Ciberseguridad, el desafío para todos

Entre marzo de 2017 y marzo de 2018 se produjeron 2.216 robos de datos y más de 53.000 incidentes relacionados con la ciberseguridad en 65 países. Este año se prevé un aumento de los ataques masivos.

Cuando Alemania inauguró el año con uno de los mayores hackeos informáticos de su historia -casi 1.000 políticos, famosos y periodistas vieron sus datos personales, bancarios, incluso fotos, aireadas en la Red- muchos analistas pensaron en el Kremlin. Y sin embargo detrás de este escándalo no estaba la mano rusa, sino la de un joven alemán en la soledad de su habitación. Un script kiddie, o hacker amateur que no escribe código, sino que usa el ya creado por otros, residente en el centro del país, que se declaró “enfadado” con los políticos (excepto con la ultraderecha, a la que no atacó).

El asunto podría ser anecdótico si no fuera por un temor creciente a la vulnerabilidad informática de gobiernos, empresas y particulares. Entre marzo de 2017 y marzo de 2018 se produjeron 2.216 robos de datos y más de 53.000 incidentes relacionados con la ciberseguridad en 65 países, según el informe Data Breach Investigation Report, de la empresa Verizon. En algunos casos se trató de ciberataques por razones geopolíticas, en otros de delitos como el robo de contraseñas. Otros tenían como única función desestabilizar.

En Berlín ya han puesto en marcha la revisión de la estrategia nacional de ciberseguridad y anunciarán un plan en los próximos meses. A nivel europeo, la Unión está haciendo lo propio: revisó en 2017 el Plan Estratégico de Ciberseguridad de 2013, y el pasado septiembre la Comisión anunció una lista de recomendaciones a los estados miembro, así como la creación de un centro europeo de investigación y competencias, más poder para la agencia europea de ciberseguridad ENISA y un fondo para responder a emergencias de ciberseguridad. Fuentes comunitarias reconocen no obstante que la tecnología avanza infinitamente más rápido que la legislación. Quedan menos de cinco meses para las elecciones europeas, y se temen, como mínimo, campañas de desinformación, cuando no ataques directos.

Desafíos para todos

Los gobiernos y la UE se enfrentan a varios retos: por un lado, paliar esos ataques; por otro, dotar a las instituciones de presupuesto y planes específicos para que no vayan a remolque de los acontecimientos. Y mejorar la comunicación para que la desinformación no se imponga como relato.

El instituto de investigaciones sociológicas Pew de Washington publicaba la semana pasada una encuesta a ciudadanos de 26 países sobre cómo de preparados ven a sus gobiernos frente a los ataques informáticos. Mientras la mayoría de israelíes (73%) y rusos (67%) creen que sus países están preparados para afrontarlos, en el caso de los españoles y estadounidenses encuestados solo la mitad (53%) confía en que su gobierno pueda lidiar con este tipo de amenazas en 2019.

En cuanto a las empresas, saben que ya no se trata solo de impedir el acceso a sus servidores o el robo de contraseñas de sus clientes. En tiempos del big data y la inteligencia artificial, las compañías necesitan hacer uso de los datos y monetizarlos dentro de la ley sin estar expuestas a ataques ni renunciar a la propiedad intelectual. La consultora Gartner prevé que este año las compañías en todo el mundo aumenten un 9% el gasto en ciberseguridad hasta los 124.000 millones de dólares.

Respecto a los usuarios, habrá que estar atentos a la proliferación de chatbots (programas que simula mantener una conversación con el usuario dando respuestas automáticas) que intentarán conseguir contraseñas de los internautas, haciendo que pinchen en determinados enlaces o que se descarguen archivos. Y en cuanto al internet de las cosas, los expertos recuerdan que a mayor conectividad, mayor vulnerabilidad.

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