Algunas cenas de Navidad se han convertido este año en conversaciones a través de una pantalla. Desde la soledad de los confinamientos de última hora y de los encuentros anulados por prudencia, la tecnología nos ha acercado a nuestros seres queridos a través de hertzios y píxeles. Ha tendido un puente temporal, aunque imperfecto. Por muy veloz que sea, la conectividad no puede suplir los ambientes, los afectos, las cadencias que se crean solo cuando estamos juntos.

En esta última reflexión del año nos planteamos justamente eso: qué significa ser humano en un mundo cada vez más intermediado por la tecnología. Mientras reunía información para escribir su ensayo ‘Los espejismos de la certeza’, la escritora Siri Hustvedt cuenta que le planteó una misma pregunta a varias personas: ¿Qué crees que es la mente? La mayoría no supo responderle. Y con razón, ya que, a pesar de todos los avances de la neurociencia en los últimos años, no sabemos cómo funciona la mente. De hecho, Hustvedt es especialmente crítica con quienes tratan de asimilarla a una máquina. Por ejemplo, psicólogos evolucionistas como Steven Pinker, para quien la mente es una computadora neuronal.

 

Podemos replicar muchas funciones de la mente humana gracias a la tecnología pero, como decíamos al comienzo, esta no llenará todos los vacíos. Y cometemos un error si le damos permiso a una inteligencia artificial, por ejemplo, para que lo ocupe todo. El sociólogo francés Félix Tréguer habla de los riesgos que tenemos que contemplar sobre nuestra vida privada y sobre el advenimiento de una “sociedad de control” basada en la informática, los algoritmos opacos, la deshumanización que supone la automatización en muchos ámbitos y el aumento de la desigualdad.

 

En los últimos años, gobiernos, universidades e instituciones como el Parlamento Europeo, el Consejo de Europa y Naciones Unidas han empezado a dedicarle tiempo y recursos a reflexionar sobre esto. Se han parido muchos informes y libros blancos sobre la protección de datos, el impacto de la tecnología en la sociedad y en el mundo del trabajo y los derechos fundamentales en la era digital. Se avanza, aunque despacio. Bruselas tiene una batería legal preparada en 2022 para protegerse de los ciberataques, depender menos de la importación de chips para su industria y fomentar las competencias digitales de los ciudadanos. Veremos en qué se concreta.

 

Pero más allá de las leyes, a los ciudadanos nos falta un trecho por recorrer para entender quiénes somos. ¿Qué significa ser humano en un mundo construido cada vez más por y para máquinas?, se pregunta Kevin Roose, columnista del New York Times que aborda la intersección entre la tecnología, los negocios y la cultura. Él creció entusiasmado por cada avance tecnológico hasta que un día se dio cuenta de que detestaba su teléfono móvil. Después de darle muchas vueltas, se dio cuenta de que para competir con las máquinas no tenemos que ser híper eficientes, sino centrarnos en actividades creativas, que nos inspiran y nos distinguen como seres humanos con una mente que no conocemos del todo, pero que tiene posibilidades alucinantes.

 

Con este elogio a ser humanos y a distinguirnos como tales terminamos el año. Os deseamos que descanséis bien, no que os organicéis mejor. No caigamos en la trampa de que al estar ocupados somos moralmente superiores. Dejemos espacio para lo que no conocemos, lo que no se mide, la ilusión de volver a juntarnos cuando podamos.

 

Feliz año nuevo

 

El equipo de Foro de Foros

Compartir :
Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en linkedin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Últimas noticias

¿Alguna pregunta?

Para más información sobre lo que hacemos, ponte en contacto con nosotros.