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José María Gil-Robles y Gil-Delgado

JOSÉ MARÍA GIL ROBLES Y GIL DELGADO

Cuando tenía 14 años, su padre cogió un tomo de su biblioteca y se lo tendió. Eran las memorias del alcalde de Roa, el pueblo donde murió el Cardenal Cisneros. El libro “trataba de un alcalde del siglo XIX, en una época de luchas entre carlistas y liberales, que andaba siempre zarandeao de un bando a otro. Y el pueblo no avanzaba nada. Mi padre me dijo: Mira, José María, esto es lo que pasa en España. Cuando salimos de esta espiral, estamos bien. Cuando estamos dentro, estamos mal”. Eran las palabras de quien fue diputado en las Cortes republicanas entre 1931 y 1939, ministro de la Guerra en 1935 y fundador de la CEDA. Un personaje clave de la política española que marcó a su hijo profundamente.

También José María Gil-Robles y Gil-Delgado (Madrid, 1935) ha conformado la Historia, desde el exilio en Estoril a la presidencia del Parlamento europeo. En casi un siglo de vida ha ejercido como Letrado de las Cortes, profesor de Derecho Político, editorialista y eurodiputado. Analizamos con él la actualidad, el origen de un sentir actual y las perspectivas de futuro.

¿Cómo está? ¿Le han dicho cuándo se vacuna?

De momento estoy bien. Todavía no me han avisado. No me da reparo vacunarme, pero tampoco tengo prisa.

Háblenos de su infancia exiliado en Estoril, jugando al fútbol con el conde de Saboya y escalando tapias con el Rey Emérito.

La verdad es que el exilio nunca es divertido porque lleva siempre una prohibición, la de estar en tu patria. Pero por otro lado yo lo pasaba bien, como los niños lo pasan a esa edad. Juegas a un juego, al otro, al fútbol, lees cuentos… Tuve una infancia bastante normal.

¿Tenían un profesor que iba a casa o iban al colegio?

No, mi padre nos tomaba la lección todos los días. Y para algunas asignaturas especiales como las matemáticas o el latín echaba mano de los Salesianos. Él fue alumno salesiano y nosotros íbamos mucho a los Salesianos. Unas veces a jugar, al cine y otras a estudiar. Yo le tengo mucha devoción a los Salesianos y me considero antiguo alumno.

¿Sus recuerdos son en español, portugués o ambos?

Es una situación que se da en muchos sitios de España que los castellanos no entienden bien. Yo hablaba castellano en casa con mi abuela, que vivía con nosotros, mi tía Carmen, mi madre, todo el rato. Pero en la calle siempre en portugués: cuando iba a comprar algo, cuando jugaba con algún amigo portugués, con los Salesianos… simultaneaba todos los días los dos idiomas.

¿Ha vuelto a Estoril de mayor?

Sí, y siempre que puedo hablo portugués. Portugal siempre produce saudade porque es un sitio muy agradable.

Ese exilio por la guerra civil, ¿cómo le marcó? Usted en febrero del 36 apenas tenía un año, pero ¿recuerda que en su casa se hablara de ello en la mesa?

En casa de la guerra no se habló nunca, pero yo me di cuenta de lo que era la política cuando a mi padre le confinaron en el año 45 y me fui con él a preparar el ingreso de Bachillerato. Estuvimos solos en un hotel durante todo el invierno. Era el que me podía preparar y me preparó, me preparó muy bien.

¿Por qué le confinaron?

Por haber ayudado a uno de los manifiestos de Don Juan. O por unas declaraciones en un periódico argentino. Ya no recuerdo exactamente cuál de las dos actividades fue.

¿Se acuerda mucho de su padre?

Muchísimo. Es una sombra inmensa que me ha dominado toda mi vida.

¿En qué papel le vería en la política de hoy?

Creo que él todavía tuvo un papel en la Transición, pero hoy diría que es un personaje de demasiada altura para la política de hoy. El nivel por desgracia en España es muy bajo. Él no estaría cómodo y creo que ninguno de los demás estaría cómodo con él.

Tenemos más formación e información que nunca, y sin embargo la desafección y degradación del clima político aumentan.

Da la impresión de que ahora estamos en una política de enanos. Así como la Transición fue un hecho político de gigantes, este es un momento político de enanos. Y perdone la comparación porque con esto no quiero despreciar en absoluto a los enanos. Lo que quiero decir es que la talla ha disminuido mucho.

Cuando se habla hoy de clima guerracivilista y de que no hemos superado la polarización, ¿lo comparte?

Sí porque la polarización siempre es el problema que está encima de los españoles. En las épocas en las que somos capaces de superarla, el país avanza. Cuando nos aferramos a la polarización, el país se estanca.

¿Cómo se rompe esta inercia?

Tienen que romperla los españoles. En la Transición, que tanto se evoca, los españoles estaban decididos a no pelear, y no pelearon. Tienen que ser los españoles quienes rechacen esas invitaciones a odiarse, a considerar al otro como inaceptable. Eso hay que despacharlo. Todos tienen su derecho a su forma de pensar y a expresarlo.

Escribía Javier Cercas en el aniversario del 23F que este es el mito fundacional de la democracia española. Decía: ¿Qué es un español? Es alguien que tiene una teoría o guarda un secreto del 23 de febrero. ¿Con qué se queda usted de ese día?

El 23F yo afortunadamente estaba volviendo a Madrid del campo porque aunque soy letrado de las Cortes no tenía función en ese momento. Estaba con unos amigos en Ávila cuando me enteré del acontecimiento. Intenté ponerme en contacto con el Estado Mayor. No fue posible. Le pedí a mis amigos que me trajeran a Madrid y esperé. Gracias al discurso de Su Majestad no pasó nada.

Para algunos la información sobre ese momento no fue suficiente.

Hubo un verdadero peligro, es cierto. Y el peligro se desactivó gracias a la actitud decidida del Rey. No podemos ocultar que en aquel momento todos tuvimos miedo.

¿Cómo se ve el proyecto europeo después de pasar por el Parlamento? ¿Si volviera ahora qué le parecería prioritario?

La Unión Europea acaba de dar el paso más importante de los últimos 30 años. El haber puesto 750.000 millones de deuda conjunta y haber asumido esa deuda conjuntamente, porque eso supone que habrá que pagarla entre todos y encontrar unos recursos propios para pagarla. Una decisión de esa importancia llevaba mucho tiempo sin tomarse. Yo lo planteé en la cumbre de Luxemburgo del año 97, hace 23 años, y entonces se opusieron tanto Kohl como Chirac. Dijeron que aunque se ampliase la Unión no hacía falta. Y sí hacía. Y eso se acaba de remediar este año. Es importantísimo

La UE ha actuado por fin de manera conjunta a la hora de comprar vacunas. Pero al mismo tiempo se ha puesto de manifiesto su dependencia industrial. Bruselas está entre la espada y la pared con las farmacéuticas. Los retrasos en las vacunaciones le han supuesto pérdidas económicas a la UE de 90.000 millones de euros en lo que va de año. ¿Qué lectura hace?

Que hay que reforzar a la Unión cada día un poco más. Nos hemos decidido a poner los medios 23 años tarde, como le decía. Ahora nos damos cuenta de que eso conlleva una serie de retrasos a la hora de establecer un sistema de salud común, o de tratar con las tecnológicas… Toda una serie de flecos que ahora habrá que ir zurciendo y arreglando. Pero tomada la decisión importante, las demás vendrán sucesivamente. Lo veremos en esa conferencia sobre el futuro de Europa que se va a celebrar en mayo.

Cuando usted presidió el Parlamento Europeo, China ni siquiera había entrado en la Organización Mundial del Comercio. Hoy es la segunda potencia del mundo. ¿Está siendo hoy Bruselas ingenua o realista con Pekín? 

China está teniendo una capacidad de crecimiento asombrosa, pero está llegando a sus límites. Pronto le va a suceder la India. Vamos a ir hacia un mundo muy distinto del que conocemos, donde serán los grandes conjuntos los que cuenten. Estados Unidos y Europa, que ahora vuelven a aliarse, Rusia, China, India… Latinoamérica tardará, pero terminará por unificarse. Nuestro mundo de nacioncitas pequeñas se va a acabar, aunque todavía los ingleses no se hayan dado cuenta.

¿Y al mismo nivel que los gobiernos estarán compañías como las GAFA estadounidenses?

La lucha con las grandes compañías acaba de empezar y habrá golpes por los dos lados.

¿Se necesita más regulación y romper esos oligopolios tecnológicos?

Sí. Esas compañías tienen que pagar y estamos empezando a hacer que paguen, pero la lucha va a ser dura.

¿Donald Trump es un incidente que se corregirá en los próximos años o un punto de inflexión en la forma de hacer política?

No es algo que pasará tan fácilmente. Lo vamos a tener durante tiempo y él va a intentar sostenerse todo lo posible. Su populismo a algunos les resulta atractivo. Aunque acabaremos con eso.

¿Le preocupan las cicatrices que dejará esta pandemia? ¿Son parte de la Historia o algo más?

Son parte de la Historia, por desgracia. Siempre al final los que están peor pagan más. Eso es muy triste, pero es así. Y la pandemia no va a corregirlo. La pandemia dejará un reguero triste, pero aprenderemos que las pestes pueden venir en cualquier momento. No va a eliminar la desigualdad social. Para eso tendremos que seguir luchando.

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