Las llaves del cielo: el papel ético de Europa ante la crisis migratoria

Daniel Lobato: ¿Cómo hemos llegado hasta esta crisis migratoria? ¿Cuál ha sido ese caldo de cultivo que hemos vivido hasta el presente?

Joaquín Arango: Depende de cómo definamos el “aquí”. El aquí se define por una crisis grave y sostenida de la UE. A veces se abusa del término crisis pero en este caso parece justificado, ya que creo que la UE está dividida. Esta mala salud de la UE se inició con la recesión de 2008, se agravó con la mal llamada crisis de los refugiados y continúa ahora con la pandemia del coronavirus. La segunda, que es la que nos concierne, se lleva gestando desde la primavera árabe y siguió con el fuerte incremento de llegadas a Italia, en medio de la insolidaridad de los demás medios europeos. El fracaso del sistema europeo de asilo condujo a la restauración de controles fronterizos y erosionó la libertad de circulación, que es la mayor conquista de los europeos. El pacto entre la UE y Turquía de marzo de 2016 fue un pacto informal que ni si quiera fue firmado (por ello el tribunal de Justicia de la UE no ha podido intervenir) pero ha tenido éxito: ha supuesto la reducción hasta una fracción mínima de los cruces marítimos. Posteriormente, tuvo lugar el pacto UE-Libia, que puede ser todavía peor que el anterior, por lo que podemos decir que la eficacia se ha impuesto a los principios.

Alicia García: El proceso de externalización de fronteras de la UE a terceros países ha sido clave para llegar hasta aquí. La UE tardó mucho en reaccionar ante el gran número de personas que naufragaban en el mediterráneo y el sistema de cuotas que impuso tampoco terminó de tener éxito. Hay otra operación, la Operación Sophia, con la que vemos una estrategia donde Europa sigue externacionalizando fronteras y cerrando los ojos antes este problema. Hay una ley aprobada en Níger también que castiga a los intermediarios, no solo a las mafias que se dedican a este transporte. Esto provoca que todas estas personas tengan que seguir rutas más peligrosas para poder conseguir su objetivo, lo que redunda en una mayor mortalidad.

Anna Terrón: Debemos fijarnos en cuál ha sido la construcción de esta política de migración en Europa para analizar el resultado. No teníamos una construcción sólida sobre migración antes de esto, lo cual lo hace más difícil. Si tuviera que hacer un resumen, diría que solo se ha comunitarizado aquello que no implicaba ningún cambio en ninguna de las políticas nacionales de migración y de asilo. Ha habido ciertos pequeños acuerdos pero en realidad ningún país estableció una relación de solidaridad con los demás estados en un marco normativo que le obligase a nada, y así llegamos a 2015. En este año hay tres directivas que en teoría obligan a gestionar el asilo de forma común pero que en realidad lo que hacen es decir más o menos a cada país cómo deben atender a los refugiados. La pieza común que es el convenio de Dublín, que es el que impactaría en la decisión de los estados para decidir quién entra en su territorio, nunca consigue implementarse. Hemos llamado siempre crisis migratoria a cosas que tenían más que ver con conflictos armados que con la migración verdaderamente. Hemos vinculado siempre cualquier crisis a la migración, pero tenemos una situación migratoria dominada por las crisis, más que una crisis migratoria en sí.

Daniel Lobato: ¿Cuáles son las grandes crisis migratorias que existen hoy en todo el mundo? ¿Cuáles el viaje que tiene que hacer un migrante a día de hoy para llegar a España?

Joaquín Arango: Me gustaría centrarme en EE. UU. Desde el inicio de la administración Trump, en EE. UU. se están desplegando una batería de políticas contra la inmigración y el asilo de las más despiadadadas realizadas en una democracia liberal contemporánea. A pesar que desde 2004 el número de inmigrantes en situación irregular está disminuyendo, 9 de cada 10 demandantes de asilo son encarcelados. Todo esto sigue una estrategia parecida a la de Europa de externalizar fronteras y reducir el número de entradas de refugiados, inmigrantes irregulares e inmigrantes legales. Esta deriva no es exclusiva de EE. UU., sino que también ocurre en Europa. No es justo hablar únicamente de Europa del Este, ya que la Europa Occidental también ha tenido políticas muy duras contra la inmigración.

Alicia García: es bueno que hablemos del presente porque como el tema de los refugiados en el Mediterráneo ya no ocupa portadas parece que no existe. El memorando entre Italia y Libia se ratificó el pasado noviembre y casi nadie habló de ello, a pesar de su enorme trascendencia para las personas encerradas en centros de inmigrantes. La Operación Sophia ha caducado este marzo y se ha reemplazado por la Operación Irini, más centrada en el embargo de armas a Libia que en la labor de rescate en el Mediterráneo. Turquía está usando el acuerdo con la UE para presionarla con otros temas. Hay una relación directa entre la caída de mortalidad en el Mediterráneo y el aumento en el Sáhara, con lo cual hay que tener mucho cuidado con hablar de un descenso de la situación de crisis. El viaje que hacen los migrantes varía mucho en función de muchos factores, pero pueden durar meses y años hasta llegar a su objetivo. El aumento de controles fronterizos en zonas que son de libre tránsito provoca que se tomen rutas alternativas y mucho más peligrosas. Hay una frase de la mafia italiana muy sintomática: “Los refugiados son un negocio más rentable de las drogas”. Muchas mafias se están haciendo con el control de estos centros para recibir más ayudas y a la vez tratarlos de manera inhumana.

Anna Terrón: Si estamos viendo una situación dramática en el Sahel, lo mismo ocurre en algunas zonas de América Central, lo que provoca que la subida a Estados Unidos sea cada vez mayor. Las cifras de la diáspora venezolana son muy parecidas a las de la diáspora siria. Aquí debemos ver que países como Colombia, Ecuador o Perú han tenido una respuesta a esta crisis mucho mejor que la de la UE, a pesar de tener mucho menos recursos. El éxito numérico es un valor absoluto cuando hablamos de migraciones, pero debemos de ver qué es en realidad el éxito, porque el acuerdo de la UE y Turquía es un chantaje inaudito.

Daniel Lobato: Miremos ahora al futuro, ¿cuál es el papel ético que debe asumir la UE en general y España en particular?¿deberían los estados comprometerse a asumir esas cuotas?¿tendría que haber una mayor penalización a los países que las incumplen?

Joaquín Arango: Es difícil ser optimista en este terreno. En los últimos años se ha ido instalando una representación negativa de la inmigración y el asilo que presenta a estas realidades más como motivo de preocupación o alarma que como un activo. Esta representación negativa ha llevado a que las políticas de asilo sean cada vez más severas y duras. A ello ha contribuido el auge de una serie de partidos populistas y xenófobos en la mayor parte de Europa que fomentan temores en la mayor parte de la población. En cuanto a España, ha dejado de formar parte de los países europeos en los que no tenía importantes apoyos un partido de este tipo. Desgraciadamente, la oferta continuada de un partido de este tipo puede hacer que se planteen unas políticas de cariz más negativo que las que estaban patentes.

Alicia García: La comisaria Ursula von der Leyen dijo que uno de sus objetivos era la reforma del convenio de Dublín, que lo que establece ahora es que los migrantes que llegan a un país tienen que solicitar asilo en ese mismo país y no pueden hacerlo en otro país de destino al que quieran llegar, lo cual pone muchas trabas y además colapsa el sistema de reparto de los países del Sur europeo. Dicho esto, la UE tiene capacidad de sobra para acoger a todas estas personas y además se enriquece con los conocimientos que estos traen. Hay países que con mucho menos han hecho mucho más en esta crisis.

Anna Terrón: Creo que estamos en una cierta encrucijada. Si la idea del repliegue nacional se ve reforzada vamos a vivir una legitimación muy fuerte de toda la narrativa antiinmigración y de toda la narrativa que considere culpable de lo que nos ocurre a alguien externo. La realidad nos muestra que las políticas migratorias pueden y deben ser constructivas y que los efectos sociales no son desastrosos en ningún caso. Avanzar en la política europea de inmigración serían muy buenas noticias porque significaría recuperar la crisis de confianza entre los estados y la salvación de Schengen.

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