¿Hemos regalado nuestro ocio?

Hemos regalado nuestro ocio

¿Hemos regalado nuestro ocio?

En su ensayo Posibilidades económicas para nuestros nietos, de 1928, el economista John M. Keynes predecía un futuro tan próspero que nadie tendría que preocuparse por ganarse el pan. Más bien, las personas deberían decidir qué hacer con todo el tiempo libre que la ciencia y la tecnología les han facilitado. Ha pasado casi un siglo y la riqueza global ha aumentado, pero también el número de pobres que viven con menos de 5 dólares al día. La inseguridad laboral ha crecido de manera exponencial. La productividad está estancada. En el caso de España, incluso ha caído, ya que las horas trabajadas han aumentado más que la actividad durante la pandemia.

¿Qué ocio tenemos? Es difícil determinarlo. Lo hemos regalado: el tiempo libre cada vez se mezcla más con el de trabajo.

La crisis de 2008 marcó el punto de inflexión. El empleo pasó a ser un bien escaso en muchos países. Internet y las redes sociales crearon una brecha entre los conectados y los analógicos. Hoy mostrarse disponible es importante para seguir en primera línea. Queremos que nos tengan presentes para un encargo laboral o para seguir cultivando contactos que, en caso de que nuestro plan actual se tuerza, puedan abrirnos otra puerta. Y hemos de hacerlo cada día, ya que las redes exigen alimento constante de contenido.

El sociólogo Dalton Conley, profesor en la Universidad de Nueva York, habla de una nueva evolución de la cultura laboral: el weisure. Este juego de palabras entre trabajo (work) y ocio (leisure) describe un universo en el que los espacios de reuniones se han convertido en lugares de ocio, y viceversa. Para muchos ciudadanos, lo personal está interrelacionado con lo profesional durante gran parte del día, incluso los siete días de la semana. ¿La pandemia y el teletrabajo han permitido conciliar o han introducido el trabajo en el espacio privado, en ocasiones forzando los límites?

Consultar Twitter o actualizar Instagram por la mañana, ¿es una actividad lúdica o un trabajo? ¿Qué se considera voluntario en ese espacio híbrido? Antonio Casilli, investigador en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París, considera que el internauta es un empleado. La genialidad del «trabajo digital», explica, es que el trabajo no tiene límites. Se vuelve interminable las 24 horas del día, los 7 días de la semana, sin que necesariamente uno perciba esa alienación.

La novela autobiográfica Feria (Círculo de Tiza, 2021), de la periodista Ana Iris Simón, ha sido un éxito de crítica. Lo más alabado es que ha tocado la fibra de muchos lectores al preguntarse si la sociedad ha comprado una idea falsa del progreso. “Hemos pensado que el trabajo creativo no es trabajo” y que renunciar a tener familia para producir está bien, explica. “Las ferias han dejado de tener sentido porque la vida, el mundo, nuestra propia existencia se ha convertido en una”.

Somos criaturas adaptativas. Pero, como dice el escritor Christopher Ryan, “el hecho de que podamos adaptarnos a toda clase de situaciones espantosas no significa que debamos hacerlo”.

¿Sabremos reconquistar nuestro ocio, sin necesidad de hacerlo productivo, interesante, vendible? ¿Hemos regalado nuestro ocio?

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