El triunfo total del derecho

La importancia de la Corte Penal Internacional resplandece en los momentos m谩s oscuros, como es la guerra de Ucrania. Su valor no es solamente jur铆dico, sino en la defensa de la verdad para las generaciones futuras.

El avance de nuestra civilizaci贸n no s茅 mide solamente en elementos tangibles. A veces ni siquiera son logros que percibimos en nuestra vida, pero que cuando los necesitamos, elevan nuestra condici贸n humana. Uno de ellos es la justicia universal, vertebrada a trav茅s de distintas estructuras judiciales, una de las m谩s autorizadas, la Corte Penal Internacional (CPI) ubicada en La Haya (Pa铆ses Bajos). Su sola existencia es el triunfo total del derecho y el humanitarismo.

La importancia del tribunal criminal de La Haya resplandece en los momentos m谩s oscuros, como es el transcurso de un conflicto armado en el que un bando extermina con la mayor inhumanidad posible a su enemigo, principalmente a poblaci贸n civil. Es el encargado de perseguir los delitos m谩s abominables: genocidio, guerra, agresi贸n y lesa humanidad. La complejidad de levantar un tribunal de este tipo y el valor de su existencia se traduce en los 52 a帽os que se necesitaron para su aprobaci贸n, desde la conclusi贸n de los llamados juicios de Nuremberg contra la c煤pula del Tercer Reich en 1946 hasta la oficializaci贸n de la Corte Penal Internacional en 2002. Un logro de la civilizaci贸n que permanece incompleto, pues si bien 124 pa铆ses ratificaron el Estatuto de Roma en el a帽o 1998 que establece la creaci贸n de la corte, quedan m谩s de 60 que no lo han hecho, entre ellos Estados Unidos, Rusia, China, India e Israel.

鈥淓l mundo cambi贸 en 1945. Antes de eso, los Estados, los reyes y los presidentes hac铆an lo que quer铆an con su poblaci贸n, y fue en un d铆a de 1945 cuando todo cambi贸. Ya no pod铆as hacer lo que quisieras con tus ciudadanos y sus derechos鈥, afirma Pillipppe Sands, abogado protagonista de numerosos procedimientos en la CPI y catedr谩tico de Derecho en el University College de Londres. Sands, sin embargo, advierte de que 鈥渓a justicia, en su dominio internacional, es un juego a largo plazo, y hoy estamos en los primeros d铆as, en una 茅poca casi medieval鈥.

La historia suele avanzar a trompicones y en 1998 dio un aceler贸n. Un tribunal todav铆a no vertebrado en lo que ser铆a la futura CPI imput贸 formalmente al expresidente serbio Slobodan Milo拧evi膰 por cr铆menes de guerra. El juicio contra Milosevic arranc贸 en 2002 (falleci贸 durante el procedimiento) y se convirti贸 en el primer jefe de Estado en ser acusado por cr铆menes de lesa humanidad. Tambi茅n en 1998 se desarroll贸 el caso contra el exdictador chileno Augusto Pinochet. 鈥淭odo en un plazo de tres meses, y por coincidencia estuve involucrado en esas tres historias. Tengo la sensaci贸n de que fue un punto de inflexi贸n. A煤n estamos digiriendo las consecuencias de aquello鈥, considera Sands. Tambi茅n el entonces reciente genocidio en Ruanda (1994) apremi贸 la necesidad de crear un tribunal espec铆fico y universal medio siglo despu茅s de Nuremberg.

Hoy vivimos un nuevo tiempo oscuro que requiere la puesta en valor de la Corte Penal Internacional. Hay indicios consistentes de que Rusia podr铆a haber incurrido en cr铆menes de guerra en Ucrania. D铆as atr谩s, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, pa铆s que sigue sin ratificar el Estatuto de Roma, calific贸 al presidente de Rusia, Vladimir Putin, de 鈥渃riminal de guerra鈥 por su responsabilidad en la matanza indiscriminada de poblaci贸n civil, entre ellos el ominoso bombardeo a un teatro en Mariupol en cuyo s贸tano se hab铆an refugiado cientos de personas, y las masacres indiscriminadas en distintas ciudades ucranianas.

La CPI ya ha iniciado una investigaci贸n a petici贸n de 39 pa铆ses miembros del organismo, un hecho sin precedentes. Karim Khan, fiscal jefe, ha adelantado que abrir谩 el expediente 鈥渓o antes posible鈥 para determinar si existen delitos punibles. Sin embargo, recabar pruebas de casos individuales y probar esos delitos es una tarea muy complicada. 鈥淟os delitos en el campo de batalla son muy dif铆ciles de probar. Ha habido muy pocas imputaciones exitosas en este tipo de causas鈥, afirma James Glow, profesor de paz y seguridad internacional en el King鈥檚 College de Londres, al peri贸dico The Guardian. La improbable colaboraci贸n del gobierno ruso dificulta enormemente la investigaci贸n del tribunal.

Pero aunque se trate de una labor frustrante y est茅ril en muchas ocasiones, como ha ocurrido en la reciente guerra de Siria, la corte penal genera un invisible esp铆ritu de justicia y reparaci贸n, que acarrea consecuencias sobre los acusados. La primera es puramente material. Tomemos el ejemplo actual de la invasi贸n de Ucrania: en el supuesto de que un dirigente ruso sea imputado formalmente, no podr谩 pisar ninguno de los estados miembros de la corte sin ser puesto a disposici贸n judicial de forma inmediata. La segunda consecuencia es de 铆ndole moral. Como explica Glow, 鈥渁 nadie le gusta ser etiquetado como criminal de guerra, por lo que hay un potencial efecto psicol贸gico y pol铆tico muy importante en estas investigaciones鈥.

Incluso si dicho dirigente o alto mando militar jam谩s es castigado por sus cr铆menes, ese trabajo de recopilaci贸n de pruebas puede ser crucial para combatir falsas narrativas. En este sentido, el tribunal que juzg贸 a Milosevic concluy贸 que 鈥渆l mayor logro鈥 del procedimiento fue poner a disposici贸n de la opini贸n p煤blica internacional un cat谩logo de pruebas que sirven como 鈥渄ique contra intentos maliciosos de revisionismo hist贸rico鈥. Es ah铆, en la defensa de la verdad para las generaciones futuras y nuestro avance como humanidad, donde el Tribunal Criminal Internacional ejerce una labor insustituible, si bien todav铆a embrionaria e incompleta.

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