El muro por Ramón Jáuregui

“Haré un muro en la frontera con México y lo pagarán los mexicanos”, Dijo Trump en 2016. En los fatídicos días finales de su tenebroso mandato, Trump voló al sur de Texas para enseñar un trozo del muro que han hecho y han pagado los norteamericanos. No sé exactamente cuántos, pero son solo unas decenas de kilómetros en una frontera de 3100 kilómetros aproximadamente. Por cierto, en el lado estadounidense de esa frontera se radican 9000 armerías, es decir, tres por cada kilómetro. Ya sabemos que su principal clientela es el narco mexicano. Uno de los que se dedican al cruce de la frontera con migrantes latinos respondía así al muro: “Tú haz muro y yo haré túneles”. Es una bravuconada porque, objetivamente, el muro hace más difícil el paso, pero no lo hace imposible.

La aspiración a sobrevivir seguirá siendo un impulso humano irrefrenable cuando se huye del hambre, de la represión, de la inseguridad y cuando se ve todos los días en la televisión y en el móvil, cómo viven los del país vecino. En tiempos de la comunicación instantánea de todos con todo, es imposible evitar los movimientos migratorios. Lo más probable es que crezcan.

La Comunidad Internacional se enfrenta a un fenómeno que requiere nuevas soluciones. Nuevos acuerdos. Nuevas regulaciones.

Nuevas Regulaciones: El Derecho de Asilo y Refugio, regulado a la salida de la Segunda Guerra Mundial, ha quedado obsoleto. En el seno de Naciones Unidas debería buscarse una nueva regulación de estos derechos a incluir en un Tratado Internacional o en la Carta Universal de los Derechos Humanos.

Nuevos Acuerdos: Las grandes regiones que viven este fenómeno necesitan Acuerdos entre los países de origen y los países que acogen emigrantes. No es posible seguir contemplando estos fenómenos en clave de contenciosos y enfrentamientos fronterizos. La frontera sur de México con Centroamérica o la frontera mediterránea de Europa son dos buenos ejemplos de una situación condenada a repetirse sin solución de continuidad.

Nuevas Soluciones: El mundo, las regiones tienen que afrontar los fenómenos migratorios ofreciendo otra vía a las migraciones irregulares. Abrir Consulados en los países de origen establecer cupos migratorios, traslados seguros, reparto de cuotas por países, formación profesional e integración sociolaboral. Esta es la ruta lógica y humana ante la presión migratoria.

Soy consciente de las dificultades de las propuestas, pero no tengo otras ideas ante este drama de nuestro siglo. El Mediterráneo como cementerio, los campos de refugiados sirios en Turquía, Lesbos, los rohinyá, expulsados de Birmania, la columna humana de desesperados hondureños avanzando contra la policía de su propio país o del vecino, el Muro de Trump… golpean nuestras conciencias. El mundo necesita otras soluciones. La política debe ofrecerlas. Esa es nuestra responsabilidad


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