiempo.»

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