El iceberg de la guerra comercial

Lo que está llevando al límite la tensión entre China y Estados Unidos tiene más que ver con la carrera tecnológica y el espionaje industrial que con una guerra de aranceles.

 Ha sido una de las preguntas más escuchadas en Davos: ¿hasta dónde llegará el pulso entre Estados Unidos y China? A pesar de la escalada de aranceles cruzados, las dos mayores potencias del mundo han evitado una guerra comercial abierta. Lo que está llevando la relación al límite es la carrera tecnológica entre ambas y las acusaciones de EEUU a China de espionaje industrial.

La mecha prendió en diciembre. Meng Wangzhou, la directora financiera de Huawei e hija de su fundador, fue detenida en Canadá a instancias de Estados Unidos. No se trató de un arresto cualquiera: oficialmente Estados Unidos alegó que el gigante chino se había servido de su filial Skycom para evitar las sanciones a Irán. Lo cierto es que Washington lleva años considerando a Huawei, una amenaza para su seguridad nacional. Le acusa de seguir las directrices del Partido Comunista (su fundador es miembro del Ejército de Liberación Popular chino) y servir de brazo ejecutor para recopilar información y hacerse con secretos empresariales.

Según leyes de 2017, las organizaciones chinas deben colaborar en los esfuerzos de inteligencia nacional. Esto, unido a los antecedentes de Huawei (en 2012 un informe del Congreso subrayó los riesgos de seguridad que suponía usar los equipos de la compañía china), han alimentado la desconfianza de los gobiernos y empresas occidentales.

Hace unas semanas, parlamentarios estadounidenses del partido Republicano y Demócrata presentaron proyectos de ley para prohibir la venta de chips estadounidenses u otros componentes a Huawei Technologies Co, ZTE o cualquier teleco china que viole leyes de exportación o sanciones de Estados Unidos.

Poco antes, el diario Wall Street Journal había publicado que los fiscales federales estaban investigando a Huawei por un posible robo de secretos comerciales de T-Mobile US Inc y otras compañías estadounidenses.

Los grandes operadores americanos como Verizon y AT&T ya no utilizan equipamiento de Huawei en sus redes. Desde el año pasado EEUU ha impuesto restricciones a que Huawei y ZTE pujen por contratos en su territorio. También prohíbe a funcionarios del gobierno y militares usar teléfonos de estas empresas. Australia y Nueva Zelanda también han prohibido equipos de Huawei en sus redes 5G y Alemania se lo plantea, ante una creciente presión diplomática por parte de Washington.

Huawei es desde el año pasado el segundo fabricante de móviles del mundo y asegura que desbancará a Samsung en 2020. Insiste en que son una empresa privada y que periódicamente informa al mercado de sus estados financieros. Al no ser una empresa cotizada, no está sometida al escrutinio del supervisor del mercado en EEUU, la Securities Exchange Commission (SEC).

La lectura tanto desde el ministerio de Exteriores en Pekín es que esta narrativa solo pretende ensuciar la imagen internacional de China y sus empresas en un momento en que disputan el liderazgo mundial a los gigantes americanos. Insisten en que EEUU trata de boicotear el ascenso de Huawei, presente en 170 países, en el mercado de redes 5G, la nueva tecnología de comunicaciones inalámbricas. El 5G es una apuesta tecnológica por cuyo liderazgo los países compiten, conscientes de que determinará el crecimiento en unos años.

Así pues, lo comercial no es más que la punta del iceberg. Esta es una batalla más profunda, que remite a la posición de cada potencia en el mundo. Y nadie tiene claro cómo se resolverá. Para Lindsey Ford, directora de seguridad política para el Asia Society Policy Institute y antigua empleada del Pentágono, si bien es legítimo que EEUU mantenga recelos acerca del acceso chino a determinadas tecnologías estratégicas, simplemente no es factible desligar ambas economías.

“Para evitar el riesgo de una competencia ilimitada que obligue a Estados Unidos a perseguir cada movimiento chino, los políticos estadounidenses necesitarán una visión más clara del final del juego. ¿Cómo ve Estados Unidos su papel e intereses en el Indo-Pacífico en el siglo XXI? ¿Y dónde debe competir para lograr esos fines?”, comenta Ford en The China File.

Nota: Días después de que editásemos este artículo, el 29 de enero, la Justicia estadounidense hizo pública la inculpación a dos filiales de Huawei y a su directora financiera por robo de tecnología y violación de las sanciones. Apenas unas horas antes, la Casa Blanca había anunciado una reunión de Donald Trump con el viceprimer ministro chino, Liu He, para intentar avanzar en las negociaciones comerciales entre los dos países.

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