Pasión, valores y crecimiento personal. El valor de la experiencia vital.

Aristóteles defendía la idea de felicidad como bien supremo, como aquello que da sentido y plena finalidad a todo fin querido por el hombre. El discípulo de Platón ya nos alertaba de que las naturalezas vulgares y groseras creían que la felicidad era el placer y estaba aquí la respuesta a por qué solo amaban la vida material.

Aun reflexionando menos que Aristóteles, cualquier individuo contestaría que, al menos, una de sus metas en la vida es conseguir la felicidad. Pero, ¿sabemos todos de qué forma encontrarla? Sobre eso hemos reflexionado en Foro de Foros.

Con un moderador de categoría, Francisco Romero, Amigo de Foro de Foros, empresario, directivo y alpinista, comenzamos nuestra conversación en torno a “Pasión, valores y crecimiento personal. El valor de la experiencia vital”. En ella, nuestro moderador nos acercó a lo que se ha convertido en su pasión en los últimos años: el alpinismo. En uno de sus viajes a los Andes junto a su hermano, ambos casi pierden la vida. Tras esto, nada más lejos de no volver, años después regresaron al origen de su “segunda vida” con un proyecto debajo del brazo.

Francisco Romero nos invitó a reflexionar sobre las oportunidades que nos brinda la vida, incluso aunque no las percibamos como tal. Su experiencia vital con el alpinismo, le ha abierto las puertas para combatir la incertidumbre y percibir como “cumbres vitales” aquellos retos que la vida le plantea. Además, nos advierte de la presencia de diferentes retos que aparecen en nuestro día a día sin necesidad de escalar la cumbre del Himalaya. La positivización de las cosas es una de las claves fundamentales que nos plantea Francisco Romero. A esto debe acompañarle la relatividad como individuo, pero no un relativismo filosófico, sino a la relativización personal. Debemos aprender que ni nuestros actos, ni nuestras decisiones, son tan trascendentes como creemos.

Si alguien debía hablarnos de pasión ese era Javier Luxor. Mentalista corporativo, conferenciante y formador, compartió con nosotros su historia personal. Una historia llena de positivismo y retos personales. Pese a que ahora es uno de los mentalistas más reconocidos en nuestro país, Javier Luxor comenzó su vida académica y profesional haciendo “lo que debía hacer”. Realizó sus estudios universitarios como ingeniero y antes de finalizarlos ya tenía un puesto de trabajo. Pasaban los años y se encontraba en lo que la sociedad le había mostrado como una “vida plena”. Estaba casado con su novia de toda la vida, tenía una hija, un trabajo con un gran equipo a su cargo y sin entender por qué cada día que pasaba se encontraba peor anímicamente. Javier Luxor decidió dar un giro en su vida y seguir la pasión que nunca había llegado a abandonar del todo, el mentalismo. Según Luxor, nuestro sentido en el mundo se basa en llegar a ese punto en el que se alinean el talento, la pasión y la habilidad. La vida que nos propone Javier Luxor es una en la que nos retemos a nosotros mismos, en la cual nos pongamos retos que nos hagan sentir que aprendemos día a día.

“Lo más valioso de nuestra vida se explica por sí solo, no tiene que haber una utilidad o ventaja explícita”. Santiago Álvarez de Mon, profesor del IESE, es el autor de esta frase, que define perfectamente la esencia de nuestra conversación. Álvarez de Mon, nos narró su paso por la universidad donde se licenció en Derecho, además de sus viajes por EEUU para completar su formación académica. Tras pasar por Bank of America y  el Grupo Francés Promodés (Continente) la intuición “se le presentó” para advertirle de qué es lo que realmente estaba haciendo. Tras reflexionar sobre lo que había hecho realmente bien durante su vida llegó a la conclusión de que su futuro tendría que ser la docencia, a pesar de que todas las voces estaban en contra.

Para Santiago Álvarez de Mon, es muy importante mantener firmes nuestras decisiones, a pesar de que las convicciones sociales no coincidan con nuestros planes de vida, ni nuestras pasiones. Para conseguirlo, el profesor del IESE nos propone prestar atención a nuestro cuerpo, porque este, en comparación con nuestra mente, no miente.

El diálogo con los asistentes de nuestra Conversación Intergeneracional nos dejó claro que los miedos nunca pueden superar a nuestras pasiones, pero que no hay nada más humano que experimentar este sentimiento. Es necesario conocerse a uno mismo y reconocer nuestros valores para saber que la cumbre no es el final ni la meta a alcanzar, sino cómo realizas el camino.

Está en nuestra voluntad construir una sociedad que reflexione en torno a la felicidad para dar sentido a nuestra presencia en el mundo. Pero, ¿será suficiente hacerlo de forma individual? ¿Es necesario crear una conciencia en comunidad para conseguirlo?

 

Galería de fotos

Ver galería de fotos completa

 

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*

Back To Top