China en África: seducir en kiswahili

Cuando de niña pensaba en ser actriz, Hilder Edmund Malecela se veía protagonizando películas en su Tanzania natal. Nunca pensó que su mayor reconocimiento le llegaría desde Pekín. El año pasado recogió el primer premio del concurso de doblaje del mandarín al kiswhahili organizado por el gigante de la televisión por cable Star Times.

Malecela ha doblado a su lengua materna más de 20 series que han arrasado en China: telenovelas urbanas, dramas rurales, intrigas de la época imperial y, las favoritas, varias sagas de kung fu. La actriz sigue viviendo en Dar Es Salaam, a casi 10.000 kilómetros de donde se ruedan esos contenidos, pero se ha convertido en un activo clave para la factoría de ficción china.

Frente a otros mercados maduros, África es la gran esperanza de las cadenas de cable, ya que menos del 10% de los hogares del continente tienen televisión de pago. El potencial es enorme, aunque el ritmo de crecimiento aún es lento por el coste del servicio, los descodificadores y los problemas de señal. Aun así, la expansión de Star Times en África ha sido meteórica: en 15 años se ha implantado en 30 países y hoy cuenta con 10 millones de abonados. Como en tantos otros ámbitos, los chinos compiten por precio: unos cuatro dólares al mes por paquete básico frente a los 10 que cuestan otros operadores internacionales.

De la mano de Pekín

Aunque técnicamente Star Times es una compañía privada, recibe un respaldo clave del gobierno de Pekín. Y comparte agenda con él, aseguran varios expertos sobre las relaciones China-África. La carga ideológica de la parrilla es notable: los contenidos se seleccionan cuidadosamente para mostrarle a los africanos una visión no controvertida de China, de un país urbano, vibrante, que crece. De los 480 canales de la plataforma la mayoría son africanos, muchos de fútbol. Los operadores internacionales censurados en China como BBC, Al Jazeera o CNN no están incluidos en ningún paquete. Pan Xinxing, el CEO de Star Times, declaró en una ocasión a los medios oficiales chinos que se expandió por África para contrarrestar los “reportajes exagerados y parciales” que los medios occidentales emitían allí sobre su país.

Lo hemos visto tras la reunión del Partido Comunista: China tiene muy claro su papel global. Tiene músculo financiero, mano de obra barata, sacrificada y dócil, y maestría para llegar a acuerdos con todo tipo de gobiernos gracias a su política de no injerencia en asuntos internos de su interlocutor. Su líder, Xi Jinping, más firme y reforzado que nunca. Y las empresas, estatales y privadas-afines, ejecutan el plan diseñado desde el Politburo.

El ruan ruo, como le llaman los chinos al poder blando, es la siguiente conquista. Pero la seducción y la credibilidad son complicadas de imponer. A pesar de los millones que invirtió la agencia oficial Xinhua en Estados Unidos, consiguió poco más que que allí se hablase de su neón gigante en Times Square. Linus Kaikai, presidente de la Asociación de Editores de Kenia, dice que sus compatriotas han levantado, si puede decirse así, una muralla china entre la infraestructura y la cultura. “No ven a China como un modelo de democracia o de dinámicas políticas, pero sí como un ejemplo bueno, muy bueno, de crecimiento económico”. Está por ver cuántos africanos se han abonado a Star Times por su precio y para aprovechar la señal pero jamás verán una serie china.

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