¿Informar o amplificar?

¿Qué vino primero, la extrema derecha o su cobertura mediática? La tracción que está ganando Vox reabre un viejo debate en Europa: ¿son los medios quienes amplifican el discurso a los partidos extremistas y les hacen la campaña?

Los investigadores Sergio Olalla, Enrique Chueca y Javier Padilla (London School of Economics) lo plantearon en un artículo llamado ‘España ya no es una excepción: los medios tradicionales y el partido de extrema derecha Vox’: la formación de Santiago Abascal se ha beneficiado del altavoz mediático en los últimos meses, un altavoz ”desmesurado si se tiene en cuenta el escaso número de españoles que habían considerado votarlos antes de las elecciones andaluzas”, explica Padilla en Twitter. “Nuestra hipótesis es que hoy incluso está más sobreponderado por los medios tradicionales”.

Estos tres autores sostienen que existe suficiente evidencia académica para afirmar que la cobertura de los medios de masas es crucial para el despegue de estas formaciones radicales, sobre todo porque son el principal canal por el que se informan los potenciales votantes. Se centran en la cobertura que Vox obtuvo durante las últimas elecciones regionales en Andalucía. La compararon con la de Pacma, con porcentajes de voto similares en las últimas elecciones importantes. Y concluyeron que la formación de Abascal había logrado un nivel de cobertura excepcional en comparación con los animalistas y con los principales partidos políticos.

Citando a Murphy y Devine (2018), los autores señalan: “si la cobertura de los partidos políticos en los medios de comunicación está impulsada por el apoyo público a estas formaciones, incluso si la cobertura de los medios aumentase el apoyo del público, se podría argumentar que los medios de comunicación están facilitando que la población ejerza la soberanía. Por otro lado, si la cobertura de los medios cambia de manera independiente el apoyo público en lugar de reflejarlo, este hecho podría distorsionar el funcionamiento de las democracias“.

Un fenómeno europeo

En toda Europa la extrema derecha se ha beneficiado de la exposición mediática, y no solo por parte de canales afines. Un estudio de la Universidad de Cambridge (2018) acerca de los efectos de la cobertura que se había hecho del UKIP impulsó sustancialmente el apoyo que obtuvo la formación política.

“La extrema derecha está en su punto más fuerte desde los 1930 y le están ayudando los medios”, escribía Owen Jones en The Guardian hace unos meses.

En Francia hace décadas que se reflexiona sobre el papel de los medios respecto a la extrema derecha y sobre cómo la normalización de su discurso termina favoreciendo a estas formaciones. En 2013, la emisora Europe 1 constató que Marine Le Pen y sus colaboradores gozaban de la mayor presencia mediática, con casi una entrevista semanal en tiempos corrientes, sin elecciones a la vista.

“El problema no es invitar a Marine Le Pen y sus amigos, sino que hay que pensar en cómo ha de trabajar un periodista. Al tratar la política, los problemas sociales, las noticias que estigmatizan a los inmigrantes, los desempleados, los funcionarios adinerados o los musulmanes, no podemos sorprendernos luego de haber dado sustento a las ideas del [entonces] Frente Nacional y, especialmente, a la banalización”, escribía la periodista Dominique Candille en Mediapart.

Durante años, comentaba Candille, se ha invitado a los líderes de la ultraderecha a los platós porque daban juego. Se creía que por ejemplo Jean Marie Le Pen, padre de Marine, se expresaba de forma más clara, sin pelos en la lengua. Y, según la reportera, se estaba cayendo en la trampa de enfocar los temas bajo el ángulo de su partido, adoptando sus a prioris y dejando de lado aspectos que habrían complementado la charla.

Esa supuesta sinceridad extra que se atribuyen los partidos de extrema derecha en cuestiones sobre la inmigración, por ejemplo, o cuestiones relativas a la familia, se ve en Alternativa por Alemania o la Liga Norte en Italia, en Vox o en el RN de Le Pen. Es lo que Santiago Abascal denomina actitud “sin complejos”.

En Alemania, donde la extrema derecha tiene 92 escaños en el Parlamento, informar sobre ella sin darle impulso es uno de los retos más comentados entre los cronistas de política. Uno de los ejemplos más citados por su rigor lo protagonizó el periodista Thomas Walde en la cadena ZDF al entrevistar al líder de AfD Alexander Gauland. Cuando se emitió aquella conversación, Gauland declaró a otro periódico alemán que Walde había sido “sesgado” y “absolutamente antiperiodístico”.

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