Macron se la juega a reformas inmediatas

El Tesoro francés tanteó los mercados financieros esta semana con una oferta de nuevos bonos a 30 años, hasta 7.000 millones de euros. La acogida ha sido casi tumultuaria, demanda inmediata por más de 30.000 millones con la posibilidad de reducir en varios puntos básicos el precio de referencia que estaba en el 1,88%, casi un punto (92 p.b.) por encima de mismo bono alemán, pero 61 p.b menos que el español y 111 p.b por debajo del italiano. Si días antes de la elección de Macron inversores japoneses vendían bonos franceses ahora recompran y pide más.

Macron es una rara avis cuyos resultados están por conocerse, pero su aterrizaje directo y a la primera en el Palacio del Eliseo es asombroso, una demostración del efecto del azar y la necesidad. La necesidad de la reforma a fondo de la República, una tarea pendiente desde hace décadas, en la que fracasó Sarkozy (la derecha tradicional) y Hollande (el socialismo clásico). Macron se ha colocado por encima de ambos, equidistante de ambos, para lograr aquello en lo que los otros no consiguieron.

 Parar la decadencia de Francia (el país que ha sido más rico del mundo durante más tiempo, una nación bendecida por la naturaleza y la geografía) para revertir ese proceso es tarea de titanes, entre otras razones porque la sociedad francesa no está dispuesta a asumir riesgos, es conformista, temerosa y apenas cree en su propia capacidad de resurgir.  

A la necesidad que empuja a Macron se ha unido el azar que le ha llevado en volandas en un cortísimo espacio de un año a la Presidencia de la República. El azar del derrumbe del socialismo francés dinamitado por traiciones internas permanentes, que Hollande no fue capaz de sofocar. El azar de que las primarias en el partido Republicado, en la derecha tradicional, dejarán en el camino a Alain Juppé (el candidato con más posibilidades) y abrieran la puerta a Fillon que tropezó con sus propios errores en el peor momento.

Hace pocos meses Macron era un mero experimento de laboratorio con posibilidades, remotas, para 2022. Hoy es el solemne Presidente de la República, heredero del General y del astuto Mitterrand. Los pasos de Macron en los pocos días de ejercicio del cargo han sido firmes, calculados y precisos, ejercicio riguroso del poder, con autoridad para armar un gobierno inclusivo y de amplio espectro.

Le queda, ahora, demostrar que va a hacer lo que promete, lo que estima que necesita Francia para sacudirse la decadencia, lo que ha prometido a la canciller Merkel para ponerse a su nivel. Para ello tendrá que superar obstáculos internos poderosos, los que llevaron al fracaso a Sarkozy y a Hollande. También al propio Macron que como ministro de Economía dejó a mitad de sus pretensiones.

Da la impresión de saber que lo que no haga en los primeros meses no lo conseguirá más tarde. Su próximo objetivo es una Asamblea leal, a su medida, lo cual puede ser una realidad el 18 de junio, pero a partir de ese día la velocidad en las reformas será decisiva para su éxito. Los mercados, de momento, le otorgan crédito, en cantidad y buen precio, pero eso hay que renovarlo cada día.    

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