Sin respuesta conjunta a la pandemia

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foro Unión Europea Sin respuesta conjunta a la pandemia

Hace cinco años, cuando el ébola acababa de segar más de 10.000 vidas, Bill Gates dio por hecho que la mayor catástrofe que nos depararía el futuro sería otro virus letal. En aquella charla TED, el fundador de Microsoft insistió en que no estábamos preparados a pesar de contar con abundante investigación científica y herramientas tecnológicas. Los infectados no serían conscientes de que portaban el virus y cogerían aviones, acudirían a sus puestos de trabajo, se relacionarían normalmente con el resto de sus compatriotas. Y eso haría crecer el problema de manera exponencial. Las similitudes con la crisis del coronavirus son inquietantes, ya que Gates, visionario, apuntó a ciertos flancos débiles y que hoy lamentamos no haber reforzado. La clave, según él, era contar con un equipo global de intervención: “Lo mismo que hacemos para una guerra”.

Hoy por hoy sigue sin existir ese escuadrón de expertos. La OTAN, a petición de España, envió hace unos días 10.000 equipos de protección individual a través de la República Checa. A Italia han llegado también envíos desde China, Rusia y Cuba, avivando el debate sobre el hueco que ha dejado la Unión Europea. Nunca habían aterrizado tantos militares rusos en un país de la Alianza Atlántica. En vez de una acción conjunta europea, vemos la llamada diplomacia de las mascarillas. “¿Acaso hemos dejado demasiado espacio a Putin para remarcar la ausencia de ayudas americanas al Viejo Continente?», se preguntaba el diario italiano Il Corriere della Sera.

¿Dónde está la UE?

Los ciudadanos miran consternados a la Unión Europea. Si había un

foro Unión Europea
¿Ha actuado correctamente la foro Unión Europea en esta pandemia?

momento de ayudar era este, la mayor crisis sanitaria en 100 años. A los ciudadanos les desconcierta ver que sus gobiernos se equivocan en cadena, sin aprender unos de otros, cuando no establecen estrategias opuestas. ¿Por qué en España los niños están en casa y en Suecia siguen yendo a la escuela? Sencillamente porque Bruselas no tiene competencia para cerrar colegios ni decretar el confinamiento de la población. Ni siquiera puede cerrar fronteras para evitar la expansión del Covid-19: esa es tarea de los estados miembros, y de hecho algunos lo hicieron poniendo en pausa el acuerdo Schengen.

La UE ha ofrecido apoyo económico a través del Banco Central Europeo y suspendiendo los límites al déficit público del Pacto de Estabilidad. Apoya una investigación en vacunas que por sí solo ningún estado miembro podría financiar. Ha organizado una licitación conjunta para comprar material, aunque este no llegará antes de la segunda semana de abril. De momento, los estados miembro están compitiendo en el mercado chino, lidiando con intermediarios, sobrecostes y opacidad. En países donde existe descentralización, como España, la situación es aún más compleja: las comunidades autónomas que tenían contactos, como la valenciana, se hicieron antes con mascarillas y respiradores.

Pero la falla mayor es la reticencia de algunos socios europeos a compartir recursos, fruto de sus visiones opuestas de solidaridad (con y sin condiciones). En el rechazo alemán y holandés a mutualizar la deuda europea subyace “un supremacismo cultural que representa sus ventajas económicas como fruto de su propia virtud, y nuestras desventajas como consecuencia de nuestros defectos”, escribe la economista Lídia Brun. En este sentido, los países de la Liga Hanseática están estableciendo un juego de suma cero, un análisis erróneo que los analistas suelen atribuir a líderes populistas como Donald Trump. Esta pandemia es simétrica, externa y solo la respuesta unificada permitirá protegerse de ella.

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Mantener la moral en tiempos de coronavirus: el espíritu del Blitz

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En 1940, Londres fue bombardeado sin piedad durante casi dos meses consecutivos. Alrededor de un millón de casas de la ciudad quedaron convertidas en escombros, y decenas de miles de londinenses murieron. El Blitz, la campaña aérea de la Luftwaffe alemana durante la II Guerra Mundial contra la capital británica, tenía como objetivo destruir tanto la capacidad industrial británica como la moral de sus ciudadanos, y forzar así la rendición. Dio lugar a uno de los grandes mitos de la contienda: el espíritu del Blitz, un término que hace referencia a la resiliencia de la población y la ausencia de pánico o grandes traumas sociales; al orden que se mantenía en medio del caos; a la paciencia con la que se esperaba el cese del ataque, de pie, en los túneles del metro. Se plasma en eslóganes históricos (Keep calm and carry on, un póster de propaganda que, en realidad, nunca llegó a publicarse) o en una famosa foto de un repartidor de leche, con el rostro flemático, saltando los escombros de un barrio de la capital británica para entregar su mercancía.

Las referencias al espíritu del Blitz se han generalizado desde entonces. Siempre que Reino Unido era sometido a una prueba de resistencia, ya fuera por ataques terroristas o crisis económicas, los políticos lo sacaban de la guantera. Hay quien dice que es un mito falaz, que la población no se mantenía firme sino por falta de alternativas, que la cohesión social era más impuesta por las circunstancias que innata, y que la presunta falta de traumas sociales y psicológicos está desacreditada por los pocos informes serios de la época.

“Si hubo algo de solidaridad durante el Blitz, fue en los barrios de gente trabajadora más afectados”, escribe Steven Fielding en el artículo del Financial Times “El espíritu del Blitz no ha vuelto, es una patraña”. “Se ayudaron de la misma forma que lo hicieron durante las carestías de la depresión de entreguerras. Muchos se sintieron abandonados por las autoridades, hasta el punto de que cuando el Rey y la Reina visitaron East End para elevar la moral, recibieron abucheos”.

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moral coronavirus Londinenses celebran el día de Navidad dentro del Metro de Londres, 1940. // Imgur.com

Ahora, en medio del shock por la pandemia del coronavirus, el “espíritu del Blitz” reaparece, anejo a la retórica de guerra. Los líderes mundiales, desde Pedro Sánchez a Emmanuel Macron pasando por Angela Merkel o Boris Johnson, llaman a la unidad y a la fortaleza social para resistir el embate del Covid-19. Europa, la sociedad más rica del planeta, está siendo puesta a prueba por un virus muy contagioso y relativamente mortal que ha obligado a clausurar parte de la economía y a esconder a centenares de millones de personas en sus hogares. Aún en una fase inicial, el impacto psicológico y moral en la población es difícil de cuantificar. Hay algo de espíritu del Blitz en los aplausos diarios en los balcones de media España, en la unidad expresada por los líderes de los partidos políticos detrás de la acción del Gobierno y, desde luego, en los trabajadores que se sitúan al frente de la batalla contra la enfermedad en hospitales y residencias de ancianos, exponiéndose a un contagio más que probable.

“La reacción principal (de los ciudadanos de las ciudades bombardeadas) era tener miedo”, escribe Richard Overy en The Guardian “Por qué el cruel mito del Blitz no es un modelo sobre cómo luchar contra el coronavirus”. “La resistencia era inevitable, y sobrevivir su prioridad dominante. Exhibir el espíritu del Blitz no lo era… Lo que querían era información veraz, la promesa de prestaciones sociales y bienestar y de recuperación, además de un lugar donde dormir. La visión de los edificios destrozados y los cuerpos sin vida alienaba la vida diaria. El trauma que produjo quedó sin registrar y, desde luego, sin tratar”.

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Unida, pero no tanto: Europa celebra 30 años de la caída del muro de Berlín

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Crédito de la foto: Foters.com

 

La Europa de hoy es objetivamente un lugar mejor en cualquier sentido que en 1989. Hace ahora 30 años, el 9 de noviembre, terminó de caer el muro de Berlín y, con él, el Telón de Acero que separaba al mundo capitalista del comunista y a una parte de Europa de la otra.

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