Lo complejo de legar bytes

Música, libros, fotografías, contraseñas bancarias, criptomonedas… Activos, algunos muy valiosos, que podemos querer dejar a nuestros descendientes. O que irremediablemente ellos van a tener que gestionar de un día para otro en caso de desgracia. En los años 90 nuestro legado digital se limitaba a emails y poco más. Hoy podemos tener almacenadas todas las óperas del mundo en varios discos duros o acciones de una startup en forma de moneda virtual.

Michael Moody, un padre estadounidense que perdió a su hijo hace cinco años en un accidente de avión, lleva desde entonces intentando acceder a los bitcoin que este había almacenado. La empresa que gestiona la cartera digital del fallecido le pide códigos de verificación que no tiene, y que son cruciales para garantizar la seguridad de la tecnología blockchain, en la que se basa la criptomoneda. El padre no sabe ni siquiera de cuánto dinero disponía su hijo. Y no existe ninguna autoridad a la que reclamar.

El caso de Moody es extremo, pero cada vez más personas tienen que lidiar con el rastro digital de un fallecido. Por ejemplo, reclamando a las empresas de Internet que cierren su perfil en Facebook o Twitter. “El vacío legal puede tener varias derivadas. Muchas veces no los consideramos bienes tangibles o convertibles en dinero, por lo que no se les presta mucha atención hasta que te encuentras con el problema”, dice Guillermo Plaza, socio de Lean Abogados. “Además, cada una de las redes sociales que utilizamos, cada página a la que accedemos, tiene sede en otros países, con lo cual es difícil legislar y mucho más difícil que se apliquen las posibles normas que se elaboren”.

Al detectar estos problemas, las propias empresas han empezado a crear sistemas de control. Google permite activar preferencias sobre quién queremos que administre nuestra cuenta. Twitter borra automáticamente los perfiles que no se han usado en más de seis meses. Facebook convierte la cuenta en un perfil conmemorativo al que nadie más puede acceder. Esto ha provocado ya problemas legales: el año pasado unos padres en Berlín perdieron un juicio contra esta red social. Querían acceder a los mensajes de Facebook de su hija de 15 años, que se suicidó supuestamente por haber sufrido acoso escolar. Pero Facebook no permitió a los padres que accedieran a la cuenta, argumentando que quizás la titular no lo habría querido así. En el blog corporativo empresa reconoce que se enfrenta a un dilema: “Cómo sopesar los intereses en conflicto de los sobrevivientes, determinar los deseos de los fallecidos y proteger la privacidad de terceros han sido algunas de las cuestiones más difíciles a las que nos enfrentamos, y todavía no tenemos todas las respuestas. Las leyes pueden proporcionar claridad, pero a menudo no lo hacen. En muchos países, el marco legal para transferir activos a los miembros sobrevivientes de la familia no representa los activos digitales, como las redes sociales o las cuentas de correo electrónico. Sin embargo, estamos haciendo nuestra parte para intentar que estas situaciones sean más fáciles para todos”.

No todo se hereda

Una cosa son los bienes digitales y otra, la información personal.¿Se puede hacer un testamento digital que lo organice todo: contraseñas, bitcoins, perfiles de redes sociales…? Para Javier Prenafeta, abogado experto en tecnologías digitales, el propio término testamento digital induce a error. “No podemos transmitir la titularidad o derechos sobre cuentas o servicios de Internet, ya que solo somos usuarios, y así se especifica en el contrato que firmamos al darnos de alta en esas plataformas. Como mucho podríamos dejar que otros accedan a nuestro perfil, pero eso no implica una transmisión de propiedad o titularidad, y siempre claro que la plataforma lo autorice”, subraya. “Otra cosa es que dentro de un servicio tengamos imágenes, música, software, u otros contenidos propios… que sí sean nuestros y eso lo podemos transmitir por testamento. Pero no es un testamento digital, es un testamento en el que se dejarían derechos que, en última instancia, están en soporte digital, lo que es distinto”.

¿Existe un vacío legal respecto al legado digital de los ciudadanos? En el caso de España Javier Prenafeta no lo cree así: “Actualmente con la legislación que tenemos es posible dejar esos bienes intangibles por testamento, al igual que otras propiedades. Y respecto a gestionar información personal de un fallecido, creo que por otro lado tanto la normativa sobre protección de datos o sobre el derecho al honor, intimidad y propia imagen ya lo regulan adecuadamente”, anota.

En Estados Unidos, la jurista Natalie Banta explica que la ley es muy clara sobre el manejo de documentos en papel y otras propiedades físicas cuando alguien muere. Pero cuando se habla de formatos digitales y de información, surge la confusión. Así lo explica: “Como profesora de derecho en la Drake Law School que ha estudiado traslados de propiedades durante años, he visto que hasta ahora, en la mayoría de los casos, la información la controlan las compañías que la almacenan, independientemente de lo que los usuarios quieran o lo que suceda después de su muerte”.

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