España tiene el mayor paro estructural de toda la UE

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El paro en España y el futuro en el trabajo

Según el último barómetro del CIS (Abril 2017), el paro sigue siendo la principal preocupación para el 48,1% de los encuestados. Ha sido gratificante mantener una Conversación Intergeneracional sobre el paro en España y el futuro del trabajo de la mano de Alfredo Pastor.

Antes de nada, pongamos la situación en contexto: España tiene el mayor paro estructural de toda la UE. Varios factores nos han llevado a este escenario, desde una economía basada en el turismo y la construcción (sectores donde se crean empleos de muy baja calidad) hasta choques periódicos que destruyen puestos de trabajo de forma masiva (ej. la entrada a la UE supuso el cierre de muchas industrias de un día para otro, la explosión de la burbuja inmobiliaria…). Y es que en palabras de los expertos “esperamos al último momento porque no queremos hacer frente a las situaciones que se nos plantean y entonces ya no estamos a tiempo de llevar a cabo la reconversión necesaria”.

La problemática es doble, pues España tiene un paro muy alto y unos sueldos bajos; se trata de atajar ambos aspectos a la vez, pero no es tarea fácil porque:

  • Los salarios son muy rígidos – Los trabajadores no aceptan bajadas salariales generalizadas.
  • Las jornadas son inflexibles – Los trabajadores no aceptan cambios para ajustar las horas de contratación.
  • La empresa busca la externalización para abaratar costes.
  • Los nuevos emprendedores se focalizan en el autoempleo para ganar dinero, pero no crean empleo.
  • Los empresarios no dan importancia a la formación continua para mejorar la calificación y promover el crecimiento de los trabajadores.
  • Los empresarios apuestan por contratos temporales para evitar los costes de despido.
  • Se crean muchos puestos de trabajo, pero a menudo no se adaptan a las expectativas de los trabajadores locales que no están dispuestos a aceptar ciertas condiciones (ej. trabajar sábados y domingos).
  • Se mantiene la baja productividad de los trabajadores.
  • Tenemos unos sindicatos que a menudo ya no representan los intereses de los trabajadores.
  • Hay falta de voluntad política para adaptar un marco legal antiguo.
  • Hay un bajo nivel educativo: un abandono escolar excesivo, faltan perfiles con formación profesional y quizás hay un exceso de titulados universitarios.

El “diagnóstico” lo tenemos, pero queda claro que el “tratamiento” es complejo. Para poder liberalizar el trabajo se requiere un sistema con unos servicios de colocación que funcionen y una formación que sirva para la reinserción en el mundo laboral, porque “el trabajo es necesario, por el sueldo, las relaciones que se establecen y para el propio desarrollo de las capacidades del individuo”.

 

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