Europa, un afecto lejano

Foto: European Parliament on Foter.com / CC BY-NC-ND

Tras las elecciones del 28A, el foco informativo en España se ha puesto en los pactos. Apenas se menciona que en menos de un mes hemos de elegir nuestro futuro en Europa. La UE fue, de hecho, una de las grandes ausentes de los dos debates electorales. Esa dejación puede costarnos cara.

Hoy se celebra el día de Europa, aunque salvo en círculos muy informados el eco está siendo minoritario. Es la gran contradicción española: los ciudadanos se declaran europeístas en su mayoría (aquí el último Eurobarómetro); de hecho, el 74% dice que votaría a favor de permanecer en la UE si hubiera un referéndum sobre ello. Y sin embargo pocos hablan de la inminente cita con las urnas para elegir representantes en el Parlamento europeo. Solo el 28% de los encuestados sabía que esa cita será el 26 de mayo.

 

Con la crisis, hubo un repunte del interés en Europa de los sucesivos gobiernos. Pero, en general, el papel ha sido bastante pasivo: en muchas ocasiones se ha limitado a adaptar las normas europeas a las legislaciones nacionales. Se habla de “hacer más Europa” pero no se explica cómo. O no lo suficiente para que el mensaje llegue a su destino. No se pone suficiente énfasis, por ejemplo, en el hecho de que España se va a convertir en contribuyente neto al presupuesto de la UE a partir de 2021. Cómo se va traducir ese hecho en mayor poder en Bruselas?

 

Dos días después de las elecciones generales, un panel con representación española (Miguel Otero, del Real Instituto Elcano) planteó en el Germany Council For Foreign Affairs la posibilidad de un nuevo “Big Three” en la UE formado por el eje franco alemán y España. Para académicos como Federico Steinberg, es clave «un cambio de mentalidad y una nueva estrategia, así como superar el “europeísmo beato” del que demasiadas veces ha hecho gala en la UE». Pasar, subraya, de ser un rule taker a un rule maker, de acatar leyes a participar en su creación. Ganar influencia en el día a día de Bruselas, poder separarse de la Comisión formando coaliciones flexibles en torno a distintos temas.

 

La pasividad frente a los asuntos internacionales, y en concreto frente a los europeos, ya no es una opción, considera el analista ex diplomático británico Shaun Riordan. “Una vez que el absurdo del Brexit está fuera de la ecuación, la debe afrontar una serie de desafíos existenciales: cómo manejar las diferencias entre la zona euro y el resto de la UE; cómo desarrollar políticas coherentes en China y Rusia; qué hacer con las relaciones transatlánticas, especialmente si Trump es reelegido; qué hacer con el norte de África y Oriente Medio; qué tipo de relación desarrollar con Turquía; cómo reformar la eurozona para garantizar que el euro sobreviva a la próxima crisis financiera; qué tipo de arquitectura de seguridad se ha de construir en Europa. ¿Dónde se sitúa España en estos temas? En la campaña electoral, ni una palabra de ninguno de los partidos”.

 

España cuenta con una reputación de socio fiable, cumplidor, y uno de los pocos en los que no ha arraigado la eurofobia. Desde el extremo izquierdo se critican políticas como la austeridad económica, pero sin cuestionar la pertenencia al club comunitario. No existen ni un Salvini ni un Orbán ni una Marine Le Pen, que aboga por eliminar el espacio Shengen. En su contra, España tiene la inestabilidad política (tres elecciones en cuatro años) y una crisis catalana que ha dañado su imagen en el exterior.

 

Se necesita un despliegue educativo tanto de la opinión pública como de la clase política. “No será fácil. Para empezar, porque la educación es una competencia nacional, incluso regional; sin ir muy lejos, es deprimente ver cómo se enseña Europa en la escuela española. Para seguir, porque algunas experiencias han mostrado lo difícil que es ponerse de acuerdo en determinadas cuestiones. La idea largamente acariciada de publicar una historia común europea duerme ahora en el olvido”, escribía Cristina Manzano en El País. No se puede alegar falta de expertos ni de medios, desde un cuerpo diplomático sobradamente profesional a un abanico de expertos y think tanks dedicados a la política exterior, y en concreto a Europa. Es hora de coger las riendas.

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