El verbo dimitir es duro de conjugar

El pasado 12 de junio celebramos la primera sesión del Seminario Permanente 2020 con el título “Europa, su futuro y prioridades” en la que participó como conversador Joaquín Almunia. El hasta el pasado mes de octubre vicepresidente y comisario europeo de Competencia nos concede ahora una entrevista en la que hace balance de sus 10 años en la Comisión Europea, además de tratar otros temas como son la corrupción política, la viabilidad económica de una Cataluña independiente y la labor imprescindible de los think tanks.

THINK TANKS

En la entrevista publicada recientemente en El País ha manifestado su idea de seguir reflexionando desde think tanks y otras plataformas. ¿Cuál es, a su juicio, el papel de estas organizaciones y su influencia real?

La conexión entre los actores políticos y los expertos en el análisis y elaboración de propuestas políticas me parece una tarea esencial. La actividad política consume tiempo y exige respuestas inmediatas, pero los problemas son complejos y su solución requiere estrategias sostenidas en el medio plazo y una perspectiva alejada del día a día. Ahí es dónde la labor de los think tanks me parece imprescindible.

En cuanto a su papel y su capacidad para influir en la toma de decisiones, no creo posible establecer una regla general. Me gustaría poder decir que su influencia es grande, quizás es más perceptible en el mundo anglosajón, y también en Alemania en lo que respecta a la economía.

 Como sabe, desde la Fundación Foro de Foros se fomenta la participación intergeneracional (se trabaja para implicar a las jóvenes en la búsqueda de soluciones a los problemas actuales a través de actividades como los debates, el seminario 2020, etc). ¿Las empresas e instituciones españolas necesitan un relevo generacional?

En lo que respecta al mundo empresarial, sí creo en ese relevo en la medida en que implique una mayor capacidad de innovación y un concepto de empresa basado en sus propios méritos en el mercado y en su compromiso con la sociedad. En las instituciones lo que se necesita con urgencia es un compromiso firme para el cumplimiento de sus funciones, con los adecuados controles en cuanto a transparencia, honestidad y evaluación de resultados. En la actividad pública hay que rendir cuentas y asumir responsabilidades ante los representantes de los ciudadanos. Y éstos deben tener capacidad y medios para exigirlas.

UNIÓN EUROPEA

¿Qué balance hace de sus 10 años en la Comisión Europea? ¿Qué se puede hacer para conseguir un mayor acercamiento de los ciudadanos a la UE?

Mi periodo en la Comisión Europea ha coincidido con grandes avances –la ampliación a 28 miembros, la respuesta coordinada ante la crisis, la Unión Bancaria, la definición de una estrategia de lucha contra el cambio climático, el refuerzo de la política exterior y de seguridad común, …- pero también con la crisis más profunda en décadas y el rebrote de los populismos. El aspecto más positivo es, a mi juicio, la fortaleza del proyecto común, que ha resistido tensiones muy fuertes, y la determinación de los gobiernos para evitar fracturas internas irreversibles. Lo negativo es que esa fortaleza y esa determinación no son suficientes hoy por hoy para alumbrar una estrategia de medio y largo plazo para superar de una vez por todas las consecuencias y los riesgos planteados por la crisis.

Bajo su mandato como Comisario de la Competencia aumentó la lucha contra los cárteles por medio del incremento de las multas dirigidas a éstos. En este sentido, ¿cuál ha sido el resultado de esta labor? ¿Cuáles son hasta ahora las causas que originan tal tipo de acuerdos ilegales entre empresas?

La existencia de cárteles y de acuerdos lesivos para la competencia en el mercado basada en los propios méritos son inherentes al capitalismo. Ya en sus orígenes lo describió Adam Smith a finales del siglo XIX se adoptó la primera legislación anti-monopolio en los Estados Unidos. Esas prácticas siguen existiendo hoy, en ocasiones mediante prácticas más sofisticadas, y tienen lugar tanto en sectores maduros como en las nuevas actividades ligadas al mundo digital. El buen funcionamiento del mercado necesita reglas, y la aplicación de las mismas debe penalizar a los infractores y disuadir a quienes puedan estar tentados de seguir su ejemplo. Ese es el papel de las multas que desde la Comisión Europea se imponen a cartelistas y a quienes abusan de su posición dominante en el mercado.

¿Cree que algunos estados miembro tienden a culpabilizar a la UE de sus problemas? ¿Comparte la idea de Barroso de que los estados miembros más antiguos son los que generan mayores conflictos?

Sin duda, y por desgracia, Barroso tiene razón en su crítica. Muchos líderes y gobiernos nacionales tienen por costumbre apropiarse de los éxitos de las políticas comunes, decididas a escala de la UE, y criticar a las instituciones europeas por la aplicación de decisiones adoptadas por los 28 Estados miembros. Y quienes más veces incurren en esa mala práctica, y a quienes más se escucha, es a los grandes países.

¿Cuáles son, en su opinión, los motivos del auge electoral de los populismos de toda clase en diversos países comunitarios?

No creo que haya una sola causa. El recurso al miedo a lo extranjero y a criticar a los dirigentes políticos –por más que éstos hayan sido elegido por la mayoría de los ciudadanos- no es algo que haya surgido en los últimos años. Hay que recordar, por ejemplo, que fueron ese tipo de argumentos demagógicos quienes produjeron el rechazo del Tratado para una Constitución Europea en los referendos del año 2005 en Francia y Holanda. Las actitudes contrarias a la globalización tampoco han nacido ahora, vienen de los años 90. Pero es verdad que la crisis ha exacerbado los problemas, ha aumentado las desigualdades lo que explica el malestar ciudadano y la impaciencia ante la ausencia de resultados tangibles de muchas de las políticas puestas en marcha para volver a crecer y generar empleo. Además, se echa en falta el liderazgo político capaz de explicar de modo convincente una estrategia de salida que sea al mismo tiempo viable y justa.

POLÍTICA NACIONAL

¿La actual fragmentación política en España supone un mayor riesgo de cara a la recuperación económica?

Todo lo que implique dificultades serias para la toma de decisiones genera incertidumbre y desconfianza, lo cual tiene repercusiones sin duda en las expectativas económicas. Aunque es obvio que la inestabilidad política provoca efectos negativos más allá de lo estrictamente económico.

¿Cree que sería viable una Cataluña independiente fuera de Europa?

Creo que la separación de Cataluña sería muy mala para todos. Si desgraciadamente se llegase a ese punto, el precio a pagar sería elevadísimo.

¿Cuál es la fórmula para compaginar la unidad política con la diversidad de la sociedad española?

La mejor vía a mi juicio es la profundización de lo que hemos logrado, en cuanto a descentralización política y autogobierno de las Comunidades Autónomas, desde una perspectiva orientada por las técnicas federales. Y ello exige recomponer el respeto y la capacidad de diálogo de la que todos hicieron gala al abordar la transición y el proceso constituyente.

 ¿Se ha planteado volver a la política nacional en algún momento?

No, decidí dejar la política nacional a partir de mi dimisión con secretario general del PSOE en el año 2000. Y ahora, al finalizar mi mandato como Comisario Europeo, he cerrado definitivamente ese capítulo de mi vida.
CORRUPCIÓN

¿Por qué algunos políticos aprovechan su cargo de influencia pública para lucrarse? ¿Cree que los políticos están mal remunerados?

Es cierto que las remuneraciones de los cargos públicos en España son inferiores a las que existen en países europeos similares al nuestro, aunque es obvio que este no es el momento para plantear una reforma de ese sistema. Lo que sí es urgente e inaplazable es hacer un análisis riguroso de los mecanismos de control que están fallando a la hora de detectar comportamientos corruptos. También hay que endurecer las sanciones, y aplicarlas con la máxima celeridad. Nadie puede quedar impune. Más allá del control y de las sanciones, algo está fallando de manera estrepitosa en cuanto a los principios éticos vigentes en nuestra sociedad. Son demasiados los cargos públicos incursos en casos de corrupción, pero la falta de honradez se extiende más allá de las fronteras de la política. También en la actividad privada y en los comportamientos personales de mucha gente que no se dedica a la política se observan prácticas inaceptables desde el punto de vista de la honradez y de la ética.

 ¿Cuál es la razón principal por la que a los políticos españoles implicados en casos de corrupción les cuesta tanto dimitir?

El verbo dimitir es duro de conjugar, pero la asunción de responsabilidades políticas –y en su caso, la dimisión- es un principio esencial de la democracia. Cada dimisión evitada es un incentivo a que se repitan los hechos que hubiesen debido producirla.

 ¿En su opinión, qué afecta más a España: la posible secesión catalana o los continuos casos de corrupción política que siguen saliendo a la luz.

Los dos problemas me parecen suficientemente graves como para requerir respuestas urgentes y en profundidad. Nuestro futuro colectivo, y el de nuestro sistema democrático, están en juego

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