Muerte y dignidad

El lunes 2 de octubre, la escritora francesa Anne Bert recibió una inyección letal en un hospital de Bélgica. Lo había planeado todo al detalle: dos días después se publicó su libro póstumo, ‘Le tout dernier été’. Bert, de 59 años, sufría el síndrome de Charcot, un trastorno neuromuscular degenerativo e incurable que afecta a los nervios periféricos, esos que conectan la médula espinal y el cerebro con los músculos y órganos sensoriales. Llevaba más de un año padeciendo dolor y luchando por una muerte digna en su país, pero en Francia todavía no está permitida ninguna forma de eutanasia activa ni de suicidio asistido. Solo desde 2016 se contempla la sedación “profunda y continuada” hasta el fallecimiento del paciente, algo a lo que en la práctica solo pueden optar enfermos terminales. “¿Dormir a un enfermo para dejarle morir de hambre y sed es realmente más respetuoso con la vida que administrar un producto letal?”, se preguntaba la escritora cuando se aprobó el texto legal.

Escribía Anne Bert que un enfermo incurable no se debe a terceros. “No le hago daño a nadie asumiendo mi elección ni perjudico a quienes quieran seguir viviendo en el infierno”. Le pesaba tener que alejarse de los suyos para poder morir, en un momento en que uno es más vunerable que nunca. Tuvo que ser incinerada en Bélgica por razones administrativas y logísticas. Pero pidió que sus cenizas se llevaran a su hogar en el sur de Francia. La Asociación por una muerte digna (ADMD, en francés) declaró escandaloso que tuviera que cruzar la frontera para ir a morir, como hace años era necesario para abortar.

La mayor parte de los países penalizan la eutanasia activa, es decir, la administración de un producto al enfermo para terminar con su vida. Las excepciones son Bélgica (la aprobó en 2002, tras dos años de debate intenso), Holanda, Colombia y Luxemburgo. El suicidio asistido es legal en Canadá, Suiza, y los estados de Oregon, Washington, Montana, Vermont y California, en Estados Unidos.

En Suecia, Noruega Austria y Alemania se ha optado por permitir la eutanasia pasiva bajo determinadas circunstancias, despenalizando la retirada de tratamiento cuando el paciente lo pide, prohibiendo el llamado ensañamiento terapéutico o distanasia. En México Por el contrario, en Italia, Portugal, Rumanía, Bosnia, Serbia, Polonia e Irlanda la eutanasia se considera homicidio y puede comportar penas de prisión.

En España ninguna ley contempla la eutanasia o el suicidio asistido. Según el Código Penal, ambas son delito. Pero la ley de la autonomía del paciente, de 2002, nacional, reconoce al enfermo derechos como negarse a recibir un tratamiento. En nueve comunidades autónomas existen leyes para la muerte digna, que otorga el derecho al paciente a cuidados paliativos, a dejar un testamento vital en el que decida dónde quiere morir, si en el hospital o en su casa, y quién quiere que le acompañe. En las comunidades donde esto no está legislado se da en todo caso el derecho a un testamento vital, en el que el autor –con todas sus facultades mentales- puede renunciar por ejemplo a recibir tratamiento. Desde la Asociación Muerte Digna consideran que esas leyes no han mejorado la calidad de la muerte y que solo una ley de muerte voluntaria lo logrará.

Cómo llegar al final

Eutanasia y muerte van de la mano, pero no son sinónimos, del mismo modo que tampoco lo son eutanasia y muerte digna. El hecho de que la eutanasia facilite el fallecimiento del paciente no implica que sea el único medio para poder morir dignamente, es solo una opción que muchos querrían tener garantizada en caso necesario. ¿Y qué es morir dignamente? Un concepto íntimamente ligado a nuestra educación, sociedad y valores.

¿Nos cuesta relacionarnos con el fin de la vida? ¿Y sentir empatía hacia quien quiere morir? ¿En qué momento es necesario morir? ¿Cómo medir legalmente el umbral de dolor que uno ha de soportar?

Más que un hecho natural, la muerte se ha convertido en uno de los grandes debates sociopolíticos y morales del siglo XXI. Máxime ahora que la ciencia y la tecnología nos permiten prolongar la vida mucho más.

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