Las redes, el pasado y el perdón

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Las redes, el pasado y el perdón

Decía Ortega que la juventud necesita creerse superior. “Claro que se equivoca, pero este es el gran derecho de la juventud”, apostillaba el filósofo. En Estados Unidos, muchos hoy se preguntan si la crispación social tiene que ver con juzgar la juventud o la inconsciencia del prójimo. ¿Se están sometiendo los errores del pasado al examen de lo políticamente correcto?

El caso de la periodista Allegra Kirkland ha sido uno de los últimos más sonados. Aún no ha cumplido los 30 años, pero tenía buen currículum después de cubrir información política en Axios, uno de los medios digitales de más prestigio en EEUU. Su próxima aventura profesional iba a ser la redacción de Teen Vogue, pero no ha llegado a incorporarse. Sus compañeros lo impidieron. El motivo: unos mensajes que Kirkland colgó hace diez años en redes sociales, cuando tenía 17, burlándose de personas de origen asiático. En 2019 se disculpó públicamente por ello. Pero el mal ya estaba hecho. Para algunos sectores de la población, esa conducta debe manchar su expediente de por vida.

¿Estamos creando una sociedad incapaz de perdonar? Varios analistas, incluidos estadounidenses de origen asiático, se han escandalizado por este rigorismo. Si bien es cierto que los ataques hacia la población de raza asiática han aumentado en el último año -no olvidemos que el propio ex presidente Trump contribuyó a calentar el ambiente sobre el “virus chino”-, este giro puede ser peligroso.

El de Kirkland no es un caso aislado. Semanas antes, Donald G. McNeil, un veterano reportero científico de The New York Times, dimitió por haber hecho un comentario supuestamente racista en un viaje estudiantil a Perú patrocinado por el periódico, hace dos años. El periodista llevaba en el periódico desde 1976 y acumula decenas de premios, algunos de asociaciones afroamericanas. Tras su marcha, escribió en Medium una larga explicación (no quiso llamarla disculpa, ya que según él fueron comentarios sacados de contexto). Para sus detractores, se está aplicando una política necesaria de tolerancia cero; para quienes le defienden, el Times se ha plegado a la cultura del linchamiento.

Internet se ha convertido en un bumerán. Toda nuestra actividad en redes puede volverse contra nosotros en un futuro. Lo aceptable depende de convenciones sociales que cambian, a veces muy deprisa. La posibilidad de redimirse por un error cometido es cada vez menor. Y así también va menguando nuestra capacidad de perdonar. Esto no viene solo de la Red: como dice Martha Minow, profesora de Harvard y autora de When should law forgive? (¿Cuándo debe perdonar la ley?), en Estados Unidos existe una tradición de justicia excesivamente punitiva. Ella aboga por una jurisprudencia del perdón.

Las redes sociales están constantemente redefiniendo la imagen que tenemos de nosotros mismos, amplificando la confrontación y jaleando el revanchismo. La escritora Jia Tolentino, en su ensayo Falso espejo habla de que el yo contemporáneo no es algo para ser exhibido, sino construido y criticado. ¿Conseguiremos salir de ese bucle que nos condena a no poder equivocarnos jamás?

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