Las nuevas fábricas de dinero. Por Alfredo Sanfeliz

Nuevas fábricas de dinero.

Observando las cosas de la Tierra con la perspectiva que uno tiene desde Marte, resulta sorprendente observar cómo, desde que existe el mundo de las criptomonedas y figuras similares, la manera más directa de hacerse rico es montar directamente una fábrica de dinero. A alguien se le ocurre la idea de crear y poner en el mercado una nueva moneda que funciona sobre una determinada tecnología (blockchain), crea la criptomoneda, consigue que se la compren y el objetivo está cumplido. Y ¿para qué va a preocuparse de hacer algo que verdaderamente  genere riqueza para la sociedad? Directamente vende el dinero fabricado y se hace rico sin tener que afanarse en aportar valor alguno.

Al fin y al cabo, esto es lo que hace quien crea los bitcoins u otras criptomonedas. Pero el fenómeno va más allá y hoy, con apoyo en esa tecnología del blockchain, la afición a fabricar dinero se ha extendido a la creación de activos financieros, poniéndose también de moda las fábricas de cripto-activos financieros construidos sobre la singularización de cosas que ya existen y sin la creación de ninguna nueva riqueza real o disfrutable para la sociedad. ¿No es esto lo que se hace con los nuevos tockens digitales? Mediante la creación de tockens el emisor vende algo que ya existe  para que alguien pueda sentirse dueño exclusivo de una imagen, una canción o lo que sea, pero sin creación de valor para la sociedad.

Pongamos por ejemplo que alguien tockeniza el gol que da la victoria a un equipo en la final de un mundial de futbol. Lo coloca en el mercado y le pagan un millón de euros por él.  Se trata de un activo cuyo valor de un millón de euros es oscilante (como todas las monedas y activos financieros) y que, en sí mismo, resulta inútil. Su valor proviene únicamente de haber conseguido crear un círculo de confianza por el cual, cuando el titular del activo quiera venderlo, habrá un mercado que le permitirá trasmitirlo. Solo tiene valor  porque la gente está dispuesta a pagar por él.

Si nos liberamos de nuestras perspectivas ancladas en ya rancios condicionamientos y marcos mentales, ¿hay alguna diferencia entre esto y un bitcoin, o un lingote de oro, o incluso un bono de deuda pública? Más allá de las diferencias técnicas y de sus subyacentes, en sustancia, el valor de cualquiera de esos activos se encuentra exclusivamente en la expectativa de que alguien los aceptará en el futuro en canje de otros bienes o pagará por adquirirlos. Y quien así paga lo hará porque ocurrirá lo mismo cuando quiera él deshacerse de ellos o canjearlos por otros bienes o activos.

Por tanto, la realidad es que si alguien tockeniza con éxito ese especial gol del mundial de futbol, por arte de magia se crea riqueza financiera por la referida cifra de un millón de euros. Y si este activo podemos convertirlo en dinero en un mercado financiero del tipo que sea y dejando al margen  su mayor o menor volatilidad ¿no es ello en sustancia prácticamente lo mismo que crear directamente dinero (o riqueza financiera) sin creación de ninguna riqueza real asociada?

Si se supone que la riqueza financiera es una representación de la riqueza real, ¿de dónde sale la cuota de riqueza (y del poder de compra) que se atribuye a sus creadores con las criptomonedas y los cripto-activos financieros de un tipo u otro?  Creo que la única respuesta es que la riqueza atribuida es succionada por los emisores de estos de la riqueza preexistente y que hasta entonces tenían otras personas representada a través de otros activos financieros, incluidas las monedas oficiales. Pocas dudas tengo de que si no se aumenta el pastel que representa la riqueza real disfrutable (incluyendo la capacidad de comprar cosas y el trabajo de las personas) pero se aumenta la riqueza nominal financiera existente en el mundo, la riqueza real  disfrutable que estaba representada por los activos financieros (incluido el dinero líquido) antes de la emisión de los nuevos cripto-activos deberá ahora ceder un trozo de ese pastel para los que han fabricado esos cripto-activos quienes indirectamente tendrán una capacidad de compra de su parte alícuota del pastel que sin embargo no ha ampliado su tamaño.

Pero que nadie tome esta reflexión como una crítica en sí a la idea y la creación de los cripto activos o monedas pues estos no son sino la consecuencia de la enfermedad preexistente de sobre-financiarización o fundamentalismo financiero en el que nuestra sociedad vive sumida desde hace unas décadas. Pues el mismo efecto de dilución y traspaso de la riqueza las manos de unos a las de otros sin contraprestación valiosa se produce igualmente en el mundo financiero ortodoxo con los programas de rescate, inundaciones de liquidez, ayudas, recompras de deuda, devaluaciones….

El desacoplamiento que se está produciendo en nuestras sociedades entre la riqueza real y la financiera es alarmante y genera una enorme confusión. Supone la creación de unas reglas del juego nuevas que todavía no entendemos bien salvo quienes saben jugar al monopoly de esos novedosos mercados financieros. Se trata de reglas selváticas que desmoronan el sistema de principios, méritos y equilibrios sobre los que antes se producía el reparto de la riqueza verdaderamente disfrutable y del poder en sí mismo asociado a la titularidad de riqueza financiera. La sociedad con su sistema hiper financiarizado está premiando a los fabricantes de riqueza de la artificial y puramente nominal o, lo que es lo mismo, riqueza financiera. Y las criptomonedas son el aprovechamiento revolucionario y oportunista de ello.

¿Es este el sistema social de recompensas y de reparto de poder que queremos para nuestra sociedad? ¿Nos lleva ello hacia una sociedad más justa y de mayor bienestar humano más allá de los fríos indicadores financieros? Sospecho que el desacoplamiento de la riqueza real de la financiera con creciente protagonismo y relevancia de la segunda es poco beneficioso para el sostenimiento social y emocional de nuestro sistema en su conjunto. Propicia desigualdades e injusticias que el pueblo llano acabará por no tolerar saltando ante ello por una u otra vía y forma de conflicto. Antes o después el pueblo saltará al observar que algunos, creando riqueza de papel, no crean riqueza real o bienestar alguno, pero consiguen apropiarse de parte de la riqueza de quienes no juegan en esas partidas de monopoly.

Como sociedad, sabemos muy poco de la función psico social del dinero y de la emocionalidad entorno a él. Pero es patente que el dinero se ha convertido en un fin en sí mismo y ello no puede ser sino el origen de su degeneración. El mundo occidental se ha hecho rico y es exuberante y excedentario de riqueza. Y es así, no tanto por lo que digan los balances financieros en sus distintos ámbitos, sino porque la cantidad de conocimiento acumulado, con su curva de aprendizaje para su aplicación, las instalaciones, infraestructuras  y activos existentes junto con las personas dispuestas a mover las maquinarias productivas de bienes y servicios permiten y permitirán seguir creando riqueza de la verdaderamente disfrutable (comida, trasporte, medicina, vivienda y un larguísimo etc) siempre que el polvorín financiero y sus derivadas no lo hagan saltar por los aires.

Hoy el motor del mundo y el sistema de motivaciones de nuestra sociedad están asociados al dinero (monedas y activos financieros). Y sus reglas de funcionamiento tan sofisticadas y degeneradas han propiciado un sistema de reparto y de reconocimiento que no parece muy alineado con los principales valores declarados y supuestamente arraigados en nuestra civilización. Las preocupaciones, inquietudes y motivaciones en una sociedad tan rica y compleja como la occidental han cambiado de forma muy sustancial. La enorme riqueza ha conseguido  dejar colmadas las necesidades más básicas de los ciudadanos que tienen ya techo, ropa y los estómagos llenos y saben (o están convencidos) de que ello nunca les faltará. Son otras, y mucho más complejas, las motivaciones que hoy mueven a las personas y que se encauzan en gran medida a través del dinero. Pero todavía la sociedad entiende muy poco del juego de la psicología y sociología económica del dinero que condiciona tanto nuestras vidas.

Las soluciones para romper la insana y creciente brecha entre la riqueza financiera y la real disfrutables no son fáciles, pero sin duda deben de partir de miradas libres de los condicionamientos, anclajes y paradigmas tradicionales pues ellos pudieron ser útiles en una sociedad de la escasez, pero son destructivos en una sociedad de la abundancia como la actual. Como sociedad debemos quitarnos la venda que tenemos en los ojos y que nos impide ver:

  • Que el problema de nuestra sociedad no es de escasez de riqueza sino de administración y reparto de la abundancia (y del poder).
  • Que el desacoplamiento existente entre la riqueza financiera y la real está llegando a unos extremos insostenibles.
  • Que para tratar de promover nuevos sistemas de motivación y reparto de poder necesitamos previamente redefinir las variables que determinan el bienestar individual y social cuando ya los estómagos de los ciudadanos están llenos. Solo tras ello podremos poner las cabezas y la inteligencia al servicio de promover conductas y sistemas de reconocimiento y recompensa que realmente contribuyan a un mayor bienestar individual y social no solo material sino psicológico o emocional.

 

Observemos y contrastemos desde Marte si esta es la situación y tras ello hablemos y discutamos para ir creando la necesaria conciencia social de esta realidad como punto de partida para nuestra buena evolución.

 

También puedes leer una reflexión anterior de José Corral en Ágora titulada ‘Presente y futuro humanos’ 

Alfredo Sanfeliz, fundador y socio de The Wise Company 

¿Cuál es tu visión o reflexión sobre este tema? ¿Qué responderías? ¿o quizás quieres publicar tu artículo sobre otro tema? Escribe a Alberto Vilches a la dirección de avilchessuch@gmail.com para participar en las Reflexiones Compartidas de Foro de Foros. Las respuestas recibidas a cada reflexión se agruparán en un artículo que se publicará en Ágora posteriormente dando continuidad a los temas.

Alberto Vilches es miembro del Comité de Jóvenes de Foro de Foros y coordinador de Ágora como espacio digital para la reflexión colectiva.

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