3,2,1… ¡Empezamos!

Comienza un curso que, para los más optimistas, será el de la postpandemia. En realidad, ni siquiera los científicos saben si llegará un día en que celebremos que la población mundial está inmunizada. Llevamos tantos meses esperando la erradicación de la covid-19 que hemos estirado el concepto de final, quizá por hartazgo o por mera supervivencia.

En todo caso, hay elementos positivos en el horizonte: entramos -el mundo rico- en septiembre con una media de 105 dosis administradas por 100 ciudadanos. Los antivacunas siguen haciendo ruido pero no han logrado imponer su agenda. En países como Francia, los detractores del pass sanitaire pretenden contraponer el pasaporte covid a la libertad e incluso a los derechos fundamentales, pero no han conseguido convencer más que a una minoría. España no vive ese falso debate; la población ha demostrado un civismo ejemplar a la hora de recibir la vacuna. Pero, en términos económicos, nuestro país se enfrenta al mismo reto que el resto: ¿Cómo impulsar la recuperación económica y social en un escenario incierto y cambiante? ¿Acaso no nos hicimos esa misma pregunta hace un año?

Muchos sectores están al límite, pero esta vez los datos acompañan: desde La Moncloa se ha decidido mantener en el 6,5% el crecimiento del PIB para este año. El desempleo bajó en julio más que en toda la serie histórica. Veremos qué ocurre finalmente con el salario mínimo, un debate que acaba de empezar, y con la gestión de los fondos europeos, de los que ha llegado la primera partida de 9.000 millones de euros. Mercados y agentes económicos son prudentes, pero han descontado que la situación va a mejorar.

¿Nos estamos pasando de convencidos? ¿Aguantaríamos una nueva variante del virus u otro confinamiento? Los números macro dan esperanza, aunque la cuerda del día a día está tensa: el precio de la luz hace que cada vez a más familias les cueste cuadrar las cuentas. Los problemas estructurales siguen encima de la mesa, y ningún partido les ha puesto aún solución: sostenibilidad de las pensiones, vivienda, y falta de perspectivas de los jóvenes -han pasado 10 años del 15M y están mucho peor en términos de pobreza y oportunidades-. Tampoco se han resuelto el caos jurídico de la pandemia ni los desacuerdos entre el gobierno central y las comunidades autónomas. Los políticos están más de acuerdo de lo que quieren aparentar, y lo vemos en temas como Afganistán, pese a que fuerzan el antagonismo para conseguir protagonismo.

 

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