Elon Musk: ¿prodigio o marketing?

“Ciudad de Marte. Al contrario que en la Tierra, el cielo del amanecer y del anochecer es azul, y rojo durante el día”.

La semana pasada Elon Musk colgó en su perfil de Instagram este mensaje evocador, acompañado de una ilustración de naves en el planeta rojo. Ese mismo día, en el Congreso Internacional de Astronáutica de Adelaida (Australia), anunciaba sus planes para colonizarlo dentro de cinco años.

El cofundador de PayPal, Tesla Motors y SpaceX pretende llevar dos cohetes a Marte en 2022. Un viaje de 225 millones de kilómetros desde la Tierra. Tan solo dos años después, afirma, podrá enviar misiones tripuladas por humanos al planeta rojo. Transportará a 100 personas en una nave de 122 metros, en parte reutilizable. Su plan es convertir a la especie humana en multiplanetaria, a un precio que puede rondar los 200.000 dólares [unos 160.000 euros], el billete. “Lo que cuesta una casa”, dice.

En esta carrera compite con la propia NASA, que espera poder conseguir también el viaje interplanetario, pero diez años después de la propuesta del “loco” sudafricano.

Es el órdago de Musk, digno de las novelas de Asimov que tanto le entusiasmaban de niño.

¿Lo conseguirá? Muchos expertos aeroespaciales, incluidos los de la propia NASA, lo dudan.  Por lo pronto, los pasajeros estarían expuestos a una radiación excesiva. El empresario le quita hierro a esta parte. Recalca, sin extenderse, que el riesgo para la salud será bajo.

Detalla, además, que el viaje será factible gracias a que esos cohetes reutilizables repostarán en órbita, y a que se usará un tipo de combustible apropiado para la distancia y que, además, será producido en Marte.

No tiene a ningún gobierno detrás. Lo va a financiar con dinero de su propio bolsillo y del crowdfunding. Espera que le entre un buen chorro de liquidez lanzando satélites y colaborando con la NASA, por ejemplo enviando cargamentos a la estación espacial.

Vendedor de sueños

En cualquier caso, hasta ahora la tasa de éxito de Musk ha importado poco.

Su especialidad es alimentar su propio mito, y lo consigue cada vez que habla. Llamativos titulares en todos los diarios del mundo, cientos de miles de menciones en redes sociales… Le han llamado gurú, “el Leonardo del siglo XXI”, ‘disrupter in chief’, el visionario de Sillicon Valley… “Es un genio poseído por la búsqueda más grandiosa que nadie haya emprendido jamás. Se parece menos a un CEO que busca la riqueza que a un general arengando a sus tropas para asegurar la victoria. Mark Zuckerberg [creador de Facebook] quiere ayudarte a compartir fotos de tu bebé, mientras Musk quiere… bueno… salvar a la raza humana de una aniquilación autoimpuesta o accidental”, escribe AshleeVance, uno de sus biógrafos entregados, en ‘Tesla, SpaceX, and the Quest for a Fantastic Future’.

Nacido en Pretoria (Sudáfrica), hijo de un ingeniero y una modelo nutricionista, tiene doble pasaporte de EEUU y Canadá. A sus 46 años ha cofundado Paypal, uno de los sistemas de pago más usados en todo el mundo; es el padre de la marca de coches eléctricos Tesla, además de Space X, Solarcity e Hyperloop, empresa esta última de construcción túneles de alta velocidad para trasladar pasajeros. Contrata a luchadores de sumo en sus fiestas, se ha casado tres veces (dos de ellas con la misma mujer) y sus cinco hijos no solo cuentan con varias niñeras, sino con una jefa que las coordina.

Al igual que el fundador de Apple, Steve Jobs, Elon Musk pasará a la historia como un alma inquieta, a caballo entre la tiranía y la genialidad. Un mago del marketing que sin embargo ha dilapidado millones: Tesla cerró el primer semestre del ejercicio con unas pérdidas netas atribuidas de 564 millones de euros, casi un 16% más que en el mismo período de 2016. La compañía vive de subsidios (cada comprador en EEUU recibe 7.500 dólares) y varios de sus modelos acumulan decenas de fallos técnicos. Pero parece que todo se le perdona: Musk consiguió que los inversores no le abandonasen cuando Tesla absorbió SolarCity, al borde de la quiebra, asumiendo 2.500 millones de dólares de deuda. Y las acciones han subido un 63% este año.

El emprendedor visionario se ha adueñado del relato haciendo soñar a muchos. “No sé si Musk es un tipo majo o no. No sé si es amable con los gatitos o si da dinero a las ONG en la caja del supermercado. Pero sí sé que nos está recordando una faceta clave de la identidad americana. Nos recuerda que podemos ser audaces”, señala Adam Frank, profesor de astrofísica de la Universidad de Rochester.

¿Es suficiente?

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