“En el jazz español hay muchos más músicos buenos que posibilidades”

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Si alguien sabe de jazz en España es Luis Martín. Lleva más de 40 años dedicado al periodismo cultural. Hoy le leemos en ABC y Scherzo y le escuchamos en Radio Clásica. Hace ocho años le propusieron ser el director artístico del festival internacional JazzMadrid, y quiso confeccionar “un festival hecho a mano”. Esta edición, la primera sin restricciones de aforo, se celebra en la capital hasta el 30 de noviembre. Charlamos con él para saber más de un circuito reducido que puede hacer por la marca España más de lo que parece.

-¿Tú cómo te aficionaste al jazz? 

Nací en el 57, estoy próximo a los 65 años, y como mucha gente de mi generación y de mi estrato social – que es medio tirando a bajo-, crecí con el rock. Supongo que si fuese medio tirando hacia arriba o arriba habría crecido con la música clásica [se ríe], pero no era el caso. Soy de esa gente a la que le hubiese gustado estar en el proceso a Cristo, o en la primera noche que Romeo se declaró a Julieta… Miraba en el interior de los juguetes para saber cómo funcionaban. Y me empezó a interesar determinada parte del rock que se acercaba al jazz. Cuando tenía 16 años empecé a oír todo lo contrario: el jazz que se acercaba al rock. Las experiencias eléctricas de Miles Davis, las de Joe Zawinul en un grupo que se llamaba Weather Report…

 

-¿En esos primeros años tenías acceso a material?

No… había que buscarlo en tiendas de importación. Te estoy hablando de inicios de los 70. Había unos pocos informadores que nos nutrían de conocimiento también en el rock, como Ángel Álvarez, con aquel Vuelo… pero todo lo demás había que buscarlo en tiendas de importación. Cuando tenía unos 17 años iba al Rastro y me encontraba con gente que tenía sus cajones con toda clase de discos extraños en aquel momento. Alguna de esa gente acabó poniendo una tienda y una de ellas todavía existe. Es Toni Martin, que tiene otro nombre (¡Y que viva Joplin!), pero está en el mismo sitio físico, y quienes nos dedicamos a la información musical le debemos muchísimo. Lo que no tenían, se encargaban de traerlo. Con lo cual los gastos aumentaban, y al no tener una capacidad adquisitiva muy grande lo que aumentaba también era mi imaginación. Hoy tenemos acceso a un centenar de discos; entonces como mucho a dos, pero lo normal es que ni siquiera a eso, sino solo a uno. Pero le sacabas muchísimo partido.

 

-¿El jazz fue tu ventana hacia otras cosas?

El jazz es la música más abierta que yo conozco. Hablar de jazz es darse cuenta de que es una música que viaja en las bodegas de los barcos esclavistas de un continente a otro durante muchísimos años, con gente que sufre. Ahí comienza. Cuando tienes conciencia de que eso llega a Estados Unidos y durante muchos años en el sur del país se va forjando hasta finales del siglo XIX en una sociedad como la de Nueva Orleans, en la que hay un crisol de influencias culturales… Es un poco como nuestro flamenco, que sale como un esguince cultural en un momento a finales del siglo XIX, que procede de una gente que ha conocido la diáspora y se expresa con el mismo dolor. Cuando empiezo a comprender eso me interesa muchísimo el avance de los derechos civiles. Y un día me doy cuenta de que el jazz es la música que más ha hecho retroceder la segregación racial en el mundo entero, especialmente en EEUU, porque cuando un músico negro está sobre el escenario todo el mundo se olvida del color de la piel. Ahí nace un interés en mí por el jazz que no es solamente musical, sino por todo lo que significa. Eso me lo ha enseñado también el folklore, por ejemplo, pero el jazz mucho más.

 

Este año en el que intentamos volver a la vida, retomar los conciertos… ¿cómo ha sido organizar el festival?

El covid hizo que en 2020 tuviéramos que seguir desechando muchísimas figuras internacionales. Antes el JazzMadrid tenía un 70 por ciento aproximadamente de figuras internacionales. Ya el año pasado supimos que no podíamos contar con ellos salvo en caso de acuerdos previos. En 2021 por mucho que pensemos que todo se había acabado, a principios de año no se preveía la bonanza que por otro lado tampoco es real si miramos ahora las cifras de afectados. Pero bueno, los espacios ya están abiertos al cien por cien. Quisimos hacer una especie de estado de la cuestión del jazz español, y en eso se ha convertido en los dos últimos años, además de paliar los daños que la pandemia está generando en la comunidad de músicos.

 

-Dices que este es un festival hecho a mano.

He procurado que haya una filosofía muy clara que identifique las programaciones y que sus valores sean diferentes a los de la lógica mercantil que impera en los carteles de otros festivales. En muchas ocasiones en otros festivales lo que escuchamos es un pop coloreado con algo de libertad, una ilusión rítmica que parece jazz pero no lo es. En Jazzmadrid hay un muestrario de estilos vastísimo, y quizá los que apuestan por la ortodoxia de los años 50 y 60 quizás piensen que no es jazz, pero sí es jazz. Todo.

 

-¿A qué te refieres con la lógica mercantil?

No se pueden reproducir los mismos conciertos que tiene Valencia en Madrid, o en Barcelona. Tienes que buscar un hecho diferencial. Pero es difícil. A veces yo he pedido a un músico para que venga a Madrid y el promotor (porque los músicos tienen agentes y los agentes de fuera tienen intermediarios en España) quiere colocar, digamos, a Herbie Hancock no solo en Madrid. Yo lo he pedido y lo he pagado para Madrid, una barbaridad de dinero, pero luego te encuentras con que el tío ha apañado una gira por Valencia, Málaga… Tienes que andarte con mucho cuidado con eso porque el mediador va a pedirte que pagues una cláusula de exclusividad. Y eso es muy muy caro, con lo cual es muy complicado en muchas ocasiones. Pero aquí se intenta. Y por eso hay distintos artistas que solamente actúan en Madrid.

 

-Habéis incluido a creadores nuevos como Alba Careta, Jesús Molina, Gonzalo del Val que, de otro modo, quizás no entrarían en los circuitos. ¿Cómo de complicado es ganarse la vida como músico de jazz?

El músico de jazz está técnicamente tan bien dotado como el de clásica. No estoy diciendo que no lo esté el músico de rock o de cualquier otra música popular, de las que yo no me desentiendo. Pero estamos hablando de jazz. Y eso saben los músicos que aun así no se va a ver premiado con una vida de comodidades porque el jazz a nivel de popularidad está muy por debajo de lo que pueda ser el pop.Con lo cual ya tienes ahí un retrato robot del artista que se dedica al jazz: una persona que quiere dedicarse a eso porque es en lo que cree. ¿Dónde encuentra sus salidas? En estos momentos a nivel docente ya está reconocido, y es importante. Pero salidas profesionales las encuentra en el tejido de los clubes. En los discos ya no para casi nadie. Estas salas han estado cerradas en todo el país hasta hace poco. Luego hay un tejido cada vez más grande de festivales en todo el país. Pero son muchos más músicos que cantidad de posibilidades. Lo que se impone es buscar el hecho diferencial. Nosotros por eso hemos incluido a jóvenes creadores que de otra manera no tendrían acceso. JazzMadrid tiene un compromiso permanente con la educación. Siempre aparecen con nosotros la Big band del Conservatorio de Arturo Soria, la Escuela de Música creativa…

 

-Es una forma de pensar en el futuro…

Sí, porque todos estos centros docentes llevan unos cuantos años funcionando y pueden ser responsables de algunas muy buenas promociones de jazzistas en nuestro país. Y de las que vayan a llegar. Hay muchos músicos que han salido de la escuela. Este año habría que citar a la trompetista Alba Careta, a la vocalista Verónica Ferreiro, que tiene un proyecto que se llama Camiño junto a Javier Sánchez este año. Los pianistas Lucía Rey y Jesús Molina, el saxofonista César Feliu Douglas… Un festival no solamente te ayuda porque te paga un caché en condiciones, más que un club, lógicamente, sino porque permite aparecer en un dossier de prensa que luego pueden presentar en otros festivales y en los clubes.

 

-Habéis rendido homenaje a Pedro Iturralde. ¿Es una figura suficientemente conocida para el gran público? 

Iturralde sí fue conocido porque aparecía muchísimas veces en la tele. Era el jazzista por excelencia y murió hace un año, exactamente el 1 de noviembre de 2020. Entonces no hubo tiempo para prepararle un homenaje en condiciones. Yo mismo, sin ser fan de Iturralde, pensé que debíamos montar una formación con los músicos con los que había tocado. Si nos metemos más en harina técnica te diré que era nuestro Coltrane. Lo que consiguió es acabar con esa imagen que tenía el jazz en los años 60 y 70 de exotismo, de Antonio Machín. De todas maneras, el jazz nunca va a ser como el pop: para eso se necesita una exigencia por parte del público que no existe. Al público lo que le gusta es Estopa, Operación Triunfo o sus derivados, etc. porque es lo que permanentemente está en los medios.

 

-Esa es la pescadilla que se muerde la cola, ¿no? Hay tanto porque la gente lo pide, y lo piden porque es lo que se les ofrece.

Eso es. Y algunos nos dedicamos a pescar. Y en ese colectivo más grande están los músicos, que intentan seducir y pescan de vez en cuando. No es una pesca mayor como la que pueden hacer las grandes plataformas. Nunca será más popular una película de Bergman que una de la Marvel porque no dispone del mismo aparato publicitario.

 

-En su Enciclopedia del Jazz, Leonard Feather escribió: “España, es un desierto para el jazz”. ¿Han cambiado las cosas?

Yo ya conocía sobradamente las posibilidades de nuestro jazz, pero la verdad es que me ha sorprendido la capacidad de convocatoria que tiene. Hace 20 o 25 años era frecuente que la música de jazz que elaboraban nuestros músicos fuese una reproducción mimética de modelos estadounidenses. Eso por fortuna ha cambiado y hoy cuando escuchamos esta música sin disfraces se puede apreciar una realidad cultural diferente, muy propia, tanto en propuestas de bebop renovado como de jazz con coloración flamenca, que es nuestro distintivo, nuestra marca España.

 

-¿Cuándo se encuentran el jazz y el flamenco?

Pedro Iturralde es el inventor de eso que llaman jazz-flamenco. En el año 67 para la fonográfica Hispavox él publica con un joven todavía Paco de Algeciras, después conocido como Paco de Lucía, un par de volúmenes que se llaman Jazz Flamenco I y Jazz Flamenco II. Es muy inocente lo que hacen pero hay un encuentro entre las dos músicas. Esto le gusta tanto al musicólogo alemán  Joachim Berendt, que para mí es el más respetable en el terreno del jazz y en otros, que dirige un festival y que, salvando todas las distancias inimaginables, hace lo mismo que yo. Él llama a Paco y a Pedro para que actúen allí. Y se encuentran allí en Berlín junto a Miles Davis, Quincy Jones, Sarah Vaughan… Esa es la primera carta de presentación de jazz hecho entre nosotros fuera, con los grandes. Curiosamente Miles Davis ya había hecho lo mismo con Gil Evans diez años antes en Sketches of Spain. Aquello tenía más formulaciones de jazz que de flamenco y esto de Paco y Pedro tenía más formulaciones de flamenco que de jazz. Es todavía un estilo a desarrollar pero ha quedado ahí. Y se desarrolla poco a poco hasta que llegan los años 80. El productor Mario Pacheco crea una compañía que se llama Nuevos Medios, está muy interesado en renovar el flamenco y se encuentra con muchos músicos que también quieren hacerlo pero sirviéndose de la libertad que les proporciona la horma instrumental del jazz. Muchos nos hacemos eco de ello y vemos que hay un lenguaje del flamenco jazz en el que no se aprecian suturas. Uno no sabe cuando escucha a Jorge Pardo tocar la flauta travesera o el saxo si lo que está oyendo es un flamenco que quiere renovar su manera de entender la música con la libertad del jazz o es un jazzista de aliento flamenco.

 

-Danos una definición de jazz.

El jazz es la música más aventurera que existe. No se queda quieta. Es la música que cada noche dice y se desdice. Durante tres noches he visto a Randy Weston y el mismo repertorio era interpretado de forma tan diferente que yo incluso creía que estaba cambiado. Pero había alguna zona que reconocía… aunque el día anterior me lo hubiera ofrecido de otra manera. Todo eso me ha interesado mucho desde el principio.

 

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