La guerra al plástico abre la puerta a la innovación

Una de las industrias que más cambios va a experimentar este año nuevo es la del plástico. La legislación europea ha impuesto reglas más estrictas sobre los de un solo uso y una docena de multinacionales se han comprometido a reducirlo. Los nuevos estándares pueden fomentar la innovación.

Habrán visto la campaña viral #PlanetaOPlastico, en la que los usuarios se fotografiaban con una bolsa de plástico en la boca para concienciar sobre la contaminación de este material. Los datos son contundentes: cada año llegan ocho millones de toneladas de plástico al mar; si no lo evitamos, en 2050 habrá más plástico que peces, por peso, en los océanos; se han encontrado microplásticos en el hielo del Ártico; un estudio europeo ha revelado que en las heces de los participantes había nueve tipos distintos de microplásticos…

La conciencia anti plástico lleva existiendo dos décadas. En los 80 ya se hablaba de cómo las anillas que unían los packs de cerveza al llegar al mar se convertían en trampas letales para tortugas y peces. La novedad ahora es que el activismo se ha extendido: en 2018 se alcanzaron varios hitos que implicaban a gobiernos y empresas. Por ejemplo, el New Plastics Economy Global Commitment, un compromiso internacional auspiciado por la Fundación Ellen MacArthur y Naciones Unidas. O el UK Plastics Pact, que han firmado varias cadenas de supermercados europeas como Aldi o Tesco y por el que aseguran que eliminarán el plástico de “difícil reciclado”, como el PVC en el papel film o el poliestireno expandido. También se han comprometido a reutilizar el 100% de los envases en 2025.

Antes de eso, en 2021, habrán desaparecido de las tiendas los platos, vasos y cubiertos de plástico, así como las pajitas y los bastoncillos de los oídos, en virtud de la nueva legislación europea. Los Estados miembro deberán tomar medidas en sus territorios: existe un objetivo vinculante de al menos un 25% de plástico reciclado para las botellas de bebidas PET desde 2025 en adelante, calculado como promedio por Estado miembro. En 2030, todas las botellas de plástico deberán ser al menos en un 30% de material reciclado.

Salen ganando la salud y el medioambiente, pero también el entorno empresarial. La biotecnología permite a empresas como la startup española VEnvirotech transformar residuos orgánicos sin valor en bioplásticos. Muchos fabricantes de embalaje de bebidas han dado con soluciones creativas, biodegradables, comestibles, o que unen las latas con un pegamento especial. Contenedores biodegradables, botellas vegetales reciclables, incluso comestibles, como las Oooho de la startup británica Skipping Rocks Lab, hechas a base de gelatina de algas y calcio. Otras iniciativas se basan en el concepto de ecología positiva, como la canadiense The Plastic Bank, que remunera a los usuarios por recoger plásticos en las playas y bosques en Haití. Después manda el producto a talleres locales para que lo reciclen y revende el resultado final a multinacionales como Unilever o Procter&Gamble, que a su vez pueden reflejarlo en su Memoria de Responsabilidad Social Corporativa.

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