Ningún animal es capaz de distinguir formas geométricas. La inteligencia artificial no puede procesarlas de manera fiable. ¿Y si la abstracción simbólica fuera lo que realmente nos hace

Nuestra atracción hacia las figuras geométricas es casi tan antigua como la propia humanidad. Extensos grabados milenarios en zig-zag, círculos misteriosos, animales representados en piedra con cuadrados y rectángulos. ¿Y si la geometría fuera lo que nos hace únicos dentro del reino animal? No es una excentricidad, sino la tesis del reputado neurocientífico cognitivo francés Stanislas Dehaene.

Durante décadas, Dehaene ha investigado las raíces evolutivas de nuestro instinto matemático y ha llegado a la conclusión de que ese tipo de abstracciones son exclusivas de los humanos, en base a estudios comparativos con otras especies. Los animales son capaces de comunicarse, de vivir en sociedad, de amar y de odiar, pero son incapaces de distinguir y asimilar un polígono. Tampoco, por supuesto, de representarlo.

La abstracción geométrica es la semilla de un universo de abstracciones que definen nuestro apabullante poderío cognitivo. Porque entre imaginar un triángulo y resolver una raíz cuadrada hay un gran paso, no digamos ya entre comprender un triángulo y la física cuántica, pero antes de alcanzar esas cimas de la evolución humana nuestro cerebro debe ser capaz de procesar las bases de dicho lenguaje, y es en la asimilación de los polígonos más básicos, como el triángulo o el cuadrado, donde los humanos nos empezamos a distinguir, y a alejar intelectualmente, de los primates.

Para demostrar esa escisión cognitiva, Dehaene realizó un estudio con humanos y simios babuinos en el que les exponía figuras geométricas. La tarea era sencilla: discernir qué forma no encajaba en una serie de seis cuadriláteros. Los 206 humanos que conformaron la muestra, sin condición de origen, sexo, edad o educación, demostraron tener habilidad para la abstracción simbólica. Los babuinos, un total de 26 ejemplares, fracasaron sin excepción, pese a ser entrenados para conseguirlo.

Así, allí donde los primates más avanzados no llegan, los humanos, incluso los bebés, llegan con facilidad. Es ahí, dice Dehaene, donde se rompe la cadena evolutiva. La base cognitiva que nos lleva a imaginar estructuras altamente complejas como el lenguaje, las matemáticas o la música. El neurocientífico francés expone esta sugerente tesis en el ensayo ‘How we learn. The new science of education and the brain’ (Penguin). La comparativa resiste no solo a los primates, sino también a la inteligencia artificial. Dehaene, junto a un equipo de neurocientíficos franceses de primer nivel, hizo el mismo ensayo con máquinas. Y demostró, una vez más, que solo los humanos poseen la habilidad simbólica.

“Sostenemos que cuando miras una forma geométrica, inmediatamente tienes un programa mental para ella”, ha afirmado recientemente Dehaene al periódico The New York Times. “La entiendes, en la medida en que tienes un programa para reproducirla”. En este sentido, el gran reto de la inteligencia artificial es el procesamiento simbólico. De ahí, por poner solo un ejemplo, surgen los problemas de fiabilidad de los vehículos sin conductor. Si las máquinas logran esa habilidad exclusivamente humana, las reglas del juego cambiarán completamente.

La geometría ha sido señalada desde la antigüedad como un hito de la humanidad. Platón afirmó en el siglo IV a.C. que las personas tenemos una sintonía especial con la geometría. Ha sido una disciplina capital para los grandes pensadores clásicos y es el punto de partida de muchos de los grandes logros del desarrollo humano. Las formas geométricas incluso desatan emociones, pensamientos y percepciones de manera instintiva nada más verlas. Este efecto psicológico ha sido estudiado y explotado (también comercialmente) para condicionar el comportamiento de las personas e influir en sus decisiones. Es la llamada psicología de las formas.

No en vano, nuestro cerebro la desarrolla espontáneamente desde la niñez temprana. Un estudio encabezado por José Domingo Villarroel, profesor de la Universidad del País Vasco, y publicado en el ‘Education Studies in Mathematics’ (vol. 94) concluye que “antes de iniciar la educación primaria, una mayoría de niños ya ha desarrollado la capacidad de representar curvas cerradas, cuadriláteros y triángulos, y aún más interesante, la expresividad gráfica de los niños preescolares aparece ligada a su habilidad para representar formas geométricas bidimensionales”.

Según Dehaene, que fue premiado en 2014 con el Brain Prize, considerado el ‘Nobel de la neurociencia’, el lenguaje no se desarrolló originalmente como una herramienta de comunicación, sino de representación de la realidad de esos primeros humanos. Esta tesis, en la cual está actualmente trabajando, apuntalaría la abstracción simbólica como el verdadero hecho diferencial del homo sapiens dentro del reino animal.

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